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Fecha: 20060506
Título: “Jesús está vivo y está dando vida. Esa es la Divina Eucaristía.
Original en audio: 30 min. 50 seg.
Siento una alegría muy particular de encontrarme aquí en medio de ustedes, mis hermanos; es Jesús quien quiere alimentarlos; es Jesús quien quiere colmar de bienes los anhelos que ustedes tienen en el corazón.
Hoy pienso que es tan bello ser sacerdote. ¡Me siento tan feliz de ser sacerdote! Porque siento como una partecita, como una chispa del amor con que Jesús los ama. El sacerdote es, solamente, como un instrumento para ayudar a servir la comida, y la comida es La Palabra, y la comida es La Eucaristía.
El sacerdote es como un instrumento para servir la bebida, y la bebida es el consuelo, es la misericordia de Cristo, y es la sangre de Cristo. ¡Me siento feliz de esta vocación! Y empiezo diciendo esto, porque el Señor me revela en el corazón que hay muchos jóvenes aquí, hombres y mujeres que han pensado en dedicar su vida al Señor Jesús, y yo les digo: ¡vale la pena!
Es una vocación difícil, pero toda vida bien vivida es difícil; y el corazón de Cristo ha hecho palpitar tu corazón con el deseo secreto de ser sacerdote. Toma esta fecha como un recuerdo imborrable en tu vida.
Hoy Jesús te dice: “vale la pena gastarse por los hermanos; vale la pena ser un mesero del banquete celestial. Llevar la palabra. Llevar el perdón”
Si ustedes quieren ver a Cristo perdonando nada más dirijan sus ojos hacia ese lugar; miren lo que está sucediendo allá. Ahí está Cristo perdonando. Si ustedes quieren ver a Cristo sanando y bendiciendo; si ustedes quieren ver a Cristo santificando lo encontrarán con mucha frecuencia cerca del sacerdote.
Y, por eso, mi primer pensamiento hoy es para invitar a los amigos que se encuentran aquí, y que han pensado en esa posibilidad. Invitarlos a que sean generosos para que este lugar tan especial, y tan bendecido; esta villa tenga siempre buenos, abundantes, y santos sacerdotes que la puedan atender.
El Evangelio de hoy es un Evangelio eucarístico. Durante estos últimos días en la Santa Misa hemos venido oyendo de Jesús, el Pan de la Vida; y por eso, yo pensé en mi propio ministerio sacerdotal, porque el papel mío, la tarea mía, es partir ese pan fresco; lleno de aroma y de sabor; lleno de fuerza para nutrir su alma.
Jesús es el Pan de la vida, y Jesús partió ese Pan en la última cena; tuvo que romperse para compartirse; y eso que Cristo realizó a la mesa con los discípulos, luego lo realizó en la Cruz. Se rompió. Rompió su corazón. Desgarró su carne.
Y, así pudimos contemplar el amor inmenso, incontenible, irreversible, incomparable; el amor que supera todo pensamiento. Amigos míos, tenemos que relacionar siempre: “el altar y la cruz” “La cruz y el altar” En el altar se realiza; se hace realidad ante nuestros ojos el misterio del Amor que se da.
Pero la cruz nos recuerda cuál fue el precio, para que siempre apreciemos lo que comemos. Para apreciar la Eucaristía hay que mirar la Cruz, y para agradecer la Cruz hay que comer la Eucaristía. Si quieres saber cuánto vale una misa; lee la historia de La Pasión de Cristo; ahí encuentras con cuanta generosidad Jesús se volvió nuestro alimento.
Y si quieres agradecer La Pasión de Cristo, si quieres que ese sacrificio no sea en vano, sino que sea verdaderamente vida para ti; hay que comulgar. El Altar y la Cruz. La Cruz y el Altar, pero el pan que nosotros comemos no es un pan muerto. El pan que comemos es un pan vivo y vivificante.
Yo les quiero contar un testimonio bellísimo que me sucedió con la Eucaristía; porque si algo quiero yo que me pase en esta vida es que yo me pueda enamorar cada día más de la santísima Eucaristía. ¡No hay milagro más grande! ¡No hay acontecimiento más bello! ¡Nada trae tanto bien y tanta sanidad y santificación al pueblo como la Eucaristía!
