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Fecha: 19980523
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Original en audio: 13 min. 16 seg.
CONTINUARÁ LA TRANSCRPCIÓN
Apolo era un judío instruido en la Escritura, que había llegado a creer en Jesús, pero que solamente conocía el bautismo de Juan.
Nos dice Lucas: "Aunque no conocía más que el bautismo de Juan, exponía la vida de Jesús con mucha exactitud" Hechos de los Apóstoles 013-025. "Sabía de la vida de Cristo y la exponía con exactitud; pero no conocía más que el bautismo de Juan".Hechos de los Apóstoles 013-025.
¿Qué le faltaba a este Apolo para que pudiera evangelizar, para que pudiera hacer crecer en el Evangelio a los cristianos? Es una pregunta que uno se hace.
Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga, y un matrimonio evangelizador de la época, una mujer llamada Priscila y un hombre llamado Aquila o Áquila, oyeron a Apolo que hablaba, y hablaba bien de Jesús, pero no conocía sino el bautismo de Juan.
Y uno se queda sin saber qué fue lo que ellos le explicaron, porque lo único que nos dice San Lucas es: "Lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino en el Señor" Hechos de los Apóstoles 013-026.
Y cuando Apolo fue enriquecido por esa instrucción que le dieron Priscila y Aquila, entonces ya pudo ¿qué? Dice acá: "Pudo contribuir mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos demostrando con la Escitura que Jesús es el Mesías" Hechos de los Apóstoles 013-028.
Tratemos de ver qué fue lo que sucedió ahí, y tratemos de ver eso qué nos dice a nosotros, porque así nos enseñó el Concilio Vaticano Segundo, que uno tien primero que mirar qué es lo que dice la Palabra, y luego cómo esa Palabra se cumple en uno o cómo se aplica al caso de uno.
Este Apolo sabía del bautismo de Juan; ¿qué es el bautismo de Juan? Es la conciencia del pecado, es la conciencia de los límites humanos, y es la conciencia de que sólo volviéndonos a Dios podemos encontrar respuesta.
Además, "conocía la vida de Jesús con mucha exctitud" Hechos de los Apóstoles 013-025. Entonces, Apolo sabía también de la misericordia de Jesús; pero le faltaba un detalle que está en la última palabra de la lectura de hoy: Jesús es el "Mesías" Hechos de los Apóstoles 013-028.
Uno puede tener un gran conocimiento de Jesús, de sus virtudes, de sus milagros, de sus enseñanzas, y uno puede hablar con mucha exactitud de eso, y puede todavía más saber que hay que arrepentirse de los pecados y que hay que volverse a Dios, uno puede tener clara conciencia de todo eso; pero todavía falta este elemento, que es el esencial, que es el detalle que lo transforma todo: Jesús es el Mesías.
Porque lo que enseñaba Apolo antes era la vida de Jesús, y lo que enseña después de que lo instruyeron es que ese Jesús es el Mesías. O sea que en realida sí sabemos qué fue lo que le enseñaron. Lo que le enseñaron fue que Jesús es el Mesías, lo que le enseñaron fue que Jesús, todo lo que hizo, lo hizo no como una especie de super hombre, sino lo hizo porque estaba ungido.
Mesías, recordémoslo, es "Ungido", palabra hebrea, mesía es ungir. Osea que lo que le enseñaron Priscila y Aquila a Apolo fue que Jesús es el Ungido;le enseñaron de dónde brotaba la enseñanza de Cristo, de dónde salían sus milagros, de dónde salía su misericordia, por qué perdonaba pecados, por qué expulsaba demonios.
Le dieron ese pequeño detalle, dice aquí: "Le explicaron con más detalle el camino del Señor" Hechos de los Apóstoles 013-026; el detalle que le añadieron a Apolo fue que todo lo de Jesús tiene su fuente en la unción en el Espíritu Santo.
Ese fue el pequeñito detalle que le enseñaron: que toda la vida de Cristo tiene su clave en que Él es el Ungido, en que Él es la obra que hace Dios Padre en el Espíritu Santo.
Y de aquí podemos suponer lo que eso significa para nosotros. Descubrir a Jesús como el Cristo, decubrir a Jesús como el Ungido, esto es encontrarse verdaderamente con la salvación. Cuando Apolo hablaba de que él sabía de que Cristo era Cristo, pero sólo hablaba de la vida de Jesús, fíjate, la vida de Jesús.
Cuando Apolo hablaba de la vida de Jesús, pues esa era una predicación muy buena, porque Jesús es un ejemplo maravilloso, porque Jesús inspira sentimientos buenos en nosotros, porque Jesús nos ayuda a ver el pecado vencido, porque Jesús es modelo de todas las virtudes, porque Jesús, en fin...
Pero mientras no aparezca que Jesús es el Ungido, Jesús será alguien afuera de mí. Jesús empieza a estar adentro de mí cuando le descubro como el Ungido. Porque la carne de Cristo está aquí y yo estoy acá; la Carne de Él está allá y mi carne está acá; Él es Él y yo soy yo.
En cambio, cuando pienso en la unción del Espíritu Santo, puedo decir, la misma unción que tuvo Cristo es la misma unción que yo recibo de Cristo glorioso, resucitado.
Sin el Espíritu Santo, sin saber que Jesús es el Mesías, Jesús es alguien afuera de mí, maravilloso, virtuoso, modelo de todo, en Él vemos vencido el pecado, denunciadas todas las hipocresías del mundo, pero estáafuera de mí y de alguna manera es un imposible para mí.
Cuando yo sé que la clave de toda la misión de Cristo está en a unción del Espíritu, entonces descubro que esa misma unción puede obrar en mí; entonces descubro que esa misma unción, ese mismo Espíritu hará mi vida semejante a la de Él.
Claro, mi carne y la Carne de Cristo pueden encontrase pero no pueden mezclarse, porque pertenece a la naturaleza de los cuerpos que donde está el uno no puede estar el otro; mi carne no puede entremezclarse con la Carne de Cristo.
Pero el Espíritu que Él repira, ese sí lo puedo repirar también yo; y el amor que a Él le mueve, ese me puede mover también a mí; y el poder que hay en Él tiene, entonces puede estar también en mí; y los sentimientos que están en Él, entonces también estarán en mí, y entonces mi carne va a ser como la Carne suya.
Cuando un cristiano descubre esto, comulga, esto es comulgar. Es como sentir, San León Magono lo dijo bellísimamente, es como sentir que mi carne está en Él y que su Carne está en mí.
El Espíritu forma como un lazo, forma como un ambiente, forma como un vínculo tan estrecho entre el cristiano y Cristo, que yo siento que es mi carne la que está en Él y siento que es su gloria la que está en mí.
Aceptar plenamente, completamente el don del Espíritu Santo es como comulgar; es una comunión que sucede cuerpo a cuerpo entre el Cuerpo bendito, glorioso y resucitado de mi Salvador, y mi cuerpo.
Aceptar el don del Espíritu, saber que Él es el Mesías, acogerle, unirme a Él, es comulgar con Él; Él nos vuelve Eucaristía. Entre otras cosas, este es el fundamento teológico de lo que es la comunión espiritual, que se llama