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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20080412

Título:

Original en audio:14 min. 51 seg.


De las varias cosas que nos enseña la Palabra de Dios en este día es, que una vez que uno ha saboreado el Pan de Jesucristo, las demás cosas pierden sabor.

El Apóstol San Pedro dice esa frase, que es una profesión de fe y que es un testimonio de amor: "¿Aquién vamos a ir?" San Juan 6,68, eso traducido también significa: "Después de ti, ¿qué? Después de haberte conocido, ¿qué vida sería verdaderamente vida? Después de haberte escuchado, ¿qué palabra podría convencernos? Después de ladulzura de tu amor, Jesucristo, ¿qué tendría sabor?"

Esta experiencia de haber probado a Jesuristo y de haber encontreado en Él algo sublime, algo grande, es una experiencia a la que también noostros somos convocados, porque precisamente es la que nos libra de la idolatría. Jesús es ese testimonio maravillosos del amor de Dios, ese testimonio que nos deja probar, que nos deja saborear la dulzura del bien.

Es que todo el problema del régimen antiguo, el problema del régimen de la Ley, es que mostraba el bien, pero no daba la fuerza para cumplirlo. Todo el problema de la Ley de Moisés estaba en que sabía mostrar, indicar el camino, pero no tenía cómo dar la fuerza, el vigor para recorrerlo.

Y por eso, en el régimen de la Ley de Moisés el ser humano queda como condenado, porque ve un bien que le parece razonable, un bien que puede desear, pero que no puede alcanzar; y no puede alcanzarlo, porque las fuerzas humanas no son suficientes para desprenderse de los encantos y dulzuras de las creaturas y así poder preferir el Creador.

Ese primer mandamiento de la Ley de Dios, ese mandamiento que los judíos piadosos repetían muchas veces al día, "Amar a Dios sobre todas las cosas" Category: Deuteronomio , ése, que es el primero no sólo en una lista, sino el primero en importancia, ese mandamiento no se puede cumplir, si no lo cumple Dios.

Sólo Dios, obrando en nosotros, puede darnos un amor que lo ponga a Él en primer lugar. Porque cuando llega el encanto, aunque sea fugaz, de las cosas de este mundo, o cuando llegan las persecuciones, o los vacíos, o las soledades, o las crisis, preferir a Dios, poner a Dios en primer lugar, es algo que queda por fuera, que queda más allá de nuestras fuerzas, que queda más allá de nuestro alcance.

Uno puede sentir que ama mucho a Dios y que prefiere a Dios,pero para que esa frase sea verdadera tiene que cumplirese que uno prefiere al Señor, inluso en comparación con todos los bienes por deleitables o por atrayentes que sean; y que uno prefiere a Dios, no importa cuán agresiva, cuán cruel pueda ser la persecución.

Y hasta allá no llega el corazón humano. El corazón humano puede darse cuenta, de un modo intelectual: "Sí, qué bueno, estar con Dios", pero, preferirlo a Él, llegar a estar con Él en toda circunstancia, eso no lo puede el corazón humano.

Entonces, en el régimen de la Ley de Moisés, nosotros estábamos como divididos, y esa es la situación que sigue viviendo mucha gente o que de pronto hemos vivido o seguimos viviendo nosotros.

Es la división entre lo que uno sabe que debería hacer, entre el bien que uno quisiera alcanzar, entre ese absoluto de Dios, pero a ese absoluto uno no alcanza a llegar, porque se encuentra atado, por mediocridades, por distintas cadenas, es decir, por cositas que uno prefiere, cositas que uno pone primero que Dios.