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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19991024

Título: Cristo es el que desenmascara mis mentiras y me lleva a la verdad de mi propio ser

Original en audio: 21 min. 10 seg.


Mis Amados Hermanos:

Un servicio que nos prestan textos como este que acabamos de escuchar del evangelio, es que nos ayudan a descubrir otras facetas de Jesucristo; podemos decir que nos sacan de un Jesús imaginado y nos ponen ante una persona mucho más real de lo que nosotros pensábamos.

Cuando uno escucha solamente hablar de Jesús, seguramente se fija en aquellos aspectos más amables, casi me atrevo a decir, más simpáticos de Jesucristo.

Jesús es siempre amoroso, pero no siempre es amable, si por amable vamos a entender aquella persona que es grato encontrarse, aquella persona que tiene la palabra dulce, tiene la sonrisa cercana, tiene como ese lenguaje que le permite a uno sentirse entendido y entender; si eso es lo que significa amable, definitivamente Jesucristo no es siempre amable.

El Evangelio está lleno de escenas como las que encontramos aquí, en las que el lenguaje de Jesucristo casi parece más para retirar a las personas que para acercarlas.

Esta realidad desconcierta un poco, sobre todo cuando se está empezando en la fe; no falta incluso el reproche de algunos o algunas en el sentido de que este lenguaje no va a servir para convertir a las personas, un lenguaje duro donde uno sale regañado porque no entiende el lenguaje de los tiempos, y uno es un hipócrita y, además, no va a salir de la cárcel hasta que no pague hasta el último céntimo.

Un lenguaje de estos no parece ser el lenguaje más acogedor ni más tierno, no es el lenguaje que ciertamente despierta la simpatía.

Pero después de ese regaño, después de esa dureza, seguramente debe de haber algo más, debe haber algo en la persona que tiene esta dureza, y ése algo es lo que queremos encontrar, con la ayuda del Espíritu Santo; porque si encontramos el amor sólo cuando es simpático, es demasiado poco el amor que vamos a encontrar en la vida.

Si uno sólo va a encontrar el amor cuando esté vestido de urbanidad, de cortesía, de relaciones humanas y de consenso, el amor que uno va a encontrar en la vida va a ser mínimo.

O sea que encontrar amor, y amor de verdad, en un texto como este y en tantos otros textos duros de Cristo, llegar a encontrar la “nuez” de amor que está ahí presente, es encontrar muchísimo, porque la vida de uno, la vida de la mayor parte de nosotros no se parece a un océano de simpatía y buenas maneras, no se parece a una pradera de sonrisas y acogidas.

Muchas veces la vida de uno está llena de rugosidades, contradicciones, llena de esa dureza que aflora en pasajes como este del Evangelio.

Y aquí aprovecho yo para recordar que nuestra fe no es ninguna droga. El día de hoy llego a mi correo electrónico, y me imagino que a muchos otros centenares o miles, llegó una invitación a visitar una serie de lugares sobre la segunda llegada del Señor Jesucristo, sobre quién es Jesucristo, sobre qué es el cielo; todo de contenido muy religioso y muy bello.

Y efectivamente, al hacer una visita a esas paginas allá en Internet, esas páginas a las que me enviaba el correo que recibí, todo era muy bello, ¡qué diseño¡ qué cosa tan bien hecha en colores, en sonidos, podría uno decir que esas paginas se asemejaban a la belleza de los grandes y siempre limpios y siempre acogedores centros comerciales, donde todo reluce, donde todo brilla, donde todo tiene el volumen de la música y el contraste de colores que uno quiere tener para sentirse a gusto.

Va uno a leer el contenido de estas paginas y se encuentra con que es una propaganda de tipo hinduista, panteísta y sincrético, para terminar diciéndonos lo que ya sabemos que nos dice la Nueva Era: Jesús como un maestro acogedor, como un maestro maravilloso.

Es decir, un Jesús que puede llegar a mi imaginación sin perturbarla, un Jesús que llega a la sala de mi casa y nada cambia, un Jesús que entra en mi existencia y todo lo aprueba, un Jesús, en fin, que tiene todo lo que yo quiero que tenga y no tiene todo lo que yo no quiero que tenga.

