Pablo 20 siglos después - 14
Fecha: 20090209
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Original en audio: 55 min. 30 seg.
Tenemos varias tareas que completar en estos minutos de nuestra última predicación. Tenemos que terminar la serie de los doce errores que aquí se señalan, que pueden servir de marco de referencia o comienzo de una conversación sobre el tema; y luego tenemos una conclusión, una conclusión sobre esa tarea de la predicación que hemos heredado de nuestro Padre Santo Domingo, pero, junto con él y a través de él, la hemos heredado de San Pablo y de Jesús mismo.
Entonces estamos en el error número diez, que es un tema bastante discutido en algunos centros académicos. La impresión que yo tengo es que es una solución de escritorio que se da muchas veces en facultades de Teología, pues yo de esto oigo allá en Irlanda.
El esquema que se plantea es este: la distribución del poder en la Iglesia está concentrada en el clero, está concentrada en el sacerdote, y esto ha llegado a convertirse en un obstáculo para el avance del Evangelio.
La solución, por consiguiente, es distribuir más equitativamente ese poder eclesiástico, de manera que el laico alcance su mayoría de edad, sea miembro de pleno derecho dentro de la Iglesia, asuma por cosiguiente sus reponsabilidades.
Algunos van tan lejos como para decir que, en ciertas circunstancias, que no son tan excepcionales si se piensa en la geografía, en ciertas circunstancias, pues, debería simplemente autorizarse que los laicos presidieran la Eucaristía.
Y el argumento es más o menos este: es absurdo que en lugares donde no hay sacerdote se impida que un laico presida la Eucaristía. ¿Por qué privar de la celebración central y fuente de nuestra fe a esa pobre gente, sólo porque falta un cura? Es decir, se plantea la solución de escasez de sacerdotes, con laicos.
Por supuesto, el problema es distinto en su presentación en los distintos lugares. Hay lugares donde la proporción entre clero y laicos no hace este tema tan agudo. Entiendo yo que, por ejemplo, aquí en Taiwán, la proporción entre presbíteros o sacerdotes y laicos, pues no es angustiosa; pero en algunos lugares, sobre todo, simpre se menciona a África, y también en regiones de Suramérica, hay muchísimos laicos, hay muy pocos sacerdotes, y a esto se añade que la disciplina actual en Occidente pide que el sacerdote sea célibe.
Entonces resulta muy difícil conseguir sacerdotes célibes que estén ahí, y entonces estas comunidades quedan con muy poca celebración de la Eucaristía. No hay que negar que ahí hay un tema delicado, ahí hay un tema que merece atención.
Por supuesto, una vez que las cosas llegan a este punto, también entran otros temas teológicos relacionados con el ministerio. Algunos darían una solución en términos de género: "Solucionemos la rigidez y el autoritarismo, típicamente masculinos, con ordenación de mujeres". Una proporción, yo diría no pequeña de los profesores que he tenido allá en Irlanda, ven como un hecho que esto sucederá tarde o temprano.
Es decir, más o menos lo que se mira es, de aquí a unos años, la Iglesia, entendiendo la jerarquía, "tendrá" que ceder, ese es el famoso "tendrá", "tendrá" que ceder en cuanto a que haya hombres casados que accedan al sacerdocio, y después de eso, "tendrá" que ceder, en algún momento "tendrá" que admitir la posición de mujeres ordenadas.
Los Anglicanos, en su conferencia anual, ellos tienen una conferencia cada diez años, en Lambeth, y en su conferencia anual de este año dos mil ocho, uno de los temas que estaba en discusión era ya no el tema de las mujeres ordenadas, que ya las tenían, sino el tema de mujeres accediendo al episcopado.
Entonces había un sector, sobre todo de África, un sector bastante icisivo, bastante vigoroso en contra de esto de las mujeres obispo o las obispas; pero el hecho concreto es que la conferencia no detuvo el proceso, no dio una aprobación formal, pero no detuvo el proceso. De manera que en principio se espera que hacia el año dos mil diez, poco más, poco menos, serán ordenadas las primeras mujeres obispo.
