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Fecha: 19970806
Título: Necesitamos descubrir a Cristo Transfigurado
Original en audio: 6 min. 45 seg.
Jesús, en oración, cambia su aspecto: se llena de luz, de gloria, de majestad. Y la presencia deslumbrante de Cristo en oración, se ve acompañada por dos hombres del Antiguo Testamento, tal vez los más grandes para el pueblo de Israel: Moisés, el legislador, testigo principal de la Alianza del Sinaí, y junto a él, Elías, el Profeta, el testigo de la fe en los momentos más duros y de mayor crisis de Israel.
A Elías, en efecto, le correspondió defender la fe del pueblo de Israel cuando aquel rey inestable y voluble, llamado Ahab. No reinaba él, sino reinaba su esposa, Jezabel, una mujer idólatra, perversa, cruel, egoísta, que alimentaba de los tesoros de la casa real a más de cuatrocientos falsos profetas.
Y con esos falsos profetas mantenía engañado a su esposo, el rey Ahab, y mantenía engañado a todo el pueblo de Israel. Jezabel es como la imagen de aquella persona astuta, intrigante, inescrupolosa, que logra el dominio político y económico, que logra también el dominio de la palabra, de los medios de comunicación, diríamos nosotros hoy.
En tiempos tan espantosos, Elías fue el gran testigo de la fe, el que llevó al pueblo a juicio, allá, junto al Monte Carmelo, y mostró delante de todos, que sólo Dios es Dios.
Pues bien, Moisés y Elías, que son como los personajes más representativos de la Alianza de Israel, aparecen aquí junto a Jesucristo. Porque, precisamente en Cristo, las antiguas alianzas y toda alianza entre Dios y el hombre, encuentran su plenitud.