Ese es el mensaje de esa página de Internet, bueno, maldita página, una página así sirve sólo para blasfemar de Jesucristo; Jesús no es un monigote para que yo le ponga lo que a mí me gusta y le quite lo que me disgusta; Jesús tiene su mensaje, tiene su personalidad, y llega a mi casa con amor pero llega a cambiar las cosas, Jesús no llega a mi casa a elogiarme y a aprobarme el desorden en el que me encuentro, Jesús no llega a eso.

Y todos los que hablan de Cristo solamente como ese personaje, que es un saco de ternura envuelto en arequipe con azúcar encima, a esas personas les cae la misma maldición que he dicho. "-¡Ay, padre, pero para qué maldice, que eso se le oye tan feo a un padre!-.

Peor se le oye a un apóstol, ¿y qué dice el Apóstol San Pablo dice? Yo soy discípulo de San Pablo, ¿qué puedo hacer? ¿Qué dice San Pablo? “Si va a ustedes alguien con un Evangelio distinto, maldito” Carta a los Gálatas 1,8.

Maldito en el lenguaje de la Biblia quiere decir excluido de la salvación. Por eso me han mandado un e-mail sobre el cual pesan ocho, diez o veinte maldiciones del Apóstol San Pablo. Están convirtiendo a Jesucristo en un maniquí, al cual le puedo poner la sonrisa bonita que yo quiera, los ojitos que a mí me gusten, un Jesús que me apruebe todo lo que es mi vida, un Jesús que pueda yo poner como decoración allá en la sala de mi casa para que no me cambie nada.

Y ahí va entendiendo uno por qué es necesario que Jesús sea alguien diferente, ese Jesús de la pagina maldita de hoy, ese Jesús, y lo mismo ese evangelio falso que se predica hoy de tantos modos, ese evangelio es perfectamente apropiado para que yo nO cambie, y esa es la peor desgracia que me puede suceder.

Si me estoy ahogando, si estoy sumergiéndome en las aguas del océano y llega alguien ha hacerme bonita cara y a sonreírme y yo morado ahogándome, y el otro a hacerme bonita cara y a sonreírme, y yo ya en la etapa del glu, glu, glu, y el otro a hacerme bonita cara y a sonreírme.

¡Señor, prefiero que vaya alguien que tenga fuerza en esos brazos que me saque del agua, que me tire cuan largo y ancho soy a un bote salvavidas y que luego me oprima el estómago para que salga el agua, porque me estoy ahogando, me estoy muriendo!

Jesús no es una cara bonita para decorar un basurero, Jesús no es una sonrisa bonita para decorar una pocilga, Jesús no es un perfume agradable para echárselo a una letrina; Jesús prefiere ser amoniaco, prefiere ser un limpiador que a veces corroe, que a veces arde, pero que limpia.

Le presta más servicio a la porquería de la letrina y de la pocilga el que limpia la letrina o la pocilga, que el que llega con su perfume y con su sonrisa y se va igual.

Por eso Jesús tiene que llegar a nuestras vidas a cambiar, a transformar, y eso debe tenerlo uno claro, y en el fondo del corazón, el miedo de uno ante Jesucristo, es que lo cambia a uno, porque uno tiene terror a cambiar su manera de vivir, uno tiene terror a que le cambien sus valores, a que le cambien sus gustos, a que le cambien las mentiras en las que uno a vivido.

Uno tiene terror a eso, y porque uno tiene terror a eso, hay gente que se inventa esos Cristos que no cambian nada, esos Cristos que no mueven nada, esos Cristos que no pintan nada.

Sepa, todo el que dibuja a un cristo que no cambia; sepa, todo el que expresa a predica un Cristo que no transforma vidas, sepa que tiene sobre su cabeza la maldición del Apóstol San Pablo, está predicando un evangelio de mentiras.

El Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo es un Evangelio que transforma la existencia de las personas, es un Evangelio que descoloca a las personas, es un Evangelio que transforma, pero para transformar es necesario salir de donde uno se encuentra y llegar a donde uno no se encontraba.

Jesús nos va a sacar de donde nosotros nos encontrábamos, y nos va a llevar a donde Él quiere que estemos.