Estábamos celebrando la santa Misa en un congreso de evangelización. Un pequeño congreso de evangelización en mi País, allá en Bogotá, Colombia; y hablamos mucho sobre el poder de la sangre de Cristo, porque el altar se entiende con la Cruz, y la Cruz se entiende con el altar.
Y hablábamos del valor de la Sangre de Cristo, y celebramos la misa de una manera muy especial. Después de la consagración, ustedes saben que nosotros adoramos el misterio de Cristo. Adoramos a Cristo que está presente ahí en la Eucaristía. Eso hicimos esa vez. Pero, como la gente no tenía prisa, como no había que salir corriendo a ninguna parte, hicimos una adoración más prolongada.
Es la ventaja cuando tú eres generoso con Cristo. Si tu le das un poquito más de tiempo a Cristo, Cristo te da infinitamente más de su amor, y de su bendición. Por eso, yo espero que ninguno de ustedes tenga afán en esta noche, que nadie tenga prisa, ¿prisa para ir a dónde? ¿A dónde vamos a ir?
Hay una región muy linda de mi país allá en Nariño, al suroccidente. Son muy cariñosos, casi tan cariñosos como ustedes, y ellos cuando una persona se va a retirar de una reunión, le dicen amablemente: “de adónde aquí que más valga” Modo afectuoso. Es decir quédate. Aquí estamos bien.
Hay que celebrar sin prisa, y hay que darle al Señor el tiempo con generosidad. Cuando vengan a misa traten de venir sin afán. Hoy, por ejemplo, es sábado; pero ¿qué prisa tenemos? ¿A dónde nos vamos a ir? -Tengo una fiesta. ¿Será mejor que la fiesta donde tanto nos ama el Señor de Señores? -Tengo una cita de amor. No tenemos mejores besos que los del Hijo de Dios, -Tengo una comida de familia. ¿Voy a dejar a la familia de los hijos de Dios?
Que lindo cuando se celebra la misa sin afán, sin prisa; y ese día nadie tenía prisa. Entonces, después de la consagración de la sangre, tomé el cáliz con absoluto respeto, por supuesto, e invité a algunas personas, todos querían ¡claro! Pero, invité a unas pocas personas para que se acercaran a mirar el misterio de la sangre de Cristo.
Uno podría pensar: “pero… ¿qué se le mira a un cáliz? Y como al fin y al cabo, eso sigue pareciendo vino, aunque ya no es vino ¿qué se le mira a un cáliz?” Pues, yo no sé, si se le veía mucho al cáliz, pero yo vi tantas cosas en las personas que invite.
La gente temblaba. La gente lloraba. Un señor alto y fuerte; más alto que yo, grandote, bien plantado, de esos que van al gimnasio, creo, todos los días; atlético. Lo invité a que viniera a mirar la Sangre de Jesús, y el hombre se queda arrobado, conmovido, y al final me da las manos, para decirme: “gracias” Le sudaban esas manos, con unos nervios.
Pero, lo más hermoso fue una niña cuando yo anuncié que íbamos hacer la adoración de la sangre, esta niña le dijo a la mamá; “¡ay mamá! Yo quiero” Pero yo no oí eso, porque era un lugar grande. Y la mamá le dijo: -“no mijita, eso es para los que el Señor muestre”
Entonces, la niña no dijo nada, sino que se puso hablar con Jesús para que ella fuera una de las personas elegidas, y luego estábamos en la adoración; y, el Señor me puso en el corazón que llamara a esa niña, yo no sabía nada de es historia, y entonces, la llamé y ella fue feliz.
Una niña que no ha hecho la primera comunión, tiene como nueve años, ocho años, y ella se acercó y se quedó mirando la Sangre de Jesús con un sentimiento tan bonito, y no dijo nada; se quedó seria mirando, y mirando la Sangre de Jesús.
Y cuando ya se levantó para volver a su sitio, le dije: “vete y le cuentas a tus papás lo que viste” Yo no sé por qué dije eso; porque yo tampoco vi que ella hiciera cara de nada. Había gente que lloraba mucho cuando miraba la sangre de Jesús, pero esa niña no hizo nada especial.
