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Fecha: 19960410
Título: Los relatos que ayudan a comprender el misterio del Resucitado
Original en audio: 15 min. 55 seg.
Durante esta semana que es de Pascua y de gloria, que es de fiesta y de alabanza, la Iglesia nos va presentando en cada evangelio el testimonio, o mejor dicho, los diversos testimonios sobre la presencia del Resucitado.
Estos relatos nos ayudan de tres maneras. En primer lugar, porque la Resurrección sólo la conocemos a través de los testimonios, de modo que la palabra de estos hombres y de estas mujeres, los relatos de ellos, construyen nuestra fe.
Así, nosotros, que tenemos una experiencia directa del sufrimiento y quizá muy cercana de la muerte, podemos tener también una experiencia tan cercana como sea posible de la Resurrección y de la gracia.
Esta es la primera forma como nos ayudan los relatos de la Resurrección. En segundo lugar, nos instruyen sobre lo que significa la presencia, la gracia, la fuerza del Resucitado.
Por lo pronto, nos enseñan que la Resurrección de Cristo es distinta de las resurrecciones que el mismo Cristo hizo, como el de la hija de Jairo, o el de Lázaro.
Estos relatos nos hablan de personas que vuelven a esta vida. Al contrario, los relatos de la Resurrección, nos muestran cómo Cristo se encuentra más allá de esta vida. Ese es un modo de decirlo.
Otro modo es, más adentro de esta vida. Tan radicalmente más adentro de la vida, que Él es la vida misma. Él es la vida de quien tiene vida. Y quien no está en Él, está en la muerte.
Entonces, los relatos nos ayudan a comprender un poco, a asomarnos a lo que significa el misterio de la Resurrección; primero, la Resurrección de Cristo, y luego, nuestra resurrección.
Hay una tercera manera como nos auxilian esos relatos. En ellos aparece la dificultad de creer. La dificultad de María Magdalena el día de ayer, anegada en lágrimas, no logra descubrir a Jesucristo. Y aunque aparezcan Ángeles, no logran consolar su corazón.
Desconcierto de los discípulos que iban camino de Emaús, y que nosotros solemos decir, discípulos de Emaús: desconcierto de estos discípulos, imposibilidad de salir de su propia frustración y tristeza, dificultad para aceptar la esperanza.
Esas son las mismas dificultades que también tenemos nosotros. Cuando pensamos en el Resucitado y en su obra en nuestras vidas, nos cuesta trabajo descubrirlo. Si está realmente este Resucitado en nuestras vidas, entonces, ¿por qué tanta tristeza? ¿Por qué a veces la tentación tiene tanta fuerza que parece ganarnos?
¿Por qué la iniquidad parece cundir? ¿Por qué a veces parece..., -quizá lo hemos dicho nosotros mismos-, tantos años después de la Resurrección del Señor, y el mundo sigue siendo lo mismo? ¿No tendría ya que estar como más maduro, como más limpio, como más santo? ¿Tantos años predicando al Resucitado y nada?
Podemos nosotros estar gravemente tentados de desesperanza. Y este es el tercer y gran auxilio que nos prestan los relatos de Resurrección. Nos ayudan a vernos retratados en estas personas que les costó trabajo creer.
"Es verdad que algunos de los nuestros fueron al sepulcro y no encontraron el Cuerpo. Es verdad que algunas mujeres nos hablaron de apariciones de Ángeles, que les habían dicho que Él estaba vivo. Pero, nosotros no sabemos qué pensar de todo esto" (véase San Lucas 24,22-24).
Así también, nosotros mismos, muchas veces no sabemos qué pensar. Y Pedro, Pablo, los Apóstoles, los Santos y los Ángeles nos están diciendo y gritando que vive, que está vivo, que está resucitado, que está cerca, que te ama, que fue por ti, por tu salvación, que todo lo hizo.
Sin embargo, a uno le cuentan estas cosas y uno dice: "¡Sí! Pero, no sé. ¡No sé! No estoy seguro; podría ser. A ver; cuando pienso en Santo Domingo, si pienso en Santa Catalina, ¡sí! Parece que en ellos, sí. Pero, ¿en mi vida? ¿También en mi vida? No sé; no estoy seguro".