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Fecha: 19990218
Título: ¿De que sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida, la unica vida que tiene?
Original en audio: 7 min. 38 seg.
En la Santa Misa hay una oración que se dice al comienzo, la dice el que preside la Misa, esa oración se llama Colecta, que es una palabra que quiere decir la oración que recoge las intenciones del día, las intenciones de los que estamos en la Santa Misa.
La oración del día de hoy jueves después de la ceniza de ayer, decía: “Que todo nuestro trabajo tenga el comienzo en Dios y tenga el final en Dios, que brote de ti como de su fuente y que tienda a ti como a su fin”.
La Primera Lectura, tomada del libro del Deuteronomio, nos invita a tomar una decisión, nos dice: “Que ante cada uno de nosotros están como dos caminos, el camino de la vida y el camino de la muerte, el camino del bien y el camino del mal, y en nosotros hay la capacidad de decidir, seamos pequeños o seamos grandes, nosotros tenemos cosas con las que podemos decidir” (veáse Deuteronomio 30, 15-16).
Les voy a contar una historia: una familia amiga tiene dos hijos, el niño mayor tiene cuatro años y medio y tienen una niña como de unos dos años, o sea que son chiquitos, el niño que tiene cuatro años y medio está en un jardín infantil, resulta que una vez estaban en una reunión de familia y el niñito que aquí lo vamos a llamar Julián.
Bueno pues Juliancito estaba en esa reunión, en esa fiesta junto con otros primitos y otros amigos, y uno de los primos de Julián, que aquí lo vamos a llamar Álvaro, Álvaro es como muy bravo, como muy violento a veces, Álvaro en uno de esos juegos bruscos de los niños le pegó muy duro a Julián, el chiquito de cuatro años y medio, y el niño muy sensible claro, pues se puso a llorar, fue donde la mamá y la mamá se dio cuenta del problema entonces la mamá corrigió a Álvaro, el niño que había tratado mal a su hijo.
Pero la mamá tenía también ahí en la casa uno de estos martillitos de plástico, de juguete, que cuando uno golpea suena, entonces la mamá quiso enseñarle a su hijo, a Julián que no debía dejarse ganar de nadie, pero Julián ya había visto que la mamá ya había regañado a Álvaro.
Entonces la mamá le dio este martillito de plástico, que desde luego no hace ningún daño, y le dijo a Julián para que se pusiera serio y se pusiera bravo, le dijo: "bueno ahora tu le vas a pegar a él porque él te pegó a ti", así le dijo la mamá, Juliancito tiene cuatro años y medio y en este momento va a cumplir cinco años, y ustedes saben lo que es para un niño la voz de la mamá a esa edad, sobre todo un niño que es amoroso, tan tierno y obediente con la mamá.
El niño oyó que la mamá le decía pégale y le pasó el martillo, ¡pégale!. El niño tomó el martillo en la mano se quedó callado miró a la mamá y le dijo, “mamá yo no hago eso”, dejó el martillo en el piso y se fue... Es un niño que va a cumplir cinco años, pero que ya practicó la lectura del Deuteronomio del día de hoy.
Este niño podía tomar una decisión, a veces creemos que los niños no pueden tomar decisiones, un niño puede tomar una decisión, un niño de cuatro años y medio tuvo la fortaleza de oponerse incluso a la persona que más ama en esta tierra, a la mamita, porque él sentía que ya se había hecho justicia, ya había regañado a Álvaro, ya no había que pegarle y sobre todo el no se sentía capaz de hacerle daño a nadie.
Cuatro años y medio y ya practicó la lectura del libro del Deuteronomio, tomó una decisión, obró con libertad.
La lectura del Evangelio nos hace ver un aspecto de esa libertad, a veces la libertad supone que a veces tengamos que sufrir y ese sufrimiento cuando es por una causa justa, sobre todo cuando es por el amor de Dios, ese sufrimiento que se parece al sufrimiento de Cristo en la Cruz, porque Cristo llegó hasta la Cruz por amor de Dios y por amor de nosotros, por amor de su pueblo.
A veces ese sufrimiento, a veces ese amor trae sufrimiento, pero Cristo nos invita en el evangelio a que nos resolvamos a ser buenos y a hacer el bien, así tengamos que sufrir.
Porque Él dice que si uno sufre haciendo el bien, si uno sufre haciendo esas obras buenas, pues de Dios recibirá consuelo, fortaleza y recompensa, en cambio, si uno es un cobarde, si uno está pensando solamente en uno mismo y no hace el bien, en realidad está desperdiciando la vida y Jesús nos dice:
“De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde la vida, la única vida que tiene?” (veáse San Lucas 9, 25)