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Fecha: 2000729

Título:

Original en audio: 24 min. 9 seg.


La liturgia de este 29 de julio nos ofrece dos posibilides para el Evangelio: uno, que fue el que leímos y que está de primero ahora, es del capítulo once de San Juan; el otro, es del capítulo décimo de San Lucas.

En ambos pasajes se habla de esta santa mujer que hoy recordamos: Marta, la de Betania. En el capítulo décimo de Lucas, es decir, en el pasaje que no leímos, está esa famosa escena en la que Cristo corrige a Marta: "Andas inquieta y nerviosa con tantas cosas" San Lucas 10,41.

Esa corrección de Nuestro Señor Jesucristo sin embargo no anula el acto de amor, de hospitalidad, como dice la oracón Colecta de la Misa de hoy. Y esa es la razón por la que está la primera lectura que habla sobre el amor: "Dios es amor, Dios nos ama, el amor de Dios hace que nos amemos".

Con esto quiero decir que la primera lectura va más de acuerdo, indudablemente, con la lectura del evangelio que no hicimos. La primera lectura de San Juan, de la Primera Carta de Juan, va más relacionada con el capítulo décimo de Lucas, en donde Marta aparece como una mujer muy inquieta, pero bueno, en medio de su inquietud, caritativa, hospitalaria, capaz de amor.

Debemos, yo creo, que sobre todo a San Agustín, esta manerade mirar a Marta, porque San Agustín, entiendo yo, que fue el autor de esa famosa metáfora entre la vida activa y la vida contempaltiva; la vida contemplativa representada por esta María de Betania, y la vida activa representada por Marta.

Entonces Marta es como la patrona o la madrina de la vida activa en la Iglesia, y la vida activa está marcada por la caridad; entonces Marta sería como la patrona, como el ejemplo del amor eficaz por el prójimo, en razón de las obras de amor que quiso hacer por Cristo.

Toda esta manera de mirar a Marta proviene de San Agustín, es muy respetable y es provechosa, sin embargo, el hecho de que se haya incluido esta lectura, el hecho de que en este leccionario nuevo se incluya esta lectura del capítulo once de San Juan en el evangelio, la lectura que hicimos, nos abre una perspectiva nueva sobre Marta.

Porque al fin y al cabo Jesucristo en cierto sentido no le aprobó la hospitalidad a Marta porque le pareció que faltaba la cumbre de la hospitalidad, que es la hospitalidad del contemplativo, el contemplativo es hospitalario, hospeda ni más ni menos que a la Palabra, hospeda al amor, hospeda a Dios.

Ustedes se darán cuenta, por el tono de esta reflexión, que yo no estoy muy feliz con la idea de que sigamos mirando a Marta desde la perspectiva de la caridad y la hospitalidad. Me parece que si nos apoyamos en los textos bíblicos, la figura de Marta no va por ahí; en cambio me fascina, me encanta, esa perspectiva que nos abre el evangelio.

No una perspectiva dirigida por el amor, por el amor de caridad, por la vida activa, por la vida apostólica, no una mirada así, sino una mirada a Marta desde la fe, la fe. Lo que yo veo brillar en Marta es la fe.

A ver, si un santo tuvo ciertas cualidades, diríamos, medianas, y tuvo otras en las que descolló soberanamente, me parece que lo que la Iglesia con más provecho puede celebrar en ese santo es aquello en lo que descolló, porque fue allímás abundante la obra de Dios.

Y aquello en lo que descuella, en lo que sobresale esta Marta de Betania no es en la hospitalidad, porque en eso tuvo que corregirla Dios, no es en la hospitalidad, no es en las obras de caridad activa, por más tradición que eso tenga en la Iglesia, no es eso en lo que verdaderamente sobresale.

En lo que ella sobresale, y por lo que realmente consideramos que es santa, es por la fe, por esa fe que ha demostrado con una triple profesión en elevangelio que hemos oído hoy.

Así que con todo respeto por las tradiciones venerables, yo prefiero que intentemos mirar a Marta desde la fe, porque la fe de Marta es desbordante, maravillosa, como aparece aquí en este pasaje.

