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Fecha: 19990729
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Original en audio: 13 min. 51 seg.
Celebramos hoy con la santa Iglesia a una mujer de aldea, una mujer sencilla que acogió a Jesucristo, hospedó a a Jesucristo, sirvió a Jesucristo, y que por eso, con esta sencillez, es como modelo de todos nosotros los creyentes.
De nosotros quiere el Espíritu Santo que seamos como Martha, que abramos nuestras casas, que abramos nuestras vidas, que acojamos al que es la vida para que tengamos vida, que sirvamos a Jesucristo, que creamos en Él.
En este diálogo que acabamos de escuchar en el capítulo once del evangelio de Juan, Cristo hace una revelación maravillosa de su misterio, y Marta hace una confesión maravillosa, fruto de su fe.
En esa fe de Marta está resumido, podemos decir, el Evangelio: "Yo Creoque tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo" San Juan 11,27. Con esas palabras, esta mujer sencilla estaba resumiendo, estaba compendiando nuestra fe en Cristo.
De lo que se puede decir sobre esa repuesta, quiero detenerme hoy en lo último que ella dice: "Creo que tú eres el que tenía que venir al mundo" San Juan 11,27.
Qué expresión tan hermosa, "eres el que tenía que venir", una frase o una expresión que podemos parafrasear libremente diciendo: "Tú eres el que estábamos esperando, tú eres el que nos hacía falta, sin ti estábamos incompletos.
Una de las expresiones más cariñosas que yo le haya oído a mi papá, se la oí hablándole él a mi hermano menor.
Resulta que nosotros somos cuatro hijos en la casa, y los tres primeros fuimos relativamente seguidos, con intervalos como de unos dos años. Despúes quedé yo de último, yo soy el tercero, y yo quedé de último durante unos años, el último de los hijos es el que reina.
Entonces yo quedé reinando unos años, pero se me acabó mi reinado, después de unos cinco años, resulta que nació el que es mi hermano menor.
Y le decía mi papá a mi hermano menor, a Saulo, le decía. "Sin ti la familia hubiera estado incompleta". Una expresión hermosa, que muestra el lugar amplio que tiene Saulo en el corazón de mi papá y en el corazón de todos nosotros, una expresión que hace sentir amor, porque donde hay espacio para recibir, ahí hay amor. Realmente, el amor es el espacio que uno necesita para tener vida.
Y hoy Marta nos enseña a tener ese acto de amor con Jesucristo. Cuando le decimos a Cristo: "Sin ti mi vida estaría incompleta", cuando le decimos: "Tú eres el que tenía que venir", cuando le decimos: "Te estábamos esperando", no sólo estamos haciendo alabanza, sino que estamos creando un espacio de amor.
Esa es la casa, la casa que Él quiere, la casa donde Él vendrá para habitar y reinar en nosotros.
Mi camino en la vida del Señor, mi camino en la vida espiritual, tuvo que ver mucho en la infancia y en la adolescencia con grupos de oración. Asistía yo con mis papás a un grupo de oración aquí en la parroquia de Chiquinquirá. Después ellos no pudieron seguir asistiendo a ese grupo, y como yo tampoco me movilizaba solo, entonces yo tampoco seguí asistiendo.
Esto vino a traer como un cierto enfriamento en la vida de la gracia en mi alma, enfriamento que se vio acentuado por una dedicación casi excesiva a la ciencia, al estudio, a la física, a la matemática.
Pero Dios en su Providencia no dejó que esa etapa se prolongara demasiado, sino que a través de otro de mis hermanos, me llamó a otro grupo de oración pequeño, sencillo y fervoroso, que quedaba cerca de la casa de mis papás.
Y crean que sin ese grupo difícilmente se hubiera avivado la llama de la ordenación sacerdotal, que parecía casi extinta por las distracciones del mundo y por las ofertas intelectuales que se me presentaban.