Ella volvió a su sitio. Al otro día, habla la mamá conmigo y me dice: -“Tengo que contarte lo que me dijo mi hija” –“¿Qué te dijo? Ella se quedó mirando la sangre, y entonces, ella le cuenta a la mamá que vio a Jesús ahí, en la sangre, y la mamá se queda asombrada, y le dice: -“¿Tu viste a Jesús ahí?” Y dice: -“Si, yo vi a Jesús”
Y -“¿cómo lo viste? ¿Tenía sus llagas? ¿Tenía la corona de espinas? ¿Cómo estaba Él? Y la niña le dice: -“No mamita, no. Así no fue. A ver mamá, ¿tú te acuerdas cuando movieron la roca, esa de la puerta del sepulcro, y salió Jesús como con una batita blanca? Así lo vi. ¡Jesús vivo! ¡Vio a Jesús vivo! Ahí en el misterio de la Sangre. Esa es la Divina Eucaristía. Ese es el Pan vivo bajado del cielo.
¡Jesús vivo! La mamá pensaba, y fíjate que era más lógico, hasta cierto punto, como es la Sangre, uno piensa: “pues, ella seguramente miraría a Jesús en su Pasión” Pero, mira lo que es el Espíritu Santo. “No, yo no lo vi así; yo lo vi como con la batita blanca, cuando salió de la tumba. ¡Jesús vivo!” Ese es el Cristo que nosotros celebramos.
Y estamos en el tiempo de la Pascua, mis amigos, y en este tiempo de pascua más que en cualquier otro tiempo, nosotros en lo que nos tenemos que gozar es en que el Señor Nuestro está vivo. Está vivo, y nadie puede detenerlo ya. Está vivo, y no pueden encarcelarlo una vez más, está vivo, y ni el sepulcro pudo contenerlo. Está vivo, y está dando vida.
Y hoy te invita el Señor Jesús: “quieres recibir esa vida que yo vengo a traerte” A mí siempre me llamó la atención en este pasaje del Evangelio lo que dice al principio, que mucha gente cuando oyó estas cosas se apartó de Jesús, y dijeron: “no, eso es imposible” Como que pensaron: ese está loco, hasta allá si tampoco y dejaron
Y, lamentablemente, ha habido muchos cristianos, y se llaman cristianos que han dejado a Jesús; han dejado a Jesús vivo; al Jesús del altar; al Jesús de la sangre, y del cáliz; al Jesús del pan; al Jesús vivo lo han dejado.
Para dolor de mi alma, prácticamente, todos los protestantes, llámense: evangélicos, metodistas, luteranos, o como se llamen, no son capaces de creer eso. Yo siento un profundo respeto por todos los cristianos y tenemos que ser respetuosos, y nada violentos. Nunca la violencia contra nadie.
Pero ustedes no sienten dolor que esos hermanos que se dicen cristianos nieguen el misterio de la Eucaristía. Tienen cantos bonitos, si; pero, el canto más hermoso, el canto de la redención, es el canto del amor que nos salvó en la cruz, y que está presente en el altar. ¿Por qué darle la espalda a Cristo?
El hecho es que esta gente que nos cuenta el relato del Evangelio, le dio la espalda a Cristo, y la mayor parte de los protestantes, le da la espalda a Cristo Eucaristía. Quieren como diseccionar a Cristo. Quieren creer en Cristo, pero no quieren creer en la Eucaristía. Da dolor. No vamos a ser violentos, pero tenemos que sentir dolor.
Y dentro de nuestra Iglesia Católica tampoco es que las cosas estén mucho mejor, a veces, ¿cuánta gente pasa meses y años sin acercarse a este banquete? ¿Cuánta gente pasa meses y años sin acercarse a la confesión? ¿Qué es la confesión, mis hermanos? Sino recibir el baño saludable de la Sangre del Señor.
