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Fecha: 20030711

Título: Entre consolaciones y desolaciones, Dios nos va educando

Original en audio: 11 min. 51 seg.


Yo he llegado a convencerme del valor tan grande que tiene la Palabra y la realidad de la admiración. Es tan importante en la Sagrada Escritura aprender a admirar los caminos de Dios.

Hemos llegado a un pedacito muy interesante, y es cómo Dios ha venido conduciendo la historia a través de las voluntades humanas, para que los israelitas se establezcan en Egipto. Se trata de una cosa que no era obvia en absoluto.

Repasemos la historia: Cuando Abraham salió de Caldea, Dios le dijo: "Te voy a llevar a una tierra, que yo te mostraré" ( véase Génesis 12 , 1 ), y esa tierra, pues era la tierra de Canaán ( véase Génesis 12 , 4 ). Y Abraham llegó allá, y allá se estableció, y allá, pues nació Isaac ( véase Génesis 21 , 1-3 ), y luego Jacob ( véase Génesis 25 , 26 ).

Es decir, como que ya se había cumplido la promesa que Dios le había hecho a Abraham; como que ya habían llegado, y ya estaba la tierra que se había prometido.

Pero la historia no fue tan sencilla, porque había que salir de esa tierra, ir a Egipto; y es de vuelta de Egipto, cuando Dios hace su gran Alianza con Moisés como instrumento ( véase Éxodo 24 , 8 ; 34 , 10 ). Es decir, Dios va guiando la historia, y esto es lo primero que yo quisiera destacar.

Ahí aparecen muchas voluntades: La gente que traicionó a José ( véase Génesis 37 , 12-36 ), por ejemplo; esa gente estaba obrando con su propia voluntad, que era una voluntad perversa. Y con esa voluntad perversa, pues llevaron a José a Egipto.

Pero, por encima y a través de las voluntades perversas de los hombres, Dios está manifestando su voluntad; o como dice el refrán, "Dios escribe derecho en renglones torcidos".

Los renglones torcidos son nuestras voluntades, que muchas veces son egoístas, son codiciosas, pueden tener resentimiento, pueden tener pereza, pueden tener soberbia. Pero es muy importante que entendamos, que nuestra soberbia, nuestra pereza, o nuestra codicia, no detienen el cumplimiento de la voluntad de Dios.

No porque nosotros seamos mentirosos, va a dejar de ser cierto y va a dejar de ser veraz Dios. No porque nosotros seamos codiciosos, Dios va a dejar de ser generoso. No porque nosotros seamos impuros, va a perder Dios su pureza.

Lo más maravilloso de ver este plan de Dios en la Sagrada Escritura, es ver cómo se cumple a través de las voluntades humanas. Eso no lo podemos olvidar nunca. Dicho de una manera, de pronto, más cortica, el mal no es un freno para Dios; el mal no detiene el cumplimiento de la voluntad divina.