I092002a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20010605

Título: La vida esta en la Biblia

Original en audio: 24 min. 39 seg.

Amados Hermanos:

La primera lectura puede resultar un poco incómoda o difícil para nosotros. Es la continuación de la historia de un hombre bueno, apasionadamente bueno, que le va desesperadamente mal. Ese hombre se llama Tobías, y el comienzo de sus grandes desgracias, es lo que hemos escuchado en la primera lectura.

No es una lectura simpática, porque no nos cuenta nada espectacular, sino simplemente un accidente que le echó a perder la salud a este pobre hombre, además, de una manera absurda y humillante, como son los accidentes.

Él, preocupado por la Ley de Dios, es un hombre que se dedica a hacer obras buenas, incluso poniendo en peligro su propia vida.

El contexto del Libro de Tobías es el destierro. Los israelitas estaban desterrados, y en medio de ese destierro, Tobías no soporta la humillación a la que los están sometiendo sus opresores, que cuando mataban a un israelita, dejaban el cuerpo al aire libre para que fuera comido por los buitres, por los chulos, decimos en mi país, esos animales que se alimentan de carroña.

Tobías no quiere esa humillación, y entonces, como hemos oído tal vez en la lectura del día de ayer, él iba y recogía esos cadáveres, los llevaba a su casa, esperaba a que fuera de noche, y entonces los enterraba. Un hombre valiente, hasta llegar a poner en peligro su propia vida, con tal de ser obediente a Dios.

Este hombre es el que nos cuenta lo que oímos en la primera lectura: "Cansado se recuesta, no se tapa la cara", y dice entonces, la cosa más ridícula y humillante del mundo: "Cada excremento del ave que pasa deja caer sus excrementos calientes y me daña los ojos" Tobías 2,10.

Y en medio de esa desgracia, está la falta de entendimiento con su esposa. La actitud de él no es buena. Él juzga a la esposa, y el Libro de la Biblia es honesto en mostrar el error que él comete.

A la esposa le toca ponerse al frente de los gastos de la casa, y en un momento feliz, le dan un animalito, un cabrito de regalo. Y Tobías no le cree a la esposa que sea un cabrito de regalo, sino piensa que es un cabrito robado, y ahí se forma una pelea.

Ahí es donde la esposa se burla, entonces, cruelmente de él: "Ahora sí se ve claro, le dice a su esposo que ya está ciego, ahora sí se ve claro en dónde fueron a parar todas sus limosnas, señor" Tobías 2,14.

Es una escena, como diría Nietzsche, humana, demasiado humana. A veces uno cree que en la Biblia todo lo que aparece es espectacular, maravilloso, sobrenatural. Y resulta que en la Biblia está retratada la vida.

Aquí hay muchas personas que están casadas, y estoy seguro de que si leyéramos las historias de las peleas de los casados, también nos parecerían, de pronto, injustas y ridículas.

La Biblia nos retrata de una manera, si se quiere, demasiado fuerte, demasiado clara, la realidad humana.

Primera enseñanza de este día, entonces: La Biblia no es un cohete que nos hace escapar de las realidades de este mundo; no es una especie de droga, llámese éxtasis o lo que sea; no es una droga que nos saca, por allá, a una estratosfera, donde no se ven los problemas.

El que quiera leer la Biblia, el que quiera escudriñar la Palabra, se encontrará con las realidades de la vida humana, crudamente expuestas muchas veces.

Y ahí apareció una realidad profundamente humana. Ahí apareció un hombre que tuvo un accidente, y como todos los accidentes, ridículo, absurdo, humillante. ¿Por qué pasa eso?

Pero, ¡qué bueno que esté eso en la Biblia! Porque si la Biblia no nos contara de accidentes ridículos y humillantes, ¿qué haríamos nosotros? Porque en nuestra vida hay cantidad de accidentes ridículos y humillantes. Además, si no nos hubieran acontecido, ¿quién de nosotros tiene un seguro en contra de accidentes ridículos y humillantes?