Ahora, esto no es tampoco tan extraño porque la rama Anglicana en Estados Unidos, que son los Episcopalianos, hace rato tiene mujeres en el episcopado; de hecho, en la presidencia de la conferencia de obispos de los Episcopalianos, en Estados Unidos, la que está es una mujer; o sea, de hecho es una mujer la que está presidiedo.
O sea que casi que es una discusión bizantina dentro del Anglicanismo porque ya ahí es un hecho que eso sucede.
y el sentir común en muchos católicos en Inglaterra, y muchos católicos en Irlanda es que la Iglesia Católica, pues, dará sus pasos, buscará la manera de acomodar la Teología, pero finalmente... En mi propio convento hay unos cuantos que dicen: "Allá llegaremos; el proceso habrá que darlo paso a paso, pero allá llegaremos".
Y lo interesante es que para ellos el punto es de pedagogía; es decir, para ellos no hay ya obstáculo teológico, ni hay un obstáculo canónico propiamente.
Ahora, yo no entiendo muy bien por qué dicen eso. Porque resulta que, como sabemos, el Papa juan Pablo II, pues publicó un documento expresamente sobre esta materia; y luego, el que entonces era Cardenal Ratzinger, en su calidad de cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dio lo que se llama una calificación teológica de esa enseñanza, es decir, qué tan vinculante es esa enseñanza.
Porque lo que algunos decían cuando el Papa Juan Pablo sacó este documento, donde decía: "Mirad, el tema queda zanjado: la Iglesia no está autorizada para ordenar mujeres; cuando Juan Pablo dijo eso, entonces algunos teólógos, especialmente en Alemania, Inglaterra, en fin, este mismo sector, dijeron: "Bueno, está muy bien, es magisterio, pero es magisterio ordinario".
"El magisterio ordinario no tiene una competencia definitva, no es vinculante en realidad, entonces esperemos: esperemos a que se muera Juan Pablo, esperemos a que se mueran unos cuantos", ahora dirán: "Esperemos a que se muera Ratzinger, y en algún momento llegará un Papa que entre en la realidad de las cosas y que admita lo que es".
Sin embargo, va a ser muy difícil que eso suceda, hablando en términos humanos, -aquí todavía no hemos empezado a discutir la Teología del asunto-, porque poco después de este documento del Papa Juan Pablo sobre la negativa de la Iglesia a ordenar de mujeres, Ratzinger, como cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dice que la calificación de eso es vinculante.
Es decir, aunque no tiene la formalidad de una declaración dogmática, porque se trata de un asunto no de fe, sino que tiene un característica de disciplina y de régimen de la Iglesia, la enseñanza de Juan Pablo II debe considerarse vinculante y definitiva.
No obstante lo cual, algunos siguen diciendo que "Bueno, sí, podrá ser definitiva mientras estén vivos los que dicen que es definitiva", más o menos así lo plantean. Hay una verdadera tensin en este tema.
Lo que a mí me llama la atención, de mi parte, son dos cosas: primera, que no se presentan verdaderas respuestas al tipo de argumentación que dio Juan Pablo II, no se dan verdaderas respuestas. Es decir, esto es un poco un diálogo de sordos.
Y en segundo lugar, me llama la atención que aquellas comunidades, que supuestamente serían las primeras beneficiadas, son exactamente las más conservadoras y las que más quieren que sigan las cosas como están.
Esto es muy interesante para mí. Porque se plantea que, cuando se hace el argumento, por jemplo de laicos presidiendo la Eucaristía, o mujeres ordenadas sacerdotes, y todo aquello, siempre se plantea en términos de: África, Suramérica. Pero luego resulta que las comunidades mismas de África y las comunidades de Suramérica son lo más conservador del mundo.
y tú miras los Cardenales que salen de allá y son lo más conservador del mundo, tan conservadores, pero tanto, tanto, tanto, que llega un punto en el que a mí personalmente, que claramente soy conservador en muchas cosas, vamos que ya me rechina un poco.
Entonces, lo que a mí me llama la atención es eso: que se pretende, desde los centros académicos de poder del Norte de Europa, se pretende decir, por eso digo que es desde un escritorio, se pretende decir: "Ah, la solucion allá en África es esto, la solución en América Latina es esto".
