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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20030502

Título: Si yo le doy mi vida a Jesús, Jesús dice: "Gracias".

Original en audio: 13 min. 31 seg.


Este es tal vez el milagro más famoso que relizó Jesucristo, la multiplicación de los panes. Lo llamo "el más famoso" porque se encuentra en los cuatro Evangelios.

El milagro de la resurrección de Lázaro, siendo tan grande, no se encuentra en los Evangelios Sinópticos; y el milagro de la resurreción del hijo de la viuda de Naím no se encuentra en el evangelio de Juan.

Son pocos los milagros, o tal vez este sea el único que está en los cuatro Evangelios; pero cada Evangelista le da su propio enfoque.

Juan mira este milagro como la revelación del Pan que da la vida, el Pan de Vida. Y esa es la razón particular por la que meditamos en este milagro en el tiempo de la Pascua. ¿Por qué la Iglesia nos propone este evangelio en Pascua? ¿Por qué lo hace? Porque la Pascua es el tiempo para contemplar a Cristo vivo.

Y durante varios días vamos a seguir escuchando en el evangelio de Juan, lo que sigue después de este milagro de la multiplicación, y lo que sigue es la revelación de Cristo como el Pan Vivo y el Pan que da la vida. Y si la Pascua es el tiempo para mirar a Cristo vivo, entonces la Pascua es el tiempo para mirar al Pan de la Vida. Eso es lo que vamos a empezar a hacer.

Son muchas las enseñanzas que nos trae este evangelio, porque Juan es como el especialista en hacer hablar a los signos; hasta las cosas más pequeñas parecen tener un sentido, un sentido nuevo, un sentido fecundo en la pluma de cuarto Evangelista.

Por ejemplo, comparemos la actitud de Felipe y la de Andrés; esta es una meditación muy saludable. Ambos están frente al mismo problema: hambre, hambre de ellos y hambre de la gente. ¿Cuál es la actitud de Felipe? "Aunque tuviéramos doscientos denarios de pan, no alcanzaría" San Juan 6,7.

Es el que está derotado desde el principio; se siente aplastado por el problema, y ve que lo que se podría conseguir, tampoco va a alcanzar.

Felipe es en este caso la imagen del derrotista: "Aunque se arreglran tantas cosas, quedarían tantos problemas, que ni para qué intentarlo". El lema de felipe es: "Ni siquiera vale la pena intentarlo".

Andrés toma una actitud diferente: aunque lo que tiene es ridículamente pequeño, aunque lo que tiene es tan pobre, aunque lo que tiene es minúsculo comparado con el problema, lo presenta.

Él sabe que lo que tiene es poco, por eso pregunta: "¿Qué es eso para tantos?" San Juan 6,9, y sin embargo afirma: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces" San Juan 6,9.

Andrés representa aquí la actitud de aquel que ofree lo que tiene; sabe que es muy pequeño, sabe que no alcanza, pero lo ofrece.

Comparemos: Felipe dice:"Aunque yo fuera más, aunque yo tuviera más, no alcanzaría". Ese es Felipe. Andrés: "Lo que tengo es pequeño, pero aquí está". La actitud de Felipe no lleva a ninguna parte. Jesús le preguntó a Felipe, para conocerlo y para que se conociera: "¿Con qué compraremos panes para que coman estos?" San Juan 6,5.

La respuesta de Felipe no va a ninguna parte. "Aquí no hay nada que hacer; apague, y vámonos. No hay nada que hacer; cancelemos, cerremos, mutilemos, acabemos; nada que hacer". Es la actitud estéril.

La actitud de Andrés, aunque tiene tan poquito, deja una puerta, por esa puerta se cuela la gracia de Dios, por esa puerta se hace posible un milagro.

Nosotros tenemos que elegir en la vida si queremos ser del estilo de Felipe, o si queremos ser del estilo de Andrés. Si escogemos ser del estilo de Felipe, econtraremos que, mire: "Aunque hubiera muchísima más gente y aunque fuéramos mucho mejores, no se va a lograr nada. Es la actitud que mutila, es la actitud de la derrota.

