Pasion de Cristo 18

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Meditaciones sobre la Pasión de Cristo # 18 Jesús es condenado a muerte

Tiempo real en audio: 17 minutos 57 segundos Fecha: 19/12/2008

San Juan 19, 9-16.

Amigos, está con ustedes Fray Nelson Medina, de la Orden de Predicadores.

En nuestro caminar por los misterios de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, hoy llegamos a un momento culminante, sabemos que las autoridades judías estaban presionando a Pilatos y estaban alebrestando a la gente con un solo objetivo, que Jesús fuera condenado. Como los judíos en aquella época no tenían independencia, sino que estaban bajo la dominación del Imperio Romano, tampoco tenían el derecho de aplicar ellos mismo la pena de muerte, ellos dependían de Roma también para esto.


Es decir, ellos tenían que producir la sentencia de Cristo de labios de Poncio Pilato, que era el representante del poder romano, el nombre oficial del cargo de él era Procurador. Y ese cargo mismo indica en parte el desprecio que los romanos sentían por el pueblo judío. Literalmente la palabra procurador es, “el que se encarga de los asuntos de…”.


Poncio Pilato se sentía en un rincón del Imperio y tenía ese oficio de procurador, es decir, resolver los problemas, encargarse de los asuntos que surgieran con los judíos. Los romanos se reservaban la pena de muerte, es decir, ninguna de las naciones o pueblos que ellos ocupaban podía aplicar este castigo por si mismo, entonces las autoridades judías necesitaban que se produjera esta condena, y que Pilatos la aceptara.


Vemos la presión que han hecho en los programas anteriores, hemos oído también, como ellos intentan vender esta idea a Pilato, la idea era que Jesús era un peligro para Roma, porque se había proclamado, porque se había nombrado rey, y si él es el rey, entonces es una amenaza para el César, y si es una amenaza para el Imperio, Pilato tiene que intervenir.


Esta es la estrategia de ellos, pero esa estrategia falló en el sentido de que Pilato se da cuenta de que Jesús no tiene el estilo de un agitador político, Jesús no es esa clase de personas, Pilato sabe muy bien que no está frente a un criminal, a lo sumo podría decir, es un romántico loco, que tiene algunas ideas religiosas, pero no es un criminal, no es alguien que merezca la pena de muerte.


Entonces, es aquí cuando las autoridades judías toman otra parte de su estrategia, que es producir una especie de amago de revuelta, amago de motín, como los judías tenían esa fama de gente violenta, especialmente viva estaba la memoria de los tiempos de los Macabeos, entonces pues, producir un motín, producir una revuelta era la último que podía desear Pilato.


Y realmente es una especie de chantaje lo que le hacen, empiezan a alebrestar a la gente, y la gente repite cada vez cada vez con más fuerza, gritan con fuerza que tiene que crucificar a Cristo.


Pilato siente miedo de la gente, siente miedo de la revuelta, y más o menos las cuentas que él hace son, si para evitar un problema y para evitar un motín hay que matar a este loco romántico, pues entonces que se muera, no es lo que yo quiero, es un inocente pero que se muera.


Así están las cosas, pero Pilato no termina de convencerse de que esa sea la mejor salida, y es aquí donde entra el texto que vamos a leer el día de hoy. Está en el Evangelio según San Juan, Capítulo 19, en los versículos del 9 al 16.


“Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús. “¿De dónde eses tú?” Pero Jesús no le dio respuesta. Dícele Pilato: “¿A mi no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte?” Respondió Jesús: “No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado.”


Desde entonces Pilatos trataba de librarle. Pero los judíos gritaron: “Si sueltas a ése no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César.” Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús, y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos: “Aquí tenéis a vuestro Rey.”


Ellos gritaron: ¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!” Les dice Pilato: “¿A vuestro Rey voy a crucificar?” Replicaron los sumos sacerdotes: “No tenemos más rey que el César.” Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Palabra de Dios, te alabamos Señor.


Es el momento entonces en el que se pronuncia la sentencia, es aquí en Juan Capítulo 19, versículo 16, donde Cristo es condenado a muerte. Una de las estaciones del santo Vía Crucis, entre otras cosas.


Y, yo creo que si miramos un poco como se desarrolla este diálogo, incluso en medio de tanta corrupción, porque eso es lo que hay aquí corrupción administrativa, corrupción de las instituciones, en medio de tanta basura humana, que aparece aquí, también podemos encontrar mucha luz. Y con la ayuda del Espíritu Santo, creo que es lo que vamos a hacer.


Examinemos lo que Pilatos dice a Cristo: “¿Dé dónde eres tú? Y luego le dice: ¿a mí no me hablas? Tengo poder para soltarte y poder para crucificarte. Indudablemente el silencio de Cristo fue una especie de interrogante. Un tremendo signo de interrogación que quedó en todos los que estuvieron implicados en su pasión.


Cristo, guardó silencio muchas veces, guardó silencio durante la flagelación, guardó silencio cuando fue llevado donde Herodes; guarda aquí silencio, también ante Pilatos. Y por supuesto nos hace acordar de aquel texto del Profeta Jeremías, donde el dice que era llevado como oveja al matadero.


El no sabía de los planes que se tramaban y fue llevado como oveja al matadero. Y ese silencio de Cristo, en primer lugar nos habla de la inocencia de uno que no tiene de que acusarse, pero también nos habla de la majestad de alguien que sabe que sus palabras poco pueden añadir a los hechos, porque son los hechos son las obras de Cristo, es la realidad la que está gritando la inocencia del Hijo de Dios. Y a quien no quiere escuchar la verdad de los hechos, poco pueden convencerlos las palabras.


De modo que el silencio de Cristo, es una protestación de inocencia, pero ese silencio también es un silencio de denuncia. Es el silencio que le dice a todos estos implicados; las autoridades judías, Herodes, Pilatos, incluso