Esta mañana estaba viendo un programa de televisión que hablaba sobre los riesgos y los accidentes, precisamente; y decía: En los Estados Unidos de América, donde se ha hecho esa encuesta, no sé como serán los datos en otros países, en promedio, cada hora muere una persona en un accidente dentro de su casa.

¡Óigame eso! Parece la cosa más ridícula del mundo. Pero es así: gente que se resbaló en la escalera, gente que se intoxicó con monóxido de carbono, gente que se ahogó en la bañera, gente que se dio un golpe, que se desnucó mientras se lavaba los dientes, cualquier cosa de esas.

Los accidentes están en nuestra vida, por eso los accidentes están en la Biblia; en nuestra vida hay discusiones estúpidas, por eso en la Biblia aparece esta discusión estúpida; en nuestra vida sucede que juzgamos a las otras personas y no llegamos a creerles lo que nos dicen, por eso, en la Biblia se cuenta que hay gente que juzga a otras personas, y que no llega a creerles lo que dicen.

En fin, primera enseñanza para el día de hoy: La Biblia no nos va a ayudar a escaparnos de la vida; la Biblia no es un cohete que me escapa de la vida. La vida está en la Biblia, y la Biblia me ayuda a leer la vida. La Biblia me ayuda a mirar mi vida de otra manera, a encontrar la óptica de Dios sobre mi vida. La Biblia no es un velo para que yo no vea la vida, sino es una mirada, la mirada de Dios que me acerca a mi vida de otra manera.

La historia de Tobías no termina en la estúpida pelea de marido y mujer que oímos al final de la Lectura de hoy. La historia de Tobías continúa. Lo que hemos leído hoy es el final del Capítulo Segundo.

Es una pequeña novela el Libro de Tobías, y en esa pequeña novela, hay muchísimas enseñanzas que tienen que ver sobre el amor humano, sobre la amistad, sobre la presencia providente de Dios a través de sus Ángeles, y sobre otra cantidad de cosas hermosas y apasionantes, que ya no las podremos compartir aquí juntos, pero que usted sí las puede leer en la Biblia, y que las va a seguir escuchando, si asiste, con la bondad de Dios, a la Santa Misa durante estos días.

De manera que le invito a que no se pierda el desenlace de la historia de Tobías, pero no se la voy a contar yo. Solamente le quiero decir, que en la Biblia está la vida, pero la vida puesta para que la aprendamos a leer con los ojos de Dios.

Además, esto tiene una gran ventaja. Precisamente, porque en la Biblia aparece esa realidad de la vida, la Biblia nos prepara para vivir.

Hay veces que cuando las condiciones económicas han mejorado dentro de una familia, los papás empiezan a sentir que nada es suficientemente bueno, hermoso y seguro para sus hijos, y quisieran encerrarlos como en una burbujita: que no les pase nada en la casa, que no les pase nada en la calle, que no les pase nada en el colegio.

Es normal, es plenamente humano. El problema de esto es que, a veces, la burbuja queda tan bien hecha, tan perfectamente hecha, que cuando el muchacho o la niña, de pronto, tiene que enfrentarse solo con otras realidades de la vida, simplemente no tiene elementos, no tiene cómo defenderse, no tiene cómo entender, y no tiene cómo servir.

Por eso, la predicación viva desde la Biblia, la lectura de la Biblia en sus pasajes aburridos también, -no nos quedemos sólo con los pasajes bonitos y en sus pasajes difíciles-, ayuda a que nosotros entendamos, que más allá de nuestras burbujas, siempre está el accidente, siempre está la maldad humana, y siempre está ese grado de estupidez que parece que todos nosotros tenemos, y que surge en un noviazgo, en un matrimonio, o en la rebeldía de un muchacho, o en la terquedad de un papá.

Es sorprendente, o es, digamos, muy contrastante, que hayamos escuchado esta lectura, que habla de cosas tan aburridas, tan fastidiosas y tan parecidas a la vida nuestra, a veces, y al mismo tiempo, hayamos proclamado el Salmo 111, un Salmo que canta la bondad, y la verdad, y la sabiduría de las obras de Dios.

Yo sí que gocé este Salmo, porque uno está acostumbrado a cantar las obras de Dios, cuando las cosas salen a la manera de uno, y cuando uno puede entenderlas. Ese es un amor muy pobre. Ese es un amor muy interesado y muy pequeño.

