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Fecha: 20030615

Título:

Original en audio: 17 min. 14 seg.



¿De donde resultó la Iglesia enseñando que Dios es Padre Hijo y Espíritu Santo? Eso surgió de la manera como vivía Cristo, de la manera como hablaba Cristo y de la obra que hizo Cristo y luego se confirmó por la acción del Espíritu Santo en medio de la comunidad de los discípulos de Cristo.

Así fue como sucedieron las cosas, resulta que Jesucristo empieza a obrar con una libertad, con una autoridad y al mismo tiempo con una confianza tan perfecta, tan íntima, que el llamaba el Padre, una confianza tan cercana, tan íntima que eso empezó a escandalizar a la gente que lo conocía.

Jesucristo no fue el primero en utilizar la palabra Padre para referirse a Dios, ya en el Antiguo Testamento se utiliza esa palabra "Dios es nuestro Padre" "Dios es el padre de Israel".

Se hablaba de Dios como padre de un pueblo, porque Dios hizo nacer ese pueblo, ese pueblo no existía, salió del designio de Dios, salió del poder de Dios, por eso se hablaba de Padre.

En el Antiguo Testamento también se hablaba de Dios como padre referido al rey, el rey de Israel era llamado hijo de Dios, un poco por contagio, llamémoslo así, un poco por asimilación a las costumbres de otros pueblos que hablaban de los reyes, de sus reyes como hijos de los dioses.

De manera que los israelitas también hablaban de su rey como hijo de Dios. En el salmo 110 encontramos por ejemplo esa expresión "tu eres mi hijo yo te he engendrado hoy".

Y el día que se consideraba al rey de Israel engendrado, es decir, como vuelto a crear por el poder de Dios, es en el momento en el que asumía el reino, en el momento en el que era entronizado recibía la coronación y sobre todo recibía la unción.

El día en el que recibía la unción era el día en el que se le llamaba que era engendrado por Dios, porque efectivamente, los israelitas tenían muy claro que únicamente Dios reina, solamente Dios es rey, entonces ¿Cómo puede haber un Dios que es rey y al mismo tiempo un rey, una persona humana que es rey en Israel?

Para solucionar eso, esa formulita tan bonita de que el rey era el hijo de Dios, era una expresión que se utilizaba, como diciendo, lo que Dios quiere es lo mismo que quiere su Hijo.

En el Antiguo Testamento, tenemos estos dos precedentes, el pueblo se consideraba como nacido de Dios y llamaba a Dios Padre ¿No eres tu nuestro Padre desde el principio? (Isaías 63, 16) Y los reyes eran llamados y bueno podían considerarse hijos de Dios en el sentido de que participaban como de la autoridad y de los designios de Dios.

Pero Jesús, Jesús empieza a hablar de una manera tan libre, con una autoridad tan grande, tan grande, por ejemplo eso de en la oración, utilizar la palabra Padre.

Además no era siempre la palabra Padre, sino era esa otra palabra cariñosa, la palabra papá que en hebreo es Abbá, papá.

Jesús empieza a hablarle a Dios de una manera tan íntima, que la gente se queda como extrañada, "este se considera verdaderamente hijo de Dios" (Mateo 14, 33) y algunos de ellos, a veces, como El tuvo tantas discusiones con la gente de esa época, algunas veces Jesús salía con cosas como estas: “bueno, ¿Usted por qué hace milagros en sábado? (San Lucas 6,2) el sábado es el día de descanso, ¿Por qué hizo este milagro? y dice Jesús: “mi papá sigue trabajando y yo también trabajo” (San Juan 5, 17).

Claro, no cualquier trabajo hace Dios, "mi papá también sigue trabajando y yo trabajo" y eso, sobretodo en el evangelio de Juan, donde van apareciendo una serie de expresiones tremendamente audaces, esa manera como habla Jesús.

Si nosotros nos vamos a los capítulos finales del evangelio de Juan, es una cosa que da vértigo, esa manera de hablar Jesús sobre su papá y empieza a decir cosas como: “es que todo lo que tiene mi Padre es mío y todo lo mío es de mi Padre” (San Juan 16, 15).

Nadie nunca había hablado de esa manera, nadie había hablado de Dios de esa manera, los judíos eran tan respetuosos de Dios, que en la época de nuestro Señor Jesucristo ni siquiera pronunciaban el nombre de Dios.

Cuando en la Biblia encontraban las letras del nombre de Dios, eso equivale en español Yhwh, lo que se suele pronunciar Yhavé, cuando se encontraban con esas letras no pronunciaban Yahvé, sino decían otra cosa, decían “El Altísimo” decían “El Señor” ni siquiera querían pronunciar el nombre de Yahvé.