¿Qué es la confesión? Sino aproximarse a esa cruz y abrazarla y decirle al Señor: “este soy yo. Esta es mi miseria, pero, yo creo en tu misericordia” ¿Qué es lo que detiene a tanta gente para que no se confiese? ¿Qué es lo que los detiene?
Algunos dicen: “yo qué le voy a decir a un hombre” A lo cual yo respondo dos cosas: primero: que Jesús dijo a los apóstoles: “A los que les perdonéis los pecados, les quedan perdonados” Si tanto dices que crees en La Biblia, tienes que creer eso, y tienes que creer que hay perdón en el camino, en el que Cristo dijo que habría perdón no en lo que a ti se te ocurra.
Jesús te espera en la confesión. Jesús quiere lavar con la sangre de su redención toda tu vida. Es hermoso cantar. Es hermoso alabar. Es hermoso leer La Palabra, pero yo precisamente porque leo La Palabra, y la obedezco digo lo que Jesús me dice, y si Él me dice que eso es su cuerpo, yo creo en Él, y lo adoro como mi Señor, y si Él me dice que el camino ordinario para recibir el perdón es en la confesión, yo voy, y me confieso.
Entre otras cosas, yo por supuesto me confieso. El hecho de que yo predique, o que sea sacerdote, no me exime de confesarme, igual lo necesito.
Hermano, el pan de la vida, el pan vivo, el pan que da la vida, ese es Jesús; ofreciendo su vida, y, ¿Por qué la gente lo rechaza? Yo me lo he preguntado muchas veces, ¿por qué se le fueron tantos discípulos a Cristo? Aquí estaba Él declarando su amor; era una declaración de amor.
Jesús lo que estaba diciendo es: “Tanto te amo que quiero ser tu alimento” Es un lenguaje que muchas veces sólo se utiliza para la intimidad en la pareja, o a veces, las mamás cuando aman tanto a sus niños, dicen: “¡Ay! Es que quiero como comérmelo a besos”
Jesús estaba declarando su amor. Estaba diciendo: “es que quiero que me coman; quiero ser el alimento de ustedes; quiero ser la vida de ustedes; quiero que tengan nueva vida”
Y, yo me vuelvo a preguntar: ¿por qué a tantos protestantes les cuesta trabajo este misterio? ¿Por qué tantos católicos viven como si fueran protestantes, sin acudir al altar, sin recibir la hostia Santísima, el Cuerpo verdadero de Cristo?
Y, he encontrado una respuesta, sabes porque mucha gente le dio la espalda a Cristo, porque para recibir la vida de Cristo, tengo que quitar muchas cosas de mi propia vida. Él me trae una nueva vida.
Pero, si yo estoy aferrado a mi vieja forma de ser; si yo estoy amarrado a la vieja vida; a la vida antigua; a la vida de pecado; a la vida de idolatría. Si estoy pegado a la vida vieja; no quiero recibir la vida nueva, por eso se le fue mucha gente a Jesús, porque preferían las obras de las tinieblas como dice el mismo Evangelio de San Juan.
Porque estaban aferrados a la vida vieja, y San Pablo dice en la carta a los Efesios “Y cuáles eran los frutos que cosechabais en ese tiempo” Esa vida vieja, esa vida de pecado, esa vida antigua llena de envidia, y de pereza; llena de codicia, y de orgullo, ¿qué le está trayendo a su corazón?
Sino, es amargura, frustración, tristeza, rencillas, divisiones, muerte; por eso, este es un Evangelio de conversión. Jesús te dice que quiere darte su vida. ¿Estás dispuesto a dejar tu vida antigua para recibir la vida nueva, la que te trae Jesús? Esa es la pregunta.
Y muchos cuando se dieron cuenta que el compromiso era de ese tamaño: dieron un paso atrás, y se fueron; pero, Jesús no se retractó. Jesús no cambió su discurso. Jesús una vez que ha ofrecido su amor, ya no lo retira. Él nos dijo que era el Pan de vida como declarándonos su amor. Él ya no retira esas palabras.
Aquí esta mi amor por ustedes. ¿Qué podía decir, después de eso, Jesús? Decir: “Ahora ya no los quiero tanto” No, Él no es así. Si Él te dijo una vez que te amaba, y te ama por siempre irreversiblemente, incomparablemente, indeleblemente te ama.