O podemos escoger, podemos elegir la actitud de Andrés; podemos presentarle al Señor nuestros pocos panes y nuestros pocos peces, con eso Él hace milagros. El milagro lo hizo Jesús: los panes y los peces los ofrecieron, ese muchacho anónimo, por las manos de Andrés.

Yo no sé qué puede hacer mi Dios con mi poquedad, pero es que el que tiene que saber el milagro es Él no yo; el que tiene que saber cómo se multiplica es Él, porque Él es el que lo multiplica. Lo que a mí me corresponde es ofrecer lo mío.

"Que mis oraciones son pobres", ofrécelas así pobres; "pero es que además de pobres son distraídas", ofrécelas pobres y distraídas; "mi virtud es escasa", ofrece tu virtud pequeña; "mi arrepentimiento es mínimo", "mi fervor es casi nulo".

Mira: entre la nada y el ser hay un salto infinito. Lo que tú tengas, por pequeño que sea, por pequeño que sea, puede ser bendecido y puede ser multiplicado por el Señor.

En vez de mirar que es pequeño, en vez de mirar que aunque tuviera más no alcanzaría, qué tal si empezamos a mirar: "mi Señor sabrá cómo multiplicar esto".

"El tiempo no me alcanza", "la paciencia se me agota", "los problemas me abruman", "no tengo conocimiento de cómo tratar a estas hermanas", "no sé cómo resolver esta situación", "mi preparación, mis conocimientos,mi paciencia y mi fervor no dan para esto".

Eso es cierto, ¿pero y qué tal si tomas eso pequeño, y lo presentas en ese altar que son las manos de Jesús? Él puede hacer maravillas ahí, y efectivamente las hace.

Hay una cosa muy tierna con la que quisiera terminar esta reflexión, algo muy tierno del evangelio de hoy: "Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias" San Juan 6,11. Eso me parece muy tierno. ¡Se ve muy tierno Jesús agradeciendo cinco panes delante de muchísimo más de cinco mil personas!

Yo creo que si yo le presento a Jesús mi vida, lo primero que va a decir Jesús no es: "¡Esa es su vida!". Lo primero que va a decir Jesús es: "Gracias". ¿A quién le da gracias Jesús? Pues al Padre, al Padre Celestial. Si tú le ofreces tu vida a Jesús, lo primero que va a decir Jesús es: "Papá, gracias".

Parece increíble eso, ¿ah? Si Jesús pudo agradecer cinco panes, ¿no podrá agradecer mi vida, mi tiempo, mis oraciones aunque sean pequeñas, escasas o dispersas? Si yo le doy mi vida a Jesús, Jesús dice: "Gracias".

A veces uno no se siente tan agradecido con la vida, o con la vocación, o con la Iglesia, o con el país, o con el tiempo en el que vive, porque vivimos demasiado atentos a lo malo, a lo problemático, a lo conflictivo, a lo amargo. Pero Jesús cuando recibe los panes lo primero que dice es: "Gracias".

Vamos a entregarle nuestra vida a Jesús, y Jesús lo primero que va a decir es: "Gracias". Vamos a unirnos a la acción de gracias de Jesús,-estamos celebrando la Eucaristía, la acción de gracias-; vamos a unirnos a la acción de gracias. Es Cristo Sacerdote el que toma nuestra vida en esa Hostia, y es Cristo Sacerdote el que dice: "Gracias".

Es algo tan pequeño, pero jesús lo sabe reconocer, y Jesús lo sabe agradecer. Lo agradeció, lo bendijo y lo repartió. Parece la historia de una vocación. ¿Qué hace Jesús con una vocación? La agradece, la bendice y la envía, la reparte.

Nosotros somos como ese pan, destinado a darle vida a la multitud hambrienta; y Jesús nos recibe, da gracias por lo que somos, nos bendice y nos envía para ser reparidos y para ser compartidos.