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Fecha: 20000625
Título:
Original en audio: 19 min. 23 seg.
Queridos hermanos:
Había en la Iglesia hasta hace unos años dos fiestas: una, la más conocida, la más nombrada y la que en cierto modo le sigue dando su título en latín al día de hoy: “Corpus Christi”, el Cuerpo de Cristo; esa era una fiesta. Y había otra fiesta mucho más pequeña, más modesta, litúrgicamente hablando, la fiesta de la Sangre de Cristo.
Después de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II estas dos fiestas se unieron con una cierta lógica. Parece más normal celebrar junto con el Cuerpo la Sangre; el Cuerpo y la Sangre santísimos de Jesucristo. La fecha tradicional de esta fiesta del “Corpus Christi” cuando así se llamaba, era el jueves después de la celebración de la Santísima Trinidad.
Pero la única razón para que fuera un jueves es porque los textos se refieren a la institución de la Eucaristía que sucedió un jueves. Hoy en la Iglesia hay algunos países como España e Italia que siguen celebrando la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo en el jueves después de la Santísima Trinidad, es decir, fue el jueves pasado.
Otros países como Estados Unidos y como nosotros mismos, celebramos esta fiesta en el domingo; elección con la que yo, por cierto, estoy de acuerdo, por la sencilla razón de que el domingo es el día del Señor, y por eso las celebraciones que tienen como centro el misterio de Jesucristo, celebraciones como la Ascensión, Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote o como la de hoy el Cuerpo y Sangre Santísimos de Cristo, esta celebración desde ese punto de vista que yo comparto, quedan mejor en el día del Señor, para que este día sea ante todo un día que le pertenezca a la gloria de Jesucristo.
Esa es una anotación histórica y litúrgica que nos ayuda a celebrar con más conciencia lo que venimos a hacer a la Iglesia, y de pronto alguien al venir hoy al templo no sabía lo que iba a celebrar, por favor tome nota de estas palabras, para que el año entrante, cuando usted vea que se celebra la Santísima Trinidad, ya usted sabe, el siguiente domingo vamos a tener el Cuerpo y Sangre Santísimos de Jesucristo.
Terminada esa nota yo quiero compartir con ustedes alguna reflexión en este año, una reflexión sobre la Sangre de Jesucristo. Porque resulta que cuando se juntaron esas dos fiestas, la del Cuerpo y la de la Sangre, como para la devoción y adoración del Cuerpo tenemos, por ejemplo, la procesión que se realizó en muchos lugares el jueves pasado y este domingo, la procesión con la Hostia consagrada por los conventos, por las calles de la ciudad. Es más fácil, es como más cercano psicológicamente tal vez hacer referencia al Cuerpo de Jesucristo por su presencia real y verdadera en la Hostia consagrada.
Fíjese usted que no hemos hecho procesiones con la Sangre de Jesucristo; de pronto deberíamos hacer también de tanto en tanto una celebración pública de adoración al misterio de la Sangre de Cristo y a la presencia de Jesucristo en ese vino consagrado, así como lo celebramos en la Hostia consagrada.
El hecho es que aunque las lecturas, por ejemplo en este año, hacen tanta mención de la Sangre del Señor, en las predicaciones que escucho y a donde yo oigo que se predica en esta fiesta, siempre se dirige hacia el Cuerpo y resulta que hoy necesitamos, estamos urgidos de un amor renovado a la Santísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.
No desde luego, para entrar en comparaciones con nada, por ejemplo, con el Cuerpo de Cristo, sino simplemente que es otra mirada al mismo misterio, y cada uno de los ángulos de los que podemos contemplar a Jesús nos enseña algo, nos muestra algo. Mirar a Jesús desde distintos ángulos es como recorrer los acordes de la melodía de su amor y dejarnos empapar por ese amor en toda la extensión de nuestro ser.
Por eso vamos a hacer alguna reflexión sobre la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Los textos bíblicos y las predicaciones elocuentes y las meditaciones profundas de los santos vienen en nuestra ayuda.
Lo primero que recuerdo en este momento es un texto que estuve meditando durante esta semana porque estuve acompañando un retiro de un grupo de religiosas, y hablábamos sobre la oración, la oración en una santa, en Catalina de Siena. La enseñanza de catalina de Siena sobre la oración. Y entre los textos que leíamos había uno, una especie de revelación de Dios Padre a esta santa doctora de la Iglesia.
Le decía Dios Padre a santa Catalina: “la caridad, mi caridad, mi amor por vosotros se ha hecho visible en lo visible de la Sangre de Jesús”. La Sangre de Jesús con su escándalo, con su escarlata, ¿a quién no le impresiona ver sangre? La Sangre de Jesús con su escándalo, con su impacto es un grito de amor de Dios, es la expresión del amor divino. En la Sangre de Jesucristo se une la violencia y el poder del pecado que no se detiene ante una carne inocente. 8:02