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Fecha: 19970629
Titulo: La solemnidad y la gracia de los Apostoles Pedro y Pablo
Original en audio: 7 min. 5 seg.
Queridos Hermanos:
En esta solemnidad de los Apóstoles por excelencia, Pedro y Pablo, meditemos un momento los textos que nos ofrece la Iglesia.
En primer lugar, esta el relato del Capítulo 12 del Libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos cuenta la liberación del Apóstol Pedro. Herodes se ensaña contra la Iglesia, la persigue, hace pasar a cuchillo a Santiago para darle gusto a los judíos, y como ve que la cosa gusta, entonces ya tiene listo a Pedro para presentarlo también al pueblo como un segundo trofeo de su gestión como rey.
Recordemos que este rey Herodes no tenía autoridad alguna para presentarse como rey, este Herodes no pertenecía a la dinastía del rey David, (la dinastía Davidica) simplementa había resultado como rey, él, que era de ascendencia idumea porque su papá y el papá de su papá habían usurpado ese puesto hacía algún tiempo, y por eso, este Herodes como todos los Herodes, tenía que estar contentando por un lado al imperio romano y por otro lado a los judíos. Triste gobierno el de este Herodes, que tenía que estar dando contentillo a unos y a otros y que cuando se da cuenta de que a los judíos, a esos judios les gusta que se persiga a la Iglesia, entonces pretende darles gusto de esa manera.
Pero Dios veía las cosas de otro modo. Resulta que Pedro esta encadenado en la cárcel y el día antes de ser presentado a los judíos, Dios lo saca de cárcel. Esto tiene hasta su chiste y su ironía, porque resulta que Herodes iba de todas maneras a sacarlo de la cárcel para presentarlo a los judios, y Dios lo saca de la cárcel para que Pedro predique a los judios, porque efectivamente, este apóstol ni por estas ni por otras, dejará de predicar.
Herodes quería sacar a Pedro de la cárcel y presentarlo al pueblo, y Dios quería sacar a Pedro de la cárcel para que Pedro predicara al pueblo. Y sucede el acontecimiento que nos narran los hechos de los apóstoles. No podía se mayor el aparato de seguridad, cuatro grupos de cuatro solados, y este hombre duerme encadenado entre dos solados.
Pues Dios se rie de las cadenas, de las puertas, de los soldados y de las bravatas de Herodes y saca a Pedro. ¿Porqué? Porque la Iglesia estaba orando por él. ¿Porqué? Porque reconocia en Pedro el testigo privilegiado del acontecimiento de la Resurrección. Esa es la grandeza de los apóstoles. Son los testigos por excelencia de que aquél que murió en la Cruz, verdaderamente ha resucitado. Y aquel que murió por amor, Resucito por la Gloria del Padre
Sin embargo, y de esta forma, el Señor reafirma la fe de Pedro y muestra una vez más, que por encima de cualquier autoridad terrenal y de cualquier pueblo, está su palabra y su poder.
En segundo lugar, nada de extraño tiene reconocer la obra de Jesucristo en un Santo como Pedro, a quien tantos pasajes nos lo muestran con su carácter impetuoso, pero al mismo tiempo incrédulo, apasionado, cobarde y valiente, o que haya una celebración litúrgica para aclamar la obra de Cristo en San Pablo, para contar quién fue y todo lo que la gracia de Dios construyó en él.
Lo que sí puede parecer paradójico es que habiendo tanto que celebrar en cada uno de estos Santos, la Iglesia los haya reunido en una misma solemnidad, y esto desde tiempos antiguos.
¿Por qué los unimos si había tanto que celebrar en cada uno de ellos? ¿Por qué una misma celebración para ambos? Se pueden dar varias explicaciones, voy a comentar dos.
La primera, porque no estamos celebrando ni a Pedro ni a Pablo, sino precisamente la gracia en ellos. Puede decirse que en Pedro y en Pablo están las obras más acabadas de la gracia de Dios entre sus Apóstoles y por eso, como queremos celebrar la gracia que hace apóstoles, se escogió a los que son los príncipes entre ese grupo, esa es una razón.
La otra razón, es porque Pedro y Pablo, en su complementariedad, nos ayudan a mirar en conjunto el misterio de la Iglesia. Si empezamos a mirar detenidamente, encontramos en Pedro a aquel gran predicador que confirma el anuncio de Jesucristo como respuesta del Padre Celestial a las antiguas promesas, esto para los judíos; Pablo es el que entreabre esas riquezas, para que también fluya el manantial de la gracia en medio de los no judíos.
De manera que en Pedro encontraríamos la respuesta generosa del pueblo de Israel a la promesa de Dios cumplida en Cristo, mientras que en Pablo encontraríamos cómo esa riqueza se extiende mas allá de las fronteras de Israel vertiéndose en los demás pueblos, incluidos nosotros.
Por eso al celebrar conjuntamente a Pedro y a Pablo, estaríamos festejando cómo el Evangelio es al mismo tiempo el cumplimiento de lo prometido al pueblo judío y la extensión de esa promesa a todos los pueblos, los pueblos gentiles, nosotros.