Por eso, eso de que Cristo es amable, o Cristo está bravo, se parece mucho a lo que piensan los niños con respecto a los papás: el día que el papá le da helado, "mi papá me quiere"; el día que el papá no lo deja seguir jugando en la computadora, "mi papá me odia"; el día que el papá lo lleva a que le pongan una inyección porque esta enfermo, "mi papá me tiene rabia"; el día en el papá le da el arequipe que quiere, "mi papá me quiere mucho", así somos nosotros con Jesucristo.

Normalmente ese niño luego crece y cuando ya está un poquito crecido saca conclusiones distintas: "Mi papá me quiere cuando me chuza la aguja y cuando me da el helado; cuando me aplaude y cuando me dice: "Así no"; cuando me aprueba y me abraza, y cuando me dice: "Me has decepcionado".

Eso es mandar en el amor, obviamente al principio uno va a decir: "Ay, qué Cristo tan difícil, qué religión tan antipática, mejor cambiemos esto por algo más simpático, un mensaje más amable, un mensaje más acogedor".

Como decía con la mejor intención del mundo, una que fue amiga mía, porque claro, después de una conversación de estas, se le acaban a uno los amigos. Estábamos preparando una Pascua juvenil hace mucho tiempo, -en esa época yo podía decir que éramos unos jóvenes preparando una Pascua juvenil; en esta época ya me tocaría cambiar ligeramente ese lenguaje-.

Y entonces todo el afán de ella era: "Pero presentemos un Cristo joven, presentemos un Cristo juvenil", como quien dice, a ver: "¿Qué empaque le ponemos al “producto” para que sea vendible? A ver, ¿cómo lo organizáramos? Pongamos un Cristo, po ejemplo con una mirada estilo Robert Redford; la voz, tipo Julio Sánchez Cristo, una voz que llegue".

Cristo no es eso, y si el miedo suyo con la religión cristiana es: “Ay, Cristo me va a cambiar”, pues sí, sí lo va a cambiar, ya se le puede pasar el miedo o ya puede saber a qué atenerse; sí, Cristo no está contento con la vida que usted lleva, no está contento.

Pero sí le puedo decir una cosa: el mismo Cristo que habla, que regaña y que corrije, ése mismo se arremanga y se pone en el trabajo de limpiar, esa es la diferencia entre Cristo y un parlanchín cualquiera, o un demagogo cualquiera.

Cristo dice: “Su vida es una letrina, señor”, y uno dice: "-Ay, pero qué Cristo tan duro", ¿Entonces qué otro nombre le da usted a su vida? Cristo no lo va a dejara usted solo, Cristo no lo va a abandonar a usted.

Cristo le hace ver lo que es su vida, pero luego Cristo se ciñe, como dice Él mismo en la Escritura, se ciñe, se arremanga y se pone en la tarea de ayudarlo a usted a limpiar su vida, sí usted deja entrar ése Cristo.

O si usted prefiere, llévese más bien un frasco de perfume bien fino para su nariz y póngalo en ese pedazo que usted llama vida, pero que todos sabemos que es una porquería, esa es la otra solución.

Y eso es lo que nos presenta todo este lenguaje, todo este mundo del "Cristo light", lamentablemente secundado por una cantidad de predicadores, incluidos algunos sacerdotes, –Dios tenga misericordia de todos-, algunos sacerdotes que creen que el asunto es de venderlo barato: "No, no, no hoy no se puede hablar de esos asuntos de relaciones prematrimoniales, no se puede hablar, no se puede hablar porque alejamos la gente".

"Si yo como sacerdote me pongo con esos mensajes alejo la gente, no, no no, no hablemos de eso, mejor no hablemos de eso". Y empezamos a hacerle el juego a la gente; en el fondo, el corazón humano sabe cuándo le están diciendo la verdad y cuando no.

Y por eso, ese jueguito de que no hablemos, recortemos, arreglemos, mejoremos por aquí, termina finalmente siendo equivalente a llevar un retrato precioso de alguien que ya no es Jesús para enmarcarlo en un basurero que tampoco va a ser limpiado.

Yo prefiero un Cristo como el que ha aparecido hoy, que me diga lo que soy, usted sabe lo que quiere decir hipócrita, hipócrita es el que tiene una fachada, pero por dentro es otra historia, y eso es lo que nos ha dicho Cristo hoy, eso es lo que nos ha dicho: "Usted tiene una fachada pero usted es otra historia por dentro, ¿por qué no arreglamos el problema?"

