I125002a
Fecha:19990625
Título:
Original en audio: 12 min. 2 seg.
Abraham se sintió tan desbordado por la promesa de Dios que le dio fue risa. Un centenario, un hombre de cien años va a tener un hijo, y Sara a los noventa va a dar a luz; y suelta la risa Abraham; y Sara también se rió mucho, Sara también oyó esa promesa.
Cuando aquellos personajes misteriosos que iban de camino a Sodoma, se le aparecieron y le dijeron a Abraham: "Dentro del tiempo de costumbre, que parece que era el modo de hablar para decir un año, dentro del tiempo de costumbre pasaremos y tu esposa tendrá un hijo" [[ ]].
Y Sara que estaba presenciando esa conversación, oyó que iba a tener un hijo, y dijo: "Yo ya seca, ¡y voy a tener un hijo!" y soltó la risa también.
La risa de Abraham, la risa de Sara es también como un comienzo de sanación. En los comienzos de la ida religiosa, por ejemplo, abunda la risa. Yo me acuerdo de postulante en la cuidad de Villa de Leyva, si a mí me preguntaran: "¿Qué hizo usted de postulante?" Yo diría: "Aparte de reirme..."
¡Era una risa! ¡Todo nos daba risa! Se parecía a la risa de Abraham o a la risa de Sara, porque nosotros, gente ignorante, que nunca había tenido en sus manos una Liturgia de las Horas ni cosa parecida, íbamos a aprendera orar con esos textos.
Desafinados como una cría de gatos, tratando de aprender 2:28 ; pero entre lo solemne y lo ridículo no hay sino un paso, y ese paso lo iba dando uno de postulante y de novicio.
La promesa de Dios es seria y es solemne. La risa de Abraham, la risa de Sara es ese pasito que hay entre lo solemne y lo ridículo.
Pero si se puede pasar de lo solemne a lo ridículo, también se puede pasar de lo ridículo a lo solemne. La vida nuestra en muchos aspectos es ridíula. Y hasta cierto punto es buen síntoma de salud mental poder reírse uno un poco de sí mismo.