Y Jesús no cambió su discurso. No lo cambió. Se le fue, y se le fue gente. Gente que no quería recibir esa vida nueva, y Jesús tuvo que haber sentido que se le rompía el Alma. Tú sabes lo que es declarar el amor, y encontrarse con una negativa.
Pensémoslo sólo en el plano humano. Pensemos lo que puede sentir un muchacho cuando, por primera vez, se arriesga a decirle, por ahí a una jovencita, yo ni sé que términos utilizarán ahora, porque yo ya estoy como viejo, pero me imagino que en algún momento tendrá que decirle: “vos, sos muy importante para mí, yo quiero que seamos como más que amigos” Yo no sé que palabras dirán.
Y el pobre muchacho pasa un mal rato, y se acomoda tres veces en esa silla, suda frio, tose, se le sube la temperatura, se despeina, y por fin le dice: “mira, vos sos muy importante para mí, lo más lindo” Y en ese momento un no, cuánto duele. No, mira, es que no me interesa nada contigo, y eso fue lo que sufrió Cristo.
Cristo es el novio aquí. Cristo es el enamorado aquí, y nosotros somos la mala clase. Nosotros somos la vieja mala clase. La mujer mala clase que oye semejante propuesta de amor. y le dice: “no me interesa esa vida que tu me traes, porque yo prefiero mi vida antigua, mi vida antigua cargada de pecado, cargada de codicia, cargada de amargura, cargada de sensualidad”
Y Jesús dice; “pero es que no tengo otra palabra para decirte, sino que te amo” Y se fue la gente, y se fue mucha gente. Jesús no podía cambiar su discurso, porque no podía, ni puede cambiar su amor.
Por eso no cambió su discurso, aunque se le fuera la gente. Él no sabe ya dejar de amar. No sabe cómo hacerlo, ni le interesa hacerlo. Si te dijo que te amaba es porque te ama indeleblemente, irreversiblemente, incomparablemente, y se le fueron, y entonces Él les dijo a los doce: “¿también se van a ir?”
Gracias a Dios Pedro hablando a nombre de ellos dijo “Tú tienes palabras de vida eterna” Pedro tuvo muchos aciertos, y muchos errores, pero aquí tuvo un gran acierto, y dijo una tremenda verdad. En sus palabras hay una vida que no muere, y eso es verdad.
En las palabras de Cristo hay una vida que no muere. Tenemos un mensaje en las palabras de Cristo. Tenemos una verdad, y una vida que no acaba, y es emocionante pensar que Jesús dijo esto en Cafarnaúm, o cerca de Cafarnaúm hace dos mil años.
Estas palabras siguen dando vida, y estas palabras siguen haciendo florecer su sonrisa, y mi sonrisa. Siguen alegrando tu corazón, y el mío, porque son las palabras que no mueren. Son las palabras que dan vida. Son las palabras de vida eterna.
Esas son las palabras de Cristo, y por eso nosotros tenemos que terminar esta reflexión, esta meditación simplemente alabando a Jesús con lo mismo que dijo San Pedro: “Nosotros creemos. Sabemos que tú eres el Santo de Dios”
Y con esas palabras Pedro dejó atrás tantas cosas en su vida, y sigue caminando, y siguió buscando la obediencia y amor a Cristo. Un hombre imperfecto que luego se equivocaría en muchas cosas, como tú, y como yo, pero siguió su camino.
Hoy te invito: “no te aferres a una vida antigua que sólo te trae amargura. Dale espacio a Jesús para que te traiga una vida nueva”
En realidad, y en el fondo la vida que siempre has anhelado, la vida que siempre has esperado, la paz que tanto te ha hecho falta.
Esa serenidad de conciencia, y ese gozo interior que sólo tiene un nombre: “sabor de cielo” eso es lo que Jesús viene a traerte.
Sigamos esta celebración, mis hermanos, seguros de una cosa, que nosotros creemos y sabemos “Jesús es el Santo de Dios, el que ha venido para que tengamos vida, y vida abundante”
Para Él yo reclamo un gran aplauso en este momento.