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Fecha: 19980716
Título: El Hilo de Oro del Carmelo
Original en audio: 12 min. 9 seg.
La devoción a Nuestra Señora la Virgen del Carmen es una de las más populares en el pueblo católico. Por lo menos en lo que he tenido ocasión de conocer aquí en nuestro país, en Colombia.
Soy muy amplias las instituciones civiles que la tienen por patrona. Los transportadores, los militares, entre otros, le tienen especial devoción. Una devoción muy ambigua quizá, una devoción que no lo deja a uno completamente feliz. A veces, mezclada de superstición, a veces mezclada de carnaval.
Por estas fechas, por ejemplo, en Villa de Leyva, donde está el Convento de Carmelitas Descalzas y el Convento de los Padres Carmelitas también, y se realiza con cierto realce, la novena a Nuestra Señora del Carmen.
Por estas fechas digo, Villa de Leyva está que no cabe la gente, pero ¿a esa gente sí le cabe la Palabra de conversión y de fe? ¿Qué les cabe, qué parece interesarles?
El gremio de los transportadores convoca a las ferias y fiestas de la Virgen del Carmen, al ruido de pólvora, al ruido de música, ruido de celebraciones ¿y tal vez silencio del corazón? Posiblemente.
Pero, aunque sólo fuera por esto, aunque quisiéramos partir de ahí, del simple hecho religioso, nosotros no podemos ser indiferentes a esta manifestación popular.
Por lo menos una pregunta podríamos hacernos, y es: "¿Qué tiene de especial esta advocación, para que precisamente ella, tenga como ese alcance?
En general, las advocaciones de la Virgen tienen esa capacidad de llegar a muchos lugares y personas que no pisan una Iglesia, que no se entrevistan con un sacerdote, que tienen muchos años sin confesarse y tienen, sin embargo, un cariño quizás supersticioso, dice uno, pero le tienen un cierto cariño, tienen un apego a la Virgen, particularmente a la Virgen del Carmen.
Esto puede ser visto como una vergüenza pero también puede ser visto como una oportunidad, y en cualquier caso, puede ser visto por nosotros como una ocasión de reflexión sobre este misterio de la Virgen del Carmen.
¿Qué ha sucedido con ella para que de esta manera se haga tan popular? Pero la popularidad, aunque sea ocasión para nuestra reflexión, también puede ser como un modelo.
Pasaron muchos, muchos años, antes de que yo pudiera asociar el Carmen con el Monte Carmelo. Los orígenes están ahí, desde luego; pero como que el aspecto popular para bien o para mal, ha tomado tanto realce, que las fuentes de esta devoción a la Virgen han quedado en la penumbra, han quedado ocultas.
Y entonces, ¿pues qué nos toca hacer a nosotros? No podemos despreciar este momento de reflexión pero tampoco podemos caer solamente en el hecho popular.
Además, esta devoción a la Virgen se ha propagado no sólo por las cofradías, las asociaciones de transportadores las fuerzas militares; se ha propagado también por medios inesperados.
Por ejemplo, en ese siglo XVI, que fue tan difícil por el surgimiento vigoroso del protestantismo y por una cierta incapacidad de la Iglesia Católica para responder, y luego por ese temor, por ese miedo de la Iglesia jerárquica con respecto a la mística, el Carmen, la Virgen del Carmen, el Carmelo, fue el hilo que mantuvo vivo y vivo con oro, con oro fino, el camino de la unión con Dios y de los dones del Espíritu Santo.
Cuando todo se había vuelto sospechoso para la Iglesia, cuando todo se había vuelto problemático, cuando todo tenía que ser investigado por el Santo Oficio, el amor del Carmelo pasó la prueba, especialmente, desde luego, a través de esa bella reforma de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz.
Y esto, quedó no sólo para el siglo XVI, sino quedó como una referencia de que la vida del espíritu siempre tiene sentido, siempre hay un llamado a la unión con Dios.