Y yo siento más o menos lo que pasaba con la Teología de la Liberación, que entonces iban algunos, sobre todo de vuestro país, iban algunos españoles allá a decir: "Pues la Teología propia de Latinoamérica tiene que ser esta".
Y yo, pues, latinoaméricano me sentía así como un poco: "¿ Pero este qué está pensando? Viene desde por allá, ha hecho estudios en Alemania, y viene a decirme aquí: "Según mi definición de Teología, tu modo de hacer Teología latinoamericana tien que ser este"".
Y mi respuesta era: "A mí lo que me interesa es hacer Teología, me gusta la Teología, amo la Teología, pero no veo por qué tenga que hacer yo la Teología que a ti se te ocurre, de acuerdo con lo que estudiaste en Alemania".
O sea, "tú traes una definición de Latinoamérica, según lo que estudiaste en Francia o en Alemania y ahora yo, latinoamericano, tengo que caber en tu cabeza y tengo que caber en tu definición".
Pues algo parecido sucede aquí. Los angliganos lo están viviendo en carne propia. Decir que han pasado ya el punto de ruptura es decir poco; están mucho más allá del punto de ruptura. Es cisma abierto lo que hay en el Anglicanismo.
Lo que pasa es que el Anglicanismo es, entre otras cosas, el modo civilizado de convivir en cisma. Entonces bueno, ya una vez que esa es la definición, no hay problema; porque ya puede decir una cosa, ya puedes decir la otra y no pasa nada ahí no pasa nada.
Entonces tú te encuentars anglicanos que convocan a la asamblea para rezar el Rosario, con una imagen tan o más bella que esta que tenemos aquí, una imagen bella de la Virgen, adornada con flores y: "A ver, a rezar el Rosario: "Hil Mary, full of grace"", y arranca el Santo Rosario. Y en la otra cuadra están los otros anglicanos que están predicando: "Stop idolatry", porque están adorando a la Virgen.
O sea que una vez, que el Anglicanismo se ha convertido en una entidad tan supremamente difusa, tan supremamente borrosa, no tiene nada de extraño que esta clase de cosas sigan sucediendo.
Pero vuelvo a mi punto: resulta que se quiere planter como la gran ayuda misionera África, que se ordenen mujeres, y que sacerdotes casados, y no sé cuántas cosas, y las voces que llegan de allá no son exactamente ésas.
O sea que hay que tener mucho cuidado cuando pensamos que estamos haciéndole un favor a las culturas a las que llegamos, haciendo adaptaciones, que en el fondo no son adaptaciones que la gente está pidiendo. Hasta cierto punto, estamos secuestrando, estamos representando a nuestro antojo la opinión de las personas.
Pero el problema misionero de todas maneras sigue, y la necesidad de prencia en todos los estamentos de la sociedad también sigue.
Lo que podemos decir es esto: ¿qué decir sobre la presencia de los laicos? A ver, yo creo que lo más serio que hay aquí, es el tema de ver al sacedote como un funcionario. Cuando se habla de todas estas ampliaciones, que son de diverso orden teológico y disciplinar; no es lo mismo proponer que haya sacerdotes casados, a proponer que haya sacerdotizas.
O sea, el nivel teológico es distinto. Yo, personalmente, me siento mucho más cercano, o sea, me siento completamente lejano, me distancio completamnente de la postura de mujeres sacerdotes, creo que no corresponde a la voluntad de jesús, y creo que los argumentos que se han planteado en favor de lo que enseña la Iglesia, para mí son suficientes.
A ver, un resumen de esos argumentos es este: si Jesús mostró suficiente libertad para romper con lo que quiso romper, y así lo hizo, porque rompió con todo lo que quiso; eso de dejarse tocar, por ejemplo, por esta mujer, eso es una cosa inconcebible en el judaísmo entero; es que es inconcebible todavía hoy en el mundo semita.
Si Jesús tuvo suficiente libertad para romper con todo lo que quiso romper, y este es un dato que toca unir a la ipssísima intentio Iesu; si este es un dato irrevocable, a mí no me vengan a decir que fueron razones culturales las que detuvieron a Jesús.