Imagínate toda esa historia triste que hemos oído de Tobías, y luego el Salmo: "Las obras del Señor son imponentes, son grandiosas, son dignas de meditarse" Salmo 111,2-4; y uno dice: "Pero, por Dios, ¿qué puede haber para meditar en el caso de esos pájaros que dejaron ciego a ese pobre hombre?"

Ahí ve uno, cómo la Biblia lo va educando a uno. Ahí ve uno, cómo la disposición de las lecturas en la Iglesia le va ayudando a uno a madurar.

Yo, por eso, tengo por norma leer siempre a dónde voy, casi siempre, -habrá alguna excepción-, las lecturas que están dispuestas para la Misa del día.

¿Por qué? Porque no me gusta escoger mucho, ¿y por qué no me gusta escoger mucho? Porque si yo me pongo a escoger, me pongo a buscar lo que a mí me gusta, y no siempre lo que a mí me gusta es lo que Dios más quiere decirme y con lo que Dios quiere alimentarme.

Sugerencia: en muchas partes, yo creo que también aquí, venden folleticos, libritos, se llama, a veces, el Ordo, donde están las lecturas de la Misa para cada día. Es un modo espectacular para conocer la Biblia, saliéndose de los cuatro o cinco pasajes que a uno le encantan.

Por favor, no nos quedemos sólo con la parte de Dios que a nosotros nos gusta. Hay que ver también esos otros pasajes.

Bueno, dejemos ahí la primera lectura y el Salmo, y digamos otra palabra sobre la segunda lectura, tomada del evangelio de San Marcos; un pasaje, que nos muestra a Jesucristo en polémica, en discusión con los fariseos.

La pregunta que le hacen los fariseos, en realidad, era una trampa, una gran trampa. Le dicen: "Bueno, ¿y tenemos que pagar el impuesto, o no?" San Marcos 12,14. Cualquier respuesta que dijera Cristo era una trampa.

Si Cristo decía: "Sí, hay que pagar el impuesto", eso, ¿qué significaba?: "¡Ah, entonces tú estás de acuerdo con la dominación de los romanos!". Si Cristo decía: "No hay que pagar impuestos", entonces: "¡Ah, tu eres uno de los rebeldes, uno de los guerrilleros, y te podemos acusar frente a la autoridad romana!". Verdaderamente era una trampa.

La respuesta de Cristo los deja sin saber qué hacer: "Lo que es del César, devuélvanselo al César, y lo que es de Dios, a Dios" San Marcos 12,17. Bueno, ¡impresionante la inteligencia de Cristo! Ahí no supieron qué más hacer, se quedaron asombrados, se fueron, y no pudieron hacer nada.

Ahora preguntémonos, este pasaje ¿qué nos dice a nosotros hoy? ¿Qué significa para nosotros este pasaje? ¿Cuáles son los imperios que dominan en este momento? ¿Qué actitud debemos tomar nosotros frente a estos imperios, frente a esos poderes que gobiernan también en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestra tierra?

Tratemos de explicar, con la bondad de Dios, con la luz de Dios, tratemos de aplicar este pasaje a nuestra propia situación. ¿Qué hemos de hacer nosotros? Es un tema bien complicado. Yo creo que, por lo menos, igual de complicado que en la época de Jesucristo.

Hablemos, por ejemplo, de la tecnología. Hay una secta nacida en el ambiente de la Reforma Protestante, los Amish. Ellos no utilizan nada de tecnología: no tienen luz eléctrica, no tienen teléfono, no tienen Fax, desde luego no tienen Internet, no tienen nada de eso.

Ellos viven de la agricultura, de la ganadería; es decir, viven como hace trescientos cincuenta o cuatrocientos años. Bueno, eso parece absurdo a la mayoría de nosotros.

¿Cuál ha de ser la postura de un cristiano frente al avance de la tecnología, frente al avance de los imperios? Una de las cosas interesantes de viajar, es ver cómo el mundo se va volviendo igual en todas partes, prueba de que estamos en un imperio.