Y por eso en los siglos siguientes, que no fueron muy florecientes, eso hay que reconocerlo, en esos siglos siguientes donde la enseñanza teológica se repetía una a otra, se encerraba en discusiones o se volvía pura filosofía en realidad, en esos siglos posteriores, esa nueva vida, es hilo de oro del Carmelo, sirvió como de luz especialmente para toda la América Latina.
Porque nosotros de Padres de la Iglesia, ¿qué? ¿Qué habíamos recibido aquí? Hasta ahora estamos oyendo hablar en Latinoamérica de que existe un Basilio Magno, un Gregorio Niceno; hasta ahora sabemos, habrá de pronto quien sepa que existe un Máximo, el Confesor, tal vez Juan Damasceno le suene a alguien.
El Oriente estaba perdido para nosotros. Nosotros fuimos evangelizados, bien o mal, con luces y sombras como se decía en el aniversario del quinto centenario de los comienzos de la evangelización.
Con luces y sombras fuimos evangelizados por la cultura española y por españoles; españoles que no tenían ni idea del la Iglesia de Oriente, españoles que desconocían las riquezas de Catalina de Siena, no le dieron la menor importancia; apenas lo conocían tal cual monasterio, entre esos los monasterios carmelitanos.
Los españoles no le habían dado mayor importancia a los problemas con el protestantismo porque ellos estaban acostumbrados a defenderse de la religión con la cultura. Échele cabeza a eso, defender la religión con la cultura. Así estaban acostumbrados los españoles.
Entonces, los problemas de la Ilustración, los problemas de la vida y del conocimiento de la Palabra y los problemas, todo eso estaba oculto, únicamente quedaba el cascarón, por así decirlo, de la fe. Es decir, un costumbrario, un conjunto de costumbres unidas a una cultura. Eso fue lo que llego en buena parte a nosotros.
Pero de esa armazón de pronto tan seca, de pronto tan estéril, de pronto tan tosca y tan violenta había un hilo de oro y ese hilo de oro era la mística y esa mística fue fundamentalmente la mística del Carmen.
Tanto fue la mística del Carmelo la que marcó, que prácticamente todas las comunidades monárquicas, cuando miran hacia la vida mística, sus primeras referencias Santa Teresa y San Juan de la Cruz, eso es así.
De manera que prácticamente toda la vida contemplativa; yo me atrevo a pensar en América Latina, pero desde luego, no tengo datos de todo eso, de toda esa extensión.
Prácticamente toda la vida contemplativa quedó marcada por eso, lo cual no es malo, desde luego estamos hablando de un par de gigantes de la santidad.
Pero es algo que muestra cómo esa devoción y este camino del Carmelo en realidad, ha marcado muchísimo más de lo que nosotros creemos. Hasta el punto de que las aspiraciones a la vida mística en prácticamente todo un continente durante siglos enteros, tienen como única referencia al Carmelo.
Eso es mucho decir, y aquí no deja uno de maravillarse de que haya como ese contraste: desde los choferes de flota, borrachos en Villa de Leiva, gritándole vivas a la Virgen del Carmen, hasta el silencio de los claustros recogidos; el Carmelo esta ahí y Nuestra Señora del Carmen esta ahí. Ahí está. Reposa en el libro de una monja piadosa y silenciosa y está en la pólvora de Villa de Leyva.
¿Quién hace esto? Quién tiene semejante presencia? En la Iglesia, por lo menos en la Iglesia en Colombia no hay ningún fenómeno parecido a ese, no hay ninguno.
Todavía uno podía investigar otro poco y de pronto se encontraría cosas, por ejemplo, este escapulario que uno se ha vestido, que uno se vista. Si lo pensamos bien, la idea de usar vestidos de la Virgen, esa es una idea completamente revolucionaria, porque si uno revisa el verbo vestirse o revestirse, en los escritos del Nuevo Testamento siempre tienen que ver con la gracia de Jesucristo, con la vida de Jesucristo, vestirse de las gracias que da el Espíritu Santo, ¿pero ser revestidos por María?
Estar vestidos por Ella. Esto es un acontecimiento realmente teológico, un acontecimiento en el que no hemos meditado suficientemente.