Y llega Jesús a decir con que "mi papá y todo lo que tiene mi papá es mío y todo lo mío es de mi papá" y decía cosas como: “yo hago siempre lo que a El le agrada" (San Juan 8,29) es decir, las palabras de Cristo o son las palabras de un loco o son las palabras de alguien que nunca, nunca había pisado esta tierra.

Alguien así nunca habíamos conocido, entonces es Jesús el que introduce en una dinámica de confianza con Dios y cuando los discípulos le preguntan, en otra oportunidad, que les enseñe a orar, lo que hace Jesús es meter a los discípulos en esa misma relación de confianza y por eso nos enseñó a rezar: “Padre nuestro del cielo” “Padre nuestro que estás en los cielos”(Mateo 6,9).

Esa confianza y esa relación entre Cristo y el Padre es la que sirvió para ver realmente si el misterio de Dios era como mas complejo y al mismo tiempo mas rico y mas fecundo de lo que podíamos imaginarnos.

Muere Jesucristo en la cruz y nosotros nos encontramos en que la manera como muere Cristo es como muere otra persona, si tomamos a una persona y la azotamos, la azotamos y le sacamos sangre a fuerza de golpes y en medio de esa deshidratación la colgamos de un palo donde casi no puede respirar, pues al cabo de unos minutos o de unas horas se muere, como se murió Jesús.

En ese sentido, vemos en Jesús la muerte de una persona como se podría morir cualquiera de nosotros; pero luego vemos en Jesús una serie de características en la manera de morir que empezamos a decir ¿Pero quien es este?

Por ejemplo, Jesús recibe mucho odio, pero no odia, Jesús está orando por sus enemigos, Jesús está perdonando, Jesús está entregando todo, de pronto uno se da cuenta de que en la cruz, realmente lo que estaba haciendo Jesucristo, era dando todo, estaba entregando todo y esa capacidad de disponer de todo su ser, esa capacidad de dar todo de si mismo, es una cosa que nos impacta.

Haber, Jesús hizo muchas cosas maravillosas durante su vida; pero esas cosas maravillosas también las han hecho otras personas, incluso después de Jesús y el mismo Jesús dijo a los discípulos “si ustedes creen en mi van a hacer las mismas cosas y aun mayores” (San Juan 14, 12) o sea que no es tanto por los milagros de Jesús por lo que nosotros afirmamos que en Jesús hay un misterio de divinidad.

No es tanto por los milagros, porque los milagros también vemos que lo han hecho otras personas y a veces le cuentan a uno, que tal o cual personaje, de tal o cual religión, que sanó a una persona, que le dio la vista a no se quien, que caminó sobre el agua, cosas que se cuentan de Jesucristo, o sea que nosotros no afirmamos la divinidad de Jesucristo tanto por los milagros de Cristo, sino por la manera de morir ¿Qué tal eso?

La razón principal por la que nosotros creemos que Jesucristo es Dios es por la manera que murió, porque esa capacidad para entregar todo, esa capacidad de amar hasta el extremo, esa capacidad de disponer de su propio ser para ofrecerlo en amor para la salvación de nosotros, eso es algo que supera a todo ser humano.

De manera que ahí está la gran paradoja de la cruz y ahí está la gran enseñanza que es el corazón de nuestra fe, ahí esta el corazón de nuestra fe.

Cuando Jesús está perfectamente desocupado de si mismo, cuando ya parece sub-humano, cuando parece menos que humano, es cuando al mismo tiempo descubrimos más su entrega, su absoluta y total entrega y ahí es donde nos asombra hasta el extremo su infinito amor.

Por eso en la cruz de Jesucristo, sobre todo en la cruz, es donde descubrimos un misterio de amor y un misterio de amor y un misterio de donación que nosotros decimos “aquí hay algo que es mas que humano” esa manera de amar y esa eficacia de amor son mas que humano.

Fíjate que el evangelio según San Marcos cuenta, como en el momento en el que se murió Jesucristo, el Centurión que estaba ahí, que era un hombre acostumbrado a torturar, un hombre con corazón de piedra, un hombre cruel, insensible, un hombre encallecido, de esa gente que todo le importa un bledo, un hombre de esos ve morir a Jesús y siente que el corazón se le parte por la mitad y dice: “verdaderamente este era el hijo de Dios”.

Es decir, que hay una eficacia de revelación en la muerte de Jesucristo, que nos lleva a descubrir que ahí hay algo muy grande, que ese es el Hijo de Dios.

