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Fecha: 20000505
Título: la multiplicacion de los panes
Original en Audio: 18 min. 9 seg.
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Hermanos:
Este es uno de los milagros más conocidos de Nuestro Señor Jesucristo. La multiplicación de los panes es un milagro del que nos hablan los cuatro Evangelios, pero en el evangelio de hoy, de Juan, tiene algunos datos propios y su particularidad, por ejemplo, ese diálogo entre Jesús y sus discípulos antes del milagro. De ese diálogo quisiera yo hacer un comentario.
Jesús le pregunta a Felipe: "¿Con qué compraremos panes?" San Juan 6,5, Felipe responde: “Doscientos denarios no bastan para que a cada uno le toque un pedazo” San Juan 6,7. La actitud de Felipe es orientada a pensar que no hay nada que hacer.
Interviene otro discípulo al que Jesús no le había hablado, este se llamaba Andrés, hermano de Pedro, quien dice: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos? San Juan 6,9.
Veamos la actitud de Felipe: "No hay nada que hacer", y la actitud de Andrés: "Aquí hay algo, es muy poquito, pero aquí hay algo". Primera enseñanza para nosotros: hay que decirle a Jesús la frase de Andrés: "Aquí hay algo".
¿Qué hizo Jesús con la frase que dice Felipe? Nada! ¿Qué hizo Jesús con la frase de Andrés? Un milagro que le calmó el hambre a toda esa multitud y que sirvió de maravillosa señal para toda esa gente! ¿Qué salió de las palabras de Felipe? ¡Nada! ¿Qué salio de las palabras de Andrés? ¡Un esplendido milagro! ¡Una maravillosa señal!
A veces nosotros le decimos a Dios la palabra de Felipe: "Aquí no hay nada que hacer”; cuando nosotros decimos a Dios eso, suele suceder lo que le pasó a Felipe, quien le contestó: "Ni docientosdenarios que tuviéramos alcanzarían". Y ya no se vuelve a hablar de Felipe en este texto, él salió del dialogo, pues de su nada, no sacó nada.
Andrés sabe que lo que tiene es muy poco pero se lo dice a Jesús: “Aquí hay; son sólo cinco panes y dos peces" San Juan 6,9. Una cosa totalmente ridícula para una multitud que sobrepasaba las cinco mil personas; cinco panes para cinco mil personas, da pena!
Pero Andrés pasa por la pena, y dice: "Tengo poco, pero eso que tengo lo pongo en las manos de Jesús, ¿qué hace Jesús? Aquí nos lo cuenta el evangelio: "Tomó los panes" San Juan 6,11, eran pocos, ¿acaso los rechazó Jesús porque eran pocos? ¡No! Lo aceptó; Jesús toma mi poco, y no hace de mi poco una nada; Él toma mi poco, no lo rechaza.
En el otro pedazo del evangelio, un padre está desesperado por la enfermedad de un hijo que tiene, y este padre de familia le da su hijo enfermo a Jesús, quien le dice: "No te preocupes, sólo ten fe” San Marcos 9,23.
Y el padre de familia responde: “Tengo fe pero dudo, ayúdame, ayuda mi poca fe; yo sí tengo fe y es poquita, yo dudo, ayúdame” San Marcos 9,24.
¿Y que dice Jesús? ¿Aplastó la poca fe de ese hombre? ¿Se rió de la poca de ese hombre? ¿Destruyó la poca fe de ese hombre? ¡No! Jesús tomó esa pequeña llama y la convirtió en una hoguera.
Jesús siempre tomará mi poquito, pero hay que dárselo a Èl. Andrés convenció al muchacho de los panes para que diera sus panes a Jesús; hay que darle lo poco que somos y tenemos a Jesús.
Si tú desprecias lo poco que tienes, lo poco que eres, que sabes y que crees, si tú lo desprecias y lo retienes en ti, Jesús no lo multiplica y se pierde; pero si se lo entregas a Jesús, Èl te acepta tu poquito, y lo multiplica.
¿Qué más hizo Jesús? "Tomó los panes, dijo la acción de gracias" San Juan 6,11. ¡Esto es más sorprendente! ¡Cristo dio gracias por esos panes que eran pocos e insuficientes! ¡A mí eso me gusta mucho, porque nosotros, cuando sentimos que tenemos poco, no nos amamos, nos despreciamos a nosotros mismos!
Les quiero compartir un sueño que tuve, a veces Dios habla a través de los sueños, es una de las pocas veces que he soñado con Jesucristo, muy pocas, pero un hermoso, bendito el Señor, en este sueño.
Es muy breve la parte que recuerdo. Había una cantidad de personas, muchas de ellas verdaderos criminales, hombres y mujeres degenerados, perversos, gente sucia, malvada, pobre, no sólo con la pobreza de la falta de recursos, pobre de palabras, pobre de belleza, pobre de conocimiento.
Pido perdón por la palabra que voy a emplear: "como basura humana". Y en el sueño yo vi esas personas y como por instinto sentí miedo, porque eran esa clase de personas que si uno se las encuentra por la calle siente miedo: "Me van a atacar, me van a amenazar, me van a herir".
