P046002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19990501 p046002a

==Título:== EN PROCESO.

Original en audio: 41 min. 32 seg.

La estrategia misionera de San Pablo la conocemos. San Pablo iba recorriendo las regiones en donde había sinagogas, es decir lugares de oración y de enseñanza de los judíos, y allí predicaba en primer lugar a los miembros de este pueblo, que las promesas, aquéllas promesas que tienen su comienzo en Abraham, habían tenido y tienen su culminación en Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Pablo iba de un lugar a otro, buscando podríamos decir, a las ovejas de Dios dispersas, buscaba a los miembros del Pueblo de Dios para contarles la Buena Noticia, para decirles que ésa promesa de Dios se había cumplido en Jesucristo. Sin embargo el texto que acabamos de escuchar nos muestra que este anuncio no siempre fue bien recibido; algunos del pueblo judío lo acogieron bien, pero otros lo acogieron mal.

Como resulta que Jesús es la plena revelación del Padre, como lo hemos escuchado en el Evangelio, como resulta que Jesús es la oferta definitiva de Dios, aceptar o rechazar a Jesucristo es lo más feliz o lo más terrible que le puede pasar a uno en la vida. Y por eso quiero apoyarme en la Bondad de Dios en primer lugar y en las lecturas que hemos escuchado en segundo lugar, para meditar un poco junto con ustedes mis hermanos, en lo que significa aceptar o rechazar el Evangelio, o si lo vamos a decir de otro modo, por qué algunas personas aceptan y otras rechazan el Evangelio. Desde luego las lecturas de hoy no contienen todos los casos posibles, pero si tienen indicaciones que nos pueden ayudar para que nosotros aceptemos más el evangelio, para que nos guardemos de rechazar el evangelio y para que sepamos mejor cómo difundir el evangelio. Puedo decir que esta palabra Evangelio es como la que, quizá mejor engloba, contiene el sentido de las lecturas de hoy. Qué hace que una evangelización sea exitosa, qué factores influyen, qué hace que una evangelización fracase. Lo primero que hay que anotar es que no tenemos nosotros como evangelizadores, todos los factores en nuestra mano, este no es un proceso automático; esa es la primera enseñanza de hoy. Probablemente la humanidad no volverá a conocer un predicador como San Pablo y él después de Cristo, según mi criterio, el mejor predicador de todos los siglos, es a quien vemos aquí rechazado; es difícil creer que todas las fallas o todos los problemas estén de parte del evangelizador, más bien el evangelizador lo primero que tiene que aprender es que no tiene todos los factores en sus manos.

Una empresa que hace muebles, o papas fritas, o balones de caucho intenta tener el control sobre todo el proceso y hasta cierto punto lo logra, la empresa puede asegurar por ejemplo que se van a producir 1.500 balones de caucho al día, lo puede asegurar porque tiene controlado el proceso; el evangelizador lo primero que tiene que saber es que NO tiene controlado el proceso, es decir no está en nuestras manos, no está solamente en nuestras técnicas, no está solamente en nuestros esfuerzos, conocimientos, estrategias, penitencias, no está solamente en nuestros corazones el éxito de la evangelización, ni tampoco está completamente en nuestros corazones el fracaso de la evangelización. Esta es como la primera enseñanza.

Al ver el gentío convocado por Pablo y Bernabé a los judíos les dio mucha envidia. Quedando bien claro que el proceso de la evangelización no depende solamente del evangelizador, aquí nos encontramos con la primera causa de fracaso: la envidia, les dio mucha envidia. Estos judíos de los que se habla aquí, no eran cualesquiera judíos; si a ellos les preocupa que se congregue una multitud en torno a Pablo y Bernabé, es porque ellos era directores, líderes, jefes en su comunidad y lo que ellos nunca habían podido hacer, estos advenedizos lo logran en un momento: una multitud fervorosa, entusiasmada. Estos judíos no solamente no recibieron el evangelio para ellos sino que tampoco querían que ese evangelio creciera en las otras personas.

Si no nos estamos equivocando al tomar el orden cronológico, es decir el orden del texto como orden de importancia, el primer enemigo de la evangelización es la envidia; manera automática de frenar la evangelización: la envidia. ¿Desapareció esta envidia cuando se murieron estos judíos? No creo, los pecados tienen más vida que los pecadores. Envidia es cuando queremos que nuestro estilo sea el que triunfe y el que más congregue gente. Envidia es cuando queremos que nuestros cantos sean los que más resuenen, que nuestras ideas sean las que más se repitan, que nuestra voz sea la que más se escuche, que nuestras publicaciones sean las que más se lean, que nuestros videos sean los que más se admiren, que nuestros métodos sean los más empleados y que los triunfos estén siempre unidos a nuestros nombres y a nuestras personas, eso es envidia.