En el pasaje nos encontramos tres profesiones de fe que hace Marta de Betania. Primera: "Sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá" San Juan 11,22. Ponga esa frase junto a un Crucifijo, por ejemplo; tome esa frase cuando adora la Hostia consagrada, es una profesión de fe bellísima.

¿Por qué tenemos que seguirle recalcando por los siglos a esta mujer, que un día, o una tarde, o una mañana se excedió en la hospitalidad hasta que se puso brava con la hermana, y esa es toda la razón para llamarla santa? ¡Es insuficiente! ¡Esto es muy grande! Primera profesión de fe: "Sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá" San Juan 11,22.

Esta es una fe maravillosa, ese todo, ese todo, que es un arrojarse en el Corazón de Jesucristo, un confiarse a la palabra de Cristo, un descansar en el amor de Cristo: "Sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá" San Juan 11,22.

Segunda profesión de fe: "Sé que mi hermano resucitará" San Juan 11,24. Una fe que se abre a la esperanza también: "Sé que resucitará" San Juan 11,24. No es cualquier acto de fe que está en esas palabras. "Sé que resucitará" San Juan 11,24.

Tercero: "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo" San Juan 11,27.

Para celebrar la santidad de Marta yo prefiero estas tres frases, ¿que tál que en la fiesta del Apóstol San Pedro tomáramos aquel pasaje en el que Pedro, delante de una cocinera, dijo: "Yo no sé quién es ese señor"? Habría como una contradicción ahí.

Eso pasó en la vida de Pedro, pero no festejamos la santidad de Pedro por esa frase ni por esa escena, lo recordamos, más bien, por aquello otro que Dios le concedió como profesión de fe en Cristo.

Así pues, yo propongo para este día, con toda sencillez y con todo amor a nuestra Iglesia, propongo una mirada renovada a la grandeza de Marta de Betania en etas tres frases: "De que todo lo que tú pidas, Dios te lo concederá" San Juan 11,22, eso va a suceder, ese es el género de confianza, ese es el género de fe que hace que nosotros seamos completamente discípulos de Él.

Segundo: "Sé que mi hermano resucitará" San Juan 11,24, "sé que hay voctoria sobre la muerte".

Tercero: "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios" San Juan 11,27. Bueno, el Mesías, el Hijo de Dios es muy grande. Pero todavía destaco yo la última parte de esa tercera frase: "Tú eres el que tenía que venir al mundo" San Juan 11,27.

¡Qué frase tan hermosa! ¡Qué elogio, qué piropo, qué cumplido tan bello para decirle a Cristo!: "Tú eres el que tenía que venir" San Juan 11,27.

"Señor, tú eres al que estábamos esperando; a ti te esperaba el universo entero; a ti te aguardaba con ansias mi alma; a ti te esperaba mi cuerpo, te necesitaba para sanación; a ti te esperaba mi corazón; mi inteligencia, sin ti, no encontraba ni unión, ni ramonía, ni belleza; te estábamos esperando, mi señor.

De esa manera descubrimos a Marta de un modo nuevo, y la descubrimos como maestra en la vida espiritual.

No es simplemente un testimonio para que trabajemos por Cristo, es un testimonio para que Cristo trabaje en nosotros; no es solamente un testimonio para que hagamos obras para Cristo, es un testimonio para que seamos la obra de Cristo. Y entre las dos cosas, darle obras a Cristo y ser la obra de Cristo, yo me quedo con la segunda, es mucho más grande, es mucho más bella.


Desde luego, casi sobra decirlo, esta segunda manera, o esta manera en cuerto modo nueva de ver a Marta, la acerca mucho más a este gusto contemplativo de su hermana. Se trataba, indudablemente, de una familia bendecida, una familia con con un hambre inmensa del Verbo Divino.

Marta es maestra de vida espiritual. "Sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá" San Juan 11,22, "sé que mi hermano resucitará" San Juan 11,24, "yo creo que tú eres el que tenía que venir al mundo" San Juan 11,27.