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Fecha: 20080416
Título:
Original en audio: 10 min. 22 seg.
CONTINUARÁ LA TRANSCRPCIÓN...
El libro de los Hechos de los Apóstoles lo hemos venido escuchando durante este tiempo pascual. Cristo resucita; la alegría de su Pascua contagia a los discípulos con la efusión del Espíritu Santo. Y esto da comienzo a un movimiento, esto da comienzo a una especie de alud, es como una estampida de amor, es como un diluvio de gracia, es el origen de la Iglesia.
Empieza todo un movimiento misionero, empiezan a predicar. Cuando uno quiere recuperar la alegría de creer, debe leer el libro de los Hechos de los Apóstoles. Cuando uno siente que hay tantas cosas tristes en esta tierra y que la mediocridad y el pecado se ensañan en tanta gente, hay que leer el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Estas personas de las que nos habla el libro de los Hechos de los Apóstoles, estas personas padecían enfermedades semejantes, tenían pecados parecidos a los nuestros, y sin embargo fueron renovados por Dios, fueron renovados por su Espíritu y fueron utilizados, se convirtieron en instrumentos del amor divino para llegar a otras personas.
Es decir, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo es verdad que se puede tomar este barro, que somos nosotros, y se puede hacer una obra nueva. Para todos, pero especialmente para ustedes, por ejemplo, que están comprometidos en el trabajo con la miseria humana de tantas maneras, es necesario recibir eta clase de fuerza, esta clase de vida.
Porque mucahs veces uno está tentado de desilusión, uno está tentado de desesperanza, hay casos tan tristes que uno tiene que ver, que uno siente: "verdaderamente con el ser humano no se puede hacer nada, muy poco es lo que se puede hacer".
El libro de los Hechos de los Apóstoles, el mensaje entero de la Pascua, lo que nos cuenta es que Dios sí puede hacer algo, y la manera como lo hace, a través del anuncio de la vida que viene en Jesús. Ese es el primer mensaje que quería compartirles el día de hoy.
El segundo mensaje está escondido, podemos decir, está escondido en la pimera lectura, que fue tomada pues de este libro, en el capítulo doce, versículo veinticuatro y los versículos que siguen.
A ver, es un detalle muy pequeño, y desde que oí por primera vez ese texto, por supuesto hace muchos años, me llamó la atención. Se empieza a describir quiénes eran como las personas más sobresalientes, los más notables en una cierta comunidad cristiana, la comunidad que se reunía en Antioquía, quiénes estaban allá, quiénes participaban allá.
Y nos da una lista de nombres: Bernabé, Simeón, son nombres que a nosotros no nos dicen mucho, Lucio, y hay un nombre todavía más extraño: Manaem, ¿quién se llama hoy Manaem? No conozco yo ningún Manaem.
Pero ese Manaem había sido lo que aquí llaman "hermano de leche", ¿qué es un hermano de leche? Pues muchas señoras, por razón de dificultades en su cuerpo, o por cualquier otro motivo, o incluso porque habían muerto, no podían alimentar, no podían dar pecho a sus bebés, esa situación también se presenta hoy.
Hoy hay muchos modos de tratar de solucionar ese problema, en aquella época lo que se hacía era contratar a una esclava que estuviera criando, y a esa mujer, que por supuesto tenía leche en sus pechos, se le encargaba que diera de mamara a estos bebés.
Entonces, una misma mujer, podía cumplir ese encargo con un cierto número de niños,no demasiados, pero podía cumplirlo con un cierto número de niños. Manaem, aquí cristiano notable de la Iglesia de Antioquía, recibió esa oportunidad de vida al mismo tiempo que otro personaje llamado Herodes.
Este Herodes, del que se habla aquí, es hijo delotro Herodes que mandó matar a los niños. Herodes, el que mandó matar los niños, fue el que inició la obra de la reconstrucción del Templo, y ese tuvo un hijo que se llamó también Herodes. El hijo, para ser digno hijo de su padre, fue el que se burló de Cristo a la hora de la Pasión. Esos fueron los dos Herodes que aparecen en el Evangelio.