Ese es el negocio que viene Cristo a proponernos hoy: "Usted por qué no arregla su problema, mientras es tiempo?" Por eso dice: "Mientras vas de camino, póngase de acuerdo con el que va de camino, antes de que sea tarde" San Lucas 12,58,

¿Cuál es entonces el mensaje, en síntesis, el mensaje de hoy? Me ama, el que conociéndome, me lleva a la verdad y me lleva a superar mi propia verdad, ése es el que verdaderamente me ama.

No sirve de mucho echarle litros o galones de perfume a una pocilga, eso no sirve de mucho; no sirve de mucho poner retratos bonitos en un basurero; prefiero el que llega y me diga: "Detrás de su fachada usted es un basurero, ¿por qué no arreglamos su problema? ¿por qué no afrontamos su situación?"

Ese es Jesucristo, yo me siento tratando una persona viva, ese es Jesucristo: "-¿Por qué no arreglamos su problema? ¿Cuál es su problema? Su verdadero problema ¿cuál es?" "-Que mi papá, que mi mamá, que me hicieron, que el mundo, que la sociedad".

"-Y bueno, ¿y mi Padre Dios qué pinta en su vida? "-Ah es que yo no sabía que el Padre..." "- ¿usted esta poniendo su salvación en las personas? ¿Usted esta poniendo su felicidad en las personas? ¿Y usted cree que eso iba a ir para alguna parte? ¿usted cree que esperando salvación de las personas humanas iba para algún sitio?" Ese es Jesucristo.

Cristo es el que me desenmascara, es el que me lleva a la verdad de mi propio ser, Cristo es el que me conduce a las mentiras para iluminarlas con su verdad. Cuando uno llega a esta altura de la reflexión uno dice: "¡oiga, pues entonces sí me ama, claro que me ama, la canción lo dice: “Yo tengo un amigo que me ama”, esa canción esta muy bien dicha, no dice: “Yo tengo un amigo que me consiente”; no, dice: “Yo tengo un amigo que me ama”.

Pregúntele a una mamá, que sea mamá, cómo ama al hijo, cómo trata al hijo, qué hace por el hijo, y así el hijo haga lo que sea, se pare en la cabeza y dé el bote, la mamá sabe que en ciertas cosas tiene que obrar como tiene que obrar.

La canción dice: “Yo tengo una amigo que me ama”, no dice: “Yo tengo un amigo que me consiente”, porque a veces consentir, es una manera de odiar, es una manera de echar a perder, es una manera de destruir, es una manera de matar.

Así pues, mis amigos, que hoy la Palabra de Dios nos invita a descubrir el amor más allá de la apariencia; hoy se enfrentan mi apariencia, que es buena, tal vez, con mi realidad que apesta, tal vez, y la apariencia de Cristo que parece dura, seguramente, con la realidad de Cristo que es hermosa, que es sincera, que es verdadera, que es amorosa, y de eso no hay la menor duda.

Mi apariencia, bonita; la de Cristo, rugosa, agreste; mi realidad, apesta; la de Cristo, limpia, sana, perfuma verdaderamente.

Qué bueno que Cristo de vez en cuando en estas lecturas aparezca así, para que nuestra realidad mentirosa, se quiebre a la realidad rugosa de Cristo y de esa manera, nuestra verdad profunda, esa verdad que hemos tenido escondida, pueda recibir salud y pueda recibir vida de la verdad escondida de Cristo.

Mis hermanos, no perdamos la oportunidad de hoy. “Cuando te diriges al tribunal, haz lo posible por llegar a un acuerdo” San Lucas 12,58, ¿por qué no arreglamos su problema? Esa es la pregunta que Cristo te hace.

¿Por qué no asumimos cuál es su verdadero problema? ¿cuál es su verdadero problema? Que necesito placer, que necesito vida, que necesito felicidad, que necesito plata, llegue hasta el fondo de su verdadero problema conducido por Cristo.

¿por qué no lo afronta, en serio, por qué no lo toma a fondo su problema? ¿Y por qué no empieza a trabajar ya, hoy, en la solución de su verdadero problema, en vez de estar viendo apariencias, en vez de estar poniendo mil disculpas?

Dichoso, bienaventurado el que se encuentre con la verdad de Jesucristo, deje las disculpas y se ponga en el camino de las soluciones.

Amén.