I141002a
Fecha: 19990705
Título: Cuando llega la visita de la gracia
Original en audio: 16 min. 10 seg.
El hermoso sueño que tuvo Jacob, -"Ángeles que subían y bajaban, y Dios mismo al final de esa escalinata" (véase Génesis 28,12-13)-, le abrió a Jacob el misterio de su camino.
¿Por qué estaba Jacob en camino? Él iba huyendo. Iba huyendo, porque con el beneplácito y la complicidad, diríamos, de Rebeca, había sonsacado bendiciones y primogenitura a su padre, Isaac.
Desde luego, esto no le había gustado ni poquito al que tenía el derecho primero sobre esas bendiciones, es decir, a Esaú. Por tanto, Rebeca, que evidentemente tenía preferencia por Jacob, lo pone en camino, lo empaca rapidito, lo manda al desierto, y Jacob sale huyendo.
Hasta ese instante, lo que tenemos es, que la preferencia, casi me atrevo a decir, el capricho de Rebeca, ha sido el protagonista de la huida del camino de Jacob.
Jacob es en ese momento un fugitivo, que huye de un peligro. Y Jacob es en ese momento un fugitivo, porque los caprichos, las preferencias, los gustos de la mamá, lo han puesto en esa historia.
Es decir, que hasta este sueño, hasta el sueño de la escalinata, Jacob podía leer su vida como el resultado de afectos, gustos, caprichos, reyertas, aversiones humanas.
Hasta este punto, hasta este sueño, Jacob lo que siente, es: "Mi mamá me quiere, y mi hermano me odia. Mi mamá me prefiere, pero mi hermano no puede verme. ¡Me voy! ¡Desaparezco!"
Él no está haciendo un camino para Dios, ni un camino hacia Dios. Él está haciendo un camino de huida de los hombres. Sin embargo, se encuentra con este sueño, que más allá de los planes humanos, más allá de las simpatías y de las aversiones humanas, era Dios mismo el que tenía un plan.
Dios le cambió el caminado; no le cambió el camino. Mas, sí le cambió el caminado a Jacob. Jacob siguió su camino, pero ya caminaba de un modo distinto.
Porque, ahora ya sentía que su camino no era huir del peligro, sino acercarse a su Señor. No era seguir los caprichos de la mamá, sino la voluntad de su Dios. No era complacer a los corazones humanos, sino agradar al Señor, el que había hecho alianza con su padre, Isaac, y con su abuelo, Abraham.
Pensemos en lo que esto significa para nuestras vidas. También nosotros estamos sumergidos en mares de simpatía y de antipatía. En nuestras vidas ha habido "Rebecas", es decir, aquellas personas a las cuales sin hacer nada, como que les hemos caído muy bien. Y también ha habido "Esaúes", -¡qué plural tan feo!-, que nos detestan.
Y uno puede pasar su camino por esta tierra entre las olas de la simpatía y las olas de la antipatía. Uno puede andar por esta tierra así: acumular algunos bienes y dar vueltas por el mundo, solamente sintiendo que hay olas a favor y hay olas en contra. Esa es la versión humana, demasiado humana, meramente humana de nuestra vida.
Jacob recibió en sueños la visita de estos Ángeles y una contemplación de la gloria y la majestad de Dios. Descubrió, que en ese camino de antipatías y simpatías, había también un querer divino.