Fue entonces cuando apareció Jesús en mi sueño y empezó a contarme quiénes eran esas personas, cada una, no sus nombres, sino sus historias. Lo que más me impresionó fue el respeto con que Jesús hablaba de cada persona.
Antes de presentarme a cada una de esas personas, hablaba con tanto respeto como si me fuera a presentar al rey, al príncipe, al magnate o al empresario más importante del mundo; me hablaba con un respeto de cada uno de esos criminales, de cada uno de esos degenerados, de cada uno de esos perversos, hombres y mujeres.
Conocía sus nombres, sus apellidos, y hablaba con respeto, con una delicadeza infinita, y cuando tenia que decir las cosas más aberrantes, escandalizadoras, más terribles de esas personas, bajaba la mirada y bajaba la voz, y casi nunca tenía que decir la palabra dura; reservaba la palabra más delicada para nombrar la herida del pecado de cada persona.
Algo así es lo que nos cuenta el evangelio de hoy, yo le presento a Jesús mi pequeñez, y Jesús hace algo que a mí me sorprende, ¿y Jesús que hace con esos panes? ¿Renegar? Lo primero que hizo Jesús fue ¡dar gracias! "Lo tomó y pronunció una acción de gracias San Juan 6,11.
Yo me imagino a Andrés entregándole esos panecitos a Jesús: "Qué es esto? Y Andrés se quedó sorprendido porque lo primero que dijo Jesús fue: "Gracias! "¿Qué se puede hacer con un pan de esos? Toca de a un pan para mil personas, pero Jesús lo tomó y lo primero que hizo fue decir: "Gracias", como si le hubieran dado el gran regalo. Eso es lo primero que hace Jesús cuando nosotros le entregamos nuestra ofrenda.
Lo primero que hace Jesucristo es decir: "Gracias", y uno se queda asombrado: "¿Cómo puedes hacer eso Jesús?" Su primera palabra es "gracias a Dios Padre", la acción de gracias es para Dios Padre.
Tal ves alguno de nosotros dirá: "Bueno, eso se puede admitir cuando se trata de obras buenas pero cuando uno lo que tiene en la memoria y en el pasado son pecados, ¿también Jesús dirá: gracias? ¿Cuando yo le entrego mi culpa, cuando yo le entrego mi pecado? También ahí va a decir gracias?
¡Sí, también ahí Cristo va a decir: "Gracias"! ¿Por qué? Eso es fácil de entender, pues el problema que a ti te queda grande, y que te hace sufrir a ti, no le queda grande a Cristo, ese problema no le queda grande a Cristo.
una comparación sencilla puedo mostrarles. Una mamá estaba sola en la casa con un bebé, quien, jugando, encontró una canica y como los niños todos lo llevan a la boca, allá fue a dar la canica. Y el niño, desde luego, empieza a ahogarse; el niño está muriendo, ¡pero su madre también se está muriendo de ver morir al niño!
La mamá, tomando con fuerza a ese niño, le da un golpe fuerte en la espalda, y el niño logra arrojar la canica. ¿Necesitaba la mamá esa canica para jugar por la tarde con las amigas? ¡No! Esa canica no le sirve de nada a la mamá, pero ver a su hijo libre de eso es una alegría para ella.
Así obra Cristo con nosotros, quien nos toma y nos da vuelta y una palmada fuerte en la espalda cerca del corazón y arrojamos lo que sobra, arrojamos lo que nos tiene atorados, y Cristo dice: "¡Gracias!"
De pronto alguno de ustedes pueda preguntar: "Y dónde consta eso en la Biblia? Eso lo dice usted simplemente para que nos confesemos!" Está en la Biblia: "Hay alegría en el cielo por un pecador que se convierte" San Lucas 15,7 .
¿Alegría pequeña? ¡No! "Hay más alegría por un solo pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no necesiten de conversión" San Lucas 15,7 .
Entonces, ¿qué concluimos? Que en el cielo se pronuncia y se canta gracias cada vez que uno de nosotros, pecadores, se agacha y arroja lo que lo tenía atorado. ¡Bendita la misericordia de Dios! ¡Cristo toma el pan, da la acción de gracias, y hace un hermoso milagro, hizo un banquete a campo abierto, convirtió un peladero en un banquete, convirtió el hambre en fiesta!!
Jesús quiere hacer una fiesta contigo, ¿estás dispuesto a arrojar, a sacar de ti lo que te estorba para que Cristo pronuncie la acción de gracias en ti? Estoy seguro de que sí estás dispuesto, todos estos amigos que se están preparando para la confesión están dispuestos y quieren hacer eso.
Y muchos de nosotros, que nos hemos confesado en estos días, sabemos que esa es la pura realidad: Jesús toma mi vida, Jesús me hace libre, pronuncia acción de gracias, y hace fiesta conmigo porque me ama.
Ya no más la actitud de Felipe, ya no más la actitud de la muerte; ahora viene algo distinto: "Señor, lo mío es pequeño, pero tómalo tú, di tu oración y sálvame por tu mano divina.
Amén.