Lo que dijo el centurión fue eso “verdaderamente este era el hijo de Dios” (San Marcos 15, 39) pero lo grande de eso que dijo el Centurión, es que lo dice no cuando Jesús aparecía mas engrandecido, sino precisamente cuando aparecía mas humillado, la misma frase que decían los israelitas cuando coronaban a sus reyes, esa es la misma frase que dice el Centurión cuando Jesús muere.

Pero entonces empezamos a pensar quien es Jesucristo que ha hecho tanto por nosotros, quien es Jesucristo que ha vivido como ha vivido y sobre todo, que ha muerto como ha muerto.

Quien es ese que nos ha amado así para morir así, y empezamos a ver que en Jesús hay muchos parecidos y es como nosotros en muchas y cosas y verdaderamente humano como nosotros; y le duele y tiene sed y es tentado y se cansa como nosotros; pero empezamos a ver que la dinámica de amor y de donación que hay en Jesús es algo que solo habíamos visto cuando nos predicaban bien sobre Dios y empezamos a decir “verdaderamente tiene que ser Dios” (San Marcos 15, 39).

¿Por qué nosotros recibimos el perdón de los pecados por Jesucristo y no por Jeremías que fue un gran santo o por Isaías que fue un gran predicador? Nosotros empezamos a descubrir que en Jesucristo ha sucedido un misterio, en Jesús aparece algo que no ha tenido ningún profeta.

Y poco a poco se nos va como iluminando la mente y llega un momento en que la Iglesia dice junto con el apóstol San Juan “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios y la palabra era Dios” (San Juan 1, 1).

Es un momento muy grande, es un momento muy bello, Juan llama a Jesucristo la Palabra, porque así como nuestras palabras sirven para expresarnos a través de Cristo, Dios se ha expresado.

Cristo es la revelación de Dios, pero si profundizamos en cómo sucedió esta revelación, llegamos a una conclusión: que de esa manera de vivir, esa manera de amar, de servir y sobre todo, de entregarse y de esa manera de morir, Jesucristo es Dios.

Pero aquí es donde empieza el problema y luego me dirá que hacemos, porque se supone que Dios es uno, Jesucristo nos revela el misterio de Dios y al mismo tiempo deja abierto como un abismo en donde nuestra mente no termina de entender.

Porque no podemos negar que Dios es uno, eso no lo podemos negar, sabemos que Dios es solamente Dios, solamente es uno, pero también sabemos que Jesucristo es Dios y también sabemos que lo que conocemos de Dios lo conocemos a través de Jesucristo.

Entonces terminamos por admitir que Jesucristo es Dios; pero Jesucristo evidentemente que cuando estaba orando, le estaba orando al Padre.

Entonces entendemos que en Dios hay un gran misterio, que es el Padre y el Hijo; y luego entendemos, pero tenemos que resumir porque no podemos extendernos mas, y luego entendemos como hemos llegado a esa conclusión, porque Dios mismo ha obrado en nosotros, nosotros llegamos a reconocer el misterio de Jesucristo, no por nuestra potente inteligencia ni por nuestros muchos estudios, llegamos a reconocer el misterio de Jesucristo por el auxilio piadoso, el auxilio compasivo que nos da el Espíritu Santo.

Llegamos a entender el misterio de Jesucristo, porque el Espíritu habita en nosotros; y llegamos a entender que si el Espíritu habita en nosotros como un templo, verdaderamente el Espíritu Santo es Dios.

Y así llegamos a afirmar que Jesucristo es Dios y que el Espíritu Santo es Dios; y sin embargo sabemos que Dios es solamente uno.

A esto ha llegado la Iglesia con dificultad y eso ha habido confusiones y ha habido gente que ha dicho cosas que no son; pero finalmente la Iglesia ha llegado a esa convicción, que Dios es uno, que el Padre es Dios, que el Hijo es Dios, que el Espíritu Santo es Dios.

Que el Padre no es el Hijo, que el Hijo no es el Padre ni el Padre es el Espíritu; ni el Espíritu es el Padre. Que son distintos, evidentemente como personas, pero que evidentemente tambien es una sola su naturaleza y que son solamente Dios.

Mucha gente ha reflexionado sobre esto y han escrito muchas cosas y a veces pasa, que en cuanto uno mas lee, uno mas se confunde.

A veces parece que los mas sencillo es hacer lo que hemos intentado ahora, recordar esta hermosa historia, descubrir que Jesús nos ha mostrado quien es el Padre y que Jesús mismo es Dios, descubrir que el Espíritu nos revela quien es Cristo; pero que el mismo Espíritu es Dios y descubrir que nosotros mismos, abrazados por el Hijo y el Espíritu, llegamos a llamar a Dios Padre.