Hace unos días me invitaron a un colegio, bueno, por la impresión que tengo, por las camionetas cuatro por cuatro de los muchachos de último grado, supongo que es de los colegios de gente de buenos ingresos, muy buenos ingresos.

Estuve allá, en ese colegio, compartiendo alguna reflexión con los muchachos, la parte que pude, porque claro, ellos se distraían fácilmente, y miraban así, como diciendo: "Este personaje, ¿con qué va a salir?, a ver, ¿con qué va a salir?"

Y yo llegaba a una conclusión: estos muchachos son idénticos a los muchachos de los colegios de clase alta de mi país, igualitos. ¡Qué poder tan grande tiene el imperio o los imperios que nos están manejando!

Hace diez años resultaba absurdo pensar que una persona se abriera huecos en la piel para meterse piezas metálicas. Hoy nos es incluso normal: el "piercing", te abres un hueco en la nariz, te acomodas el metal, y "eso es normal".

Los zapatos, las modas, las niñas elegantes de todos los países se empiezan a parecer inmensamente. Se parecen todas entre sí, y se parecen todas a las portadas de "Glamour", de "Vogue", de esas grandes revistas internacionales; todas son igualitas.

Segunda enseñanza de hoy: ¡Sí estamos en un imperio!

Créanme que yo viajo un poco, no mucho, y en meses, puedo pasar de México a Paraguay, a Ecuador, a Bolivia, a Venezuela, a Estados Unidos, como muchos de ustedes, que seguramente viajan lo mismo o más que yo. Y créanme, que es todo un espectáculo ver eso, cómo la gente se va volviendo igualita, igualita en todas partes. Eso se llama un imperio.

La mirada es la misma, las costumbres son las mismas. Es decir, alguien nos está dictando a través del TV Cable, a trvés del Internet, a través de las revistas, y a través de los chats, me imagino; alguien nos está diciendo, cómo tenemos que vivir, qué tenemos qué comer. Las preocupaciones son las mismas. Es la famosa globalización.

Cuando se invita a un sacerdote que tiene fama de carismático, tal vez esa fama me acompaña, por lo menos, en parte ; cuando se invita a un sacerdote para una Misa con una serie de grupos carismáticos, pues se espera un evento personal, la sanación de cada persona.

"¡Y resulta que este padre, aquí con la globalización! ¿Qué es esto? ¿Qué pasó? ¡Llamaron al que no era! ¡Se le confundió el Cassette! ¿Qué pasó?"

No, mis hermanos, no es eso. Es que el Reinado de Jesucristo, y eso es lo que nos muestra el evangelio de hoy, el Reinado de Jesucristo no es solamente en cada persona.

Ese es el modelo protestante, que me encanta describirlo: "Dios y yo dentro de una botella. Él me sana, yo le alabo. Él me cura de la depresión, yo le bendigo. Estoy bien, quedé listo para salir a luchar contra el mundo". Ese es el modelo protestante.

Nosotros, católicos, y creo que puedo decir católicos carismáticos, sabemos que eso es verdad, que es la verdad, pero que esa no es toda la verdad.

Cristo, ¿dónde reina Cristo? ¿Dónde? ¿En dónde está reinando Cristo, si por todas partes vemos a los muchachos hacerse los mismos tatuajes, sufrir los mismos problemas afectivos, y perforarse las mismas partes del cuerpo, para verse iguales a las mismas revistas?

¿Es que Cristo no tiene un lugar en la globalización? ¿No habrá una globalización de la Santidad? ¿Será que no podremos lograr una globalización de la Santidad, de manera que sea Cristo, que sea el Imperio de Cristo, que sea el estilo de Jesucristo, el que llegue, el que reine, el que impregne?

Hermanos, yo creo que tengo alguna idea, mirándolos a ustedes, sus trajes, sus carros, su mirada inteligente, yo creo que tengo una idea de ante quiénes estoy hablando, y por eso sé, que es aquí donde hay que decir: ¿Qué estamos haciendo por la globalización del Mensaje de Jesucristo? ¿Qué estamos haciendo para que por todas partes y en todos los lugares Jesucristo sea la norma de vida?