Ca03002a

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Fecha: 20001217

Título: Tres actitudes de conversión predicadas por San Juan Bautista

Original en audio: 6 min. 58 seg.


Es la primera vez en mi vida que predico sobre este evangelio de Juan junto a un río. Es una maravilla el río, que es una imagen de la vida, una imagen de todo lo que transcurre.

Desde lejos vemos llegar las aguas, que pasan junto a nosotros y se van. Así también los judíos, movidos por la predicación de Juan Bautista, iban al río Jordán y querían ser lavados, como para que las culpas de tantos siglos y de tantas generaciones se las llevara el río.

Eso ya se fue; como cuando uno se baña en el río, deja pasar el agua y el agua se va, queda atrás, queda lejos. Se va lejos de nosotros esa culpa, ese pecado.

El evangelio de hoy nos ha presentado a Juan, el Bautista, un hombre que predicó éso: la pureza. Vamos a apartarnos de nuestros pecados, vamos a quitar lo que nos aleja de Dios, vamos a lavarnos, vamos a limpiarnos.

Eso fue Juan Bautista, y las normas que dio Juan Bautista, échele cabeza, piénselas un poco y verá que son de lo más sabio.

"¿Qué hacemos?" (véase San Lucas 3,10 ; 3,12 ; 3,14). La gente oía predicar a Juan. Era un gran predicador; él impactaba el corazón de la gente.

"¿Qué hacemos?" (véase San Lucas 3,10 ; 3,12 ; 3,14). Juan Bautista le dio pistas a todo el mundo: "El que tenga dos túnicas, reparta con el que no tiene, y el que tiene comida, que haga lo mismo" (véase San Lucas 3,11).

Primera actitud de conversión: Revísate en el compartir con el necesitado. Lo que tú tienes, no es sólo para que tú lo tengas, sino para que tú lo administres.

Y todos podemos dar algo. Hay un letrero tan bonito, que habla por ejemplo de la sonrisa, y dice: "Mire, la sonrisa es algo que, no hay nadie tan rico que no la necesite y no hay nadie tan pobre que no la pueda dar".

Hay algo que tú tienes en abundancia: tu alegría, o tu ropa, o tu dinero, o tu casa, o tu amistad, o tus conocimientos. Hay algo que tú tienes y que alguien necesita. ¡Ahí tiene que empezar la conversión!