Estos judíos eran directores, eran pastores, jefes, y ellos ven el fracaso de sus métodos y ven el éxito de los métodos de Pablo y Bernabé, y en vez de alegrarse de que Dios visite al pueblo se entristecen porque no los visita a través de las palabras o del estilo de ellos. De este modo se convirtieron en adversarios de Jesucristo, ¡vaya cosa grave!. Por no aceptar que Dios tenía otro camino, otro estilo, otra manera. Esto no sólo existe en el mundo de hoy, me parece que hasta cierto punto cunde; cuando se oye hablar algunos grupos dentro de la Iglesia, la manera como se expresan de otros grupos dentro de la Iglesia, como buscando el pierde, como buscando el problema, como tratando de acusar de herejía, como tratando de excluir y como tratando de que quede claro que nosotros sí estamos en la verdad, es que nosotros si hemos vivido el proceso que todos esos pobres desgraciados no han conocido; cada vez que se habla así sea a nombre de la renovación carismática, de las manifestaciones marianas, del camino neocatecumenal, o de lo que sea, nos estamos convirtiendo en adversarios de Jesucristo y una parte fundamental del mensaje del Señor se quedará afuera de nosotros, la estaremos perdiendo para nosotros.

A los judíos les dio mucha envidia, respondían con insultos a las palabras de Pablo. Qué voy a decir yo: ¿que el segundo enemigo del evangelio son los insultos? Esto tiene que ver con el modo como obraban los judíos me parece que sirve conocer un poco del ambiente judío. Responder con insultos es la manera como aquí traducen del griego y luego del estilo de vida de los judíos, qué es lo que se nos está diciendo aquí. De lo que se está hablando aquí es de las disputas, de las discusiones no dice (fíjate que parece un detalle), a los judíos les dio mucha envidia, y se pusieron a insultar a Pablo, no dice ‘insultaban’, sino respondían con insultos. Esa expresión en castellano traducción del respectivo término griego lo que quiere decir es que, en las discusiones o en las disputas con Pablo se alteraban y llegaban hasta los insultos. De lo que se nos está hablando aquí no es del acto de pararse, hablar mal del otro, decirle groserías al otro…, ése no era el problema. De lo que se está hablando es que entraban en disputa con Pablo y cuando se les acababan los argumentos empezaban los insultos. Responder con insultos se refiere a ese contexto de discusión.

El segundo enemigo del evangelio entonces cuál es, siguiendo ese orden de importancia son las discusiones. ¡Qué tipo de discusiones! Aquellas en que ya no se quiere encontrar la verdad sino se quiere tener la razón. Cuando una persona quiere ganar la discusión ya no quiere ganar al discípulo. Y así como estos judíos con sus celos parecía que estaban sirviendo a Dios, pero terminaron siendo sus adversarios, así también a una persona que le gustan las discusiones en algún momento le parecerá que quiere ganar gente para Dios, pero la estará apartando de Dios. Este es un discernimiento muy delicado que hay que hacer en el corazón. Estos judíos se exasperaban y llegaban hasta las malas palabras porque necesitaban ganar la discusión, no que ganara Dios sino que ganaran ellos. Segundo enemigo del evangelio: discutir con el corazón puesto en la Victoria de la discusión.

En general discutir es un ejercicio estéril; en general las conversiones no vienen de las discusiones porque una discusión es la manera más segura de que el adversario se aferre a lo suyo; supongamos que yo estoy en lo correcto y supongamos que entro en discusión con otra persona, si la verdad está de mi lado pero yo entro en un proceso de discusión, yo me aferraré a lo mío, supongamos que es la verdad, pero el otro se aferrará a lo suyo y cuanto más agarrado esté a lo suyo, la multiplicación de mis palabras no le ayuda a él a acercarse a Dios.

Las discusiones no son buena idea, regularmente no lo son; pero hay unas discusiones que no sólo son mala idea sino que son obstáculo para el evangelio, aquellas discusiones en las que uno a toda costa quiere ganar, ése tipo de discusiones son especialmente estériles. Y, bueno, esto tiene enseñanza tanto para el evangelizador como para el evangelizado. Una discusión que la persona quiere ganar a toda costa no es buena para el evangelizador porque sin darse cuenta, la soberbia que es la más penetrante y la más sutil de todas las lacras del alma, se le entrará; mantener una discusión en perfecta humildad y paz es muy difícil, luego la enseñanza para el evangelizador es: hasta donde te sea posible, hasta el último extremo, evita la discusión. ¿A nosotros que nos corresponde? Nos corresponde de acuerdo con lo que dice el Apóstol San Pedro dar razón de nuestra esperanza, nos corresponde tener una palabra para dar razón de aquello en lo que creemos, hasta ahí podemos llegar.

Pero tener nosotros como evangelizadores la pretensión de que nos podemos batir con cualquiera y hacerle creer que está equivocado, esa presunción deja que se nos entre la soberbia y hace que el otro se aferre a lo suyo y las dos cosas son mortales para el evangelio. Eso en cuanto al evangelizador, pero recordemos que antes de ser evangelizadores fuimos evangelizados y antes que ser grandes propagadores del evangelio tenemos que ser grandes realizaciones del evangelio. La mejor propagación del evangelio es que él se realice en nosotros. Y no está tanto en la abundancia, elocuencia o buena compostura de las palabras, como en la presencia evidentísima de la gracia en nuestras vidas, por eso no solo hay que pensar en estos asuntos de evangelización como si yo estuviera hablando aquí de técnicas, sino hay que pensar qué hago yo, yo, para recibir mejor el evangelio.

Con este tema de las discusiones hemos visto entonces, que el evangelizador debe tener prudencia, evitar al máximo la discusión, tratar de limitarse sólo a dar razón de lo que cree, mantener la humildad, en fin…, pero nosotros mismos en cuanto evangelizados qué podemos hacer para que el evangelio prospere, pues también ahí tenemos que evitar las discusiones, y en qué consiste esto: Pedir a Dios que nos dé una apertura infinita a la verdad, que nos dé amor a la verdad y que nos dé alegría por la verdad. Una pregunta hecha a tiempo puede constituirte en un discípulo de Cristo, pero la insistencia de preguntas como éstas con las que los fariseos querían coser a Pablo y Bernabé o como cuando los fariseos querían atropellar con preguntas a Cristo, o como cuando los escribas querían sepultar con sus palabras a Jesús….

Un alud de preguntas muchas veces no tiene detrás amor por la verdad, sino la expresión de otros sentimientos que uno tiene en el corazón. Cuando estos judíos acosaban a preguntas y querían hundir con preguntas a Esteban, a Pablo o a Cristo, no querían verdad, querían causarle confusión a la otra persona para destruirla, si uno no está atento, puede empezar a preguntar y preguntar no por amor a la verdad sino en el fondo, por una especie de afirmación de sí mismo o por causarle confusión a la otra persona; esto es veneno puro para el alma y desde luego un obstáculo para la evangelización.

Por eso ¿es válido preguntar? ¿Dentro de la Iglesia católica es válido preguntar? Claro que sí, uno puede preguntar, pero vigila el corazón que pregunta, vigílalo tú mismo, vigila que hay en ese corazón, si hay ansia, hambre de la verdad, alegría por la verdad, adoración por la verdad, revisa cómo está tu corazón cuando preguntas, porque así como la soberbia en el evangelizador, puede obstaculizar el proceso de evangelización y hacerlo estéril en discusiones así también hay una especie de soberbia, cínica, oculta, malvada, perversa, que se le puede entrar al discípulo que quiere preguntar no para aprender sino para ver el fracaso de la teoría, del maestro, o del predicador… Hay que pedir a Dios que nos dé corazones humildes, limpios y que a todos nos dé alegría por la verdad.


Bueno, hemos encontrado así unos obstáculos para la evangelización: la envidia, que en este caso la hemos traducido como el deseo de que Dios solo obre a través de nosotros, nuestro estilo, nuestro movimiento, nuestra manera; luego las discusiones en el sentido de pretender tener la razón a toda costa, o en el sentido de preguntar mal, preguntar con un corazón perverso. Pero ahora miremos un poco, siguiendo la secuencia del texto, qué sucede, qué hace Dios ante estos fracasos de la evangelización, porque Dios no se queda así. Nos dice san Pablo: El que nos dio a su propio hijo, cómo no nos va a dar con él todas las cosas. Dios no se va a quedar así; si tú fracasas, o si alguien fracasa contigo, Dios no se va a quedar así. Entonces es bueno saber cómo responde Dios a estas limitaciones de la evangelización. Y la respuesta es siempre la misma; 'Si ni te interesó a ti, ya habrá a quien le interese'. CONTINUA…