I085001a
Fecha:19970530
Titulo: Jesús busca el fruto en la higuera, busca el fruto en nosotros
Original en audio: 22min. 04seg. en edicion
La actitud de Jesús ante esta higuera es bastante singular, porque es la única maldición que aparece en los Evangelios lanzada y realizada contra algo o contra alguien por Cristo. En este pasaje de la higuera encontramos la unica maldición de Cristo ya cumplida.
Es una escena extraña porque no era tiempo de higos, por la rapidez con la que se consuma el deseo de Cristo y porque Jesús relaciona este hecho de la higuera con el tener fe, ¿por qué no habló así de la fe por ejemplo al multiplicar los panes? Aquí es como si dijera: "Tengan fe en que las maldiciones caen" y caen, es una escena extraña, casi diríamos, es un extraño Jesús el que nos aparece en el Evangelio de hoy.
Pero nótese como, tanto el Evangelista como la presentación que nos hace la Iglesia, vinculan este hecho de la higuera con el hecho de la purificación del Templo, hay una relación entre los dos hechos, y por otra parte, parece que a Jesús no le duele mucho que se pierda una higuera como tampoco le dolió que se perdiera aquella inmensa tiara que fue a suicidarse al acantilado después de recibir los demonios que enteros habían caído en el corazón humano. Jesús no obra como un gerente general de la naturaleza, al que le duele que se pierda una y otra cosa. Si los alimentos que nosotros tomamos tienen que morir y desaparecer, para convertirse en vida nueva, pues parece que esa higuera y esa tiara y tantas otras cosas que se pierden pero que al hacerlo dan vida, dan luz, dan enseñanza, en realidad no se pierden.
A Jesús no le preocupa demasiado que se pierda esta higuera sí la enseñanza queda clara, queda viva en el corazón de los discípulos, y sin duda, tuvo que haberles quedado muy clara porque ver a un árbol que se seca de un día para otro, por la sola palabra de Cristo, es algo que no se olvida fácilmente.
Contrario a los Evangelios que nos cuentan a veces de una forma resumida, que Cristo sanó a muchos, en este pasaje se nos dan hasta detalles de los acontecimientos con la higuera, reflejando de alguna manera el impacto que el hecho causó en la fe de los discípulos; indudablemente, los impresionó, indudablemente, Jesús aquí obra como uno de esos maestros que utilizan métodos audiovisuales y nada más audiovisuales que ver al Maestro hablándole a un árbol y luego ver a ese árbol seco y perdido.
Si se perdió un árbol o una tiara, no importa, es poco, importa la vida, la luz que reciben los discípulos, porque al fin y al cabo Jesús obra aquí en consonancia con lo que aparece en el Libro del Génesis: "La naturaleza entera esta para el dominio, para el servicio del hombre, así como el hombre esta para el servicio y para la gloria de Dios".
¿Y cuál es la enseñanza que puede salir de un acontecimiento tan extraño? Tratemos de mirar más de cerca lo que nos cuenta el Evangelio, porque quizás la higuera no está muy lejos de nosotros y quizá ese signo de maldición nos puede servir a nosotros. Jesús tiene hambre, ve de lejos la higuera con hojas pero sin frutos, con apariencia y sin realidad, al llegar no encuentra más que hojas, no era tiempo de higos, pero enuncia entonces la maldición y la higuera se seca.
Con apariencia de árbol, sin fruto de árbol desde luego que no podía haber fruto, o no era normal que hubiera fruto porque no era tiempo de higos, seguramente esto lo sabía el mismo Cristo, el problema no es si es tiempo o nos es tiempo, lo que interesa es la enseñanza.
Y los discípulos, que sabían que el Maestro tenía hambre lo ven buscar en las hojas del árbol, todo esto pertenece a la parábola, a la enseñanza, lo importante es: ¿qué está pretendiendo el Señor con esa escena que crea? Busca el fruto, lo busca hasta adentro del árbol y no hay ni un solo fruto, entonces aquí es donde uno empieza a pensar ¿qué sucedería si Jesús esculcara así otras cosas que también tienen apariencia de árbol?, tienen muchas hojas y tienen pocos frutos, y es Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, quien utiliza una imagen semejante cuando dice que: "Dios no se ve en las hojas de las palabras, sino en los frutos de las buenas obras".
¿Qué pasaría si nuestra vida fuera así esculcada por Cristo, si El delante de los discípulos, porque es El quien realiza la acción, empezara a averiguar hasta el fondo de nuestra propia vida para ver si ahí hay o no hay fruto?. Aquí encontramos una primera aplicación, sencilla pero directa a nuestra vida. Efectivamente, esta escena la realiza Cristo en Jerusalén, es el momento de las acciones definitivas, en el juicio último de Dios sobre todas las cosas. Y así como Jesús hace toda esa escena en el Templo, así hace esa escena en la higuera, El urga en el Templo buscando cuáles son los frutos de salvación, de todo este culto, de esas paredes, de esas columnas de las que se sentían tan orgullosos los judíos.
El mismo Jesús que esculcó la higuera, esculca el Templo para ver ¿qué hay verdaderamente ahí? Y descubre en el Templo como descubrió en la higuera, que realmente no había fruto, que ahí no había nada. Y por eso dirá en otra ocasión a los jefes del pueblo judío: "Ustedes se van a quedar con su casa vacía" (véase ). Y por eso habló de cómo vendrían los enemigos del pueblo de Israel y lo arrasarían todo y no dejarían piedra sobre piedra; así como la higuera quedó seca, inservible, así el Templo quedaría derruido, inservible; la higuera seca desde la raíz y el Templo arrasado hasta la raíz.
De la misma forma como Jesús esculcó ese Templo y esa higuera y no encontró fruto, así también Jesús en el último día, buscará en nuestras vidas para ver si somos sólo hojas, o si hubo verdaderamente fruto, para ver si sólo eran palabras. Porque nuestro compromiso, nuestra vida cristiana, nuestra alianza con Dios no puede ser una alianza de palabra, es preciso que haya fruto y fruto que a Él le guste, fruto que calme su hambre.
Jesús tenía hambre y con esa hambre se acerca a la higuera. Hay algo que Jesús espera de nosotros, un alimento del que Él espera nutrirse. El mismo Cristo, que aquí tiene hambre, en la Cruz tiene sed, dicen tantos predicadores, sed de alma, sed de amor, sed, de su sed tenía Cristo en la Cruz. Que no debe ser muy distinta del hambre que aquí aparece en el Evangelio: hambre de tu amor, hambre de tu vida, hambre de una esperanza firme, aquella esperanza de la que nos ha hablado el libro Eclesiástico cuando dice que los hombres ilustres de Israel no fueron ciertamente los que más acumularon dinero, sino aquellos que tenían una esperanza mayor que la muerte, aquellos que tenían fruto para la higuera, había por dentro no solamente hojas sino que había alimento para Dios.
Falta explicar lo que quería decir con las frases: "Que tenga fe" (véase ); "Maestro, mira, la higuera que maldejiste se ha secado"(véase ), Jesús contesto: "Tened fe en Dios, os aseguro que si yo le digo a este monte quítate y tirate al mar, así sucederá" (véase ). Qué esta sucediendo ahi? Así como nos ha llegado este Evangelio, lo que nos dice es que Jesús nos invita a maldecir, y a maldecir con fe.
Tener fe en Dios, yo tengo que tener fe en Dios para maldecir, esto parece raro, pero no es tan raro, hay cosas dentro de nosotros que tienen que secarse como esa higuera, hay cosas dentro de nosotros que tienen que ser destruídas como aquel antiguo Templo de Jerusalén, hay cosas dentro de nosotros que, en ese sentido, tienen que recibir la palabra poderosa de Cristo, esa palabra que en un día puede secar un árbol: "Nunca jamás coma nadie de ti, nunca jamás".
Qué tal que nosotros, por ejemplo, esculcáramos nuestra higuera, antes de que llegue Cristo a esculcarla, supongamos que nosotros somo un jardín en el que crecen distintos árboles, no todos los árboles son buenos, no todos los árboles son fructuosos, hay algunos que están ocupando tierra de balde, y no todo lo que está creciendo en nuestros corazones merece esperar la visita de Cristo, de todos los árboles que había en Jerusalén, había algunos, como esta higuera, que no merecían la visita de Cristo.
Pues bien, ¿por qué no nos adelantamos nosotros, este parece ser el sentido del texto de hoy, por qué no nos adelantamos y revisamos cuáles son los árboles que tenemos? De pronto hay algunos que están gastando el suelo inútilmente, de pronto hay incluso algunos que están dando fruto de muerte, esas cosas en nosotros que son solo apariencia, que son solo hojas y nada de fruto, estas cosas hay que maldecirlas, esas cosas hay que secarlas, es difícil eso. Los discípulos ven una higuera que es sólo hojas y no da fruto y no pueden hacer nada, es más, no les interesa, porque ver una higuera sin fruto, ¿quién se preocupa de ella?
A Jesús, en cambio, sí le preocupa la higuera sin fruto y por eso Jesús tiene la palabra que no tienen ellos, ellos lo único que pueden decir es "sí es un árbol sin frutos y sigamos"; Jesús, en cambio, dice: "Un árbol sin frutos se seca, tú no vas a ocupar más tierra, tú no vas a gastar más agua, tú te secas porque estorbas".
Los discípulos, que somos nosotros, no tenemos una palabra así de poderosa, pero con la palabra de Cristo, con esa palabra de Cristo, como una anticipacion al juicio de Cristo, es posible hacerle una limpieza al corazón, a nuestro xxx, hacerle una sanación a Jerusalém, de manera que aquello que no esta dando fruto en nosotros, aquello que es estéril y que nos hace gastar fuerzas inútilmente, finalmente se seque por la palabra del Señor.
Con este pensamiento nos podemos decir que sí es bueno escuchar la Palabra de Dios, para que esa Palabra, incluso con esos gestos tan fuertes de Jesús, realmente limpien mi alma de modo que cuando llegue el día del juicio y el día de la cuenta, Él pueda encontrar en mí sólo árboles cargados de frutos, sólo una vida llena de buenas obras, llena entonces del amor, de la fe y de la esperanza, que tienen su fuente en El mismo; esta es la aplicación más hermosa,
Necesitamos montañas enteras, ¿que sera? Tal vez la montaña del orgullo, tal vez la montaña de lo que a nosotros nos parece imposible: "Imposible que yo pueda subir esa montaña, imposible que yo pueda desplazar ese obstáculo, ¿usted se imagina lo que significa mover una montaña?
Pues esa montaña, con la palabra de Cristo, que es la Palabra que habita en nosotros cuando tenemos verdadera fe, se puede quitar de nosotros y se puede arrojar al mar; esa montaña, lo mismo que esa higuera, se puede secar; la higuera era un estorbo porque no daba fruto, la montaña era un estorbo porque no dejaba pasar, pues la palabra de Cristo, que es la misma palabra nuestra cuando tenemos verdadera fe en Dios, puede quitar esos obstáculos,limpiar el jardín, despejar el camino, de manera que pueda transitar la gracia por nuestras vidas y de modo que podamos ser colmados de buenas obras.
Entonces, xxx y xx necesita unas cuantas maldiciones, no maldiciones para dañar la vida de las personas, no; pero sí se necesitan ciertas maldiciones, ciertas palabras fuertes dichas en el nombre del Señor , que sean como esas tijeras con que el viñador poda su viña. Jesús le dice a sus discípulos: "A todo árbol que da fruto lo poda para que de más fruto" (véase ).
Pues necesitamos colaborar en esa poda, necesitamos darle autoridad a la Palabra de Cristo en nuestro jardín, en nuestro Jerusalén, para que sean cortadas aquellas cosas que no tienen sentido, que nos están estorbando, que nos están gastan do inútilmente las fuerzas, que se lleve, por ejemplo, la autocompasión, la envidia, que es un ejercicio estéril, es una higuera verdaderamente maldita porque consume las fuerzas del alma y esto se va al corazón, se va al alma sin dar el más pequeño fruto. No sera que lo que le hace falta a esa higuera de la envidia, se le pronuncie la maldición de Cristo y desaparezca y se seque esa envidia y ya no haga mas estorbo?
Y lo mismo podríamos decir, seguramente, si recorremos los pecados que a veces habitan en nuestros corazones o en nuestras comunidades. De modo que demos gracias a Dios por su Palabra, demos gracias a Dios, aunque sea Él extraño por esta maldicion.
Bendito sea Dios que maldijo, bendito sea Dios que purifica, bendito sea Dios que deja limpio a este Jerusalén, para que pueda ser morada suya, para que pueda ser gloria suya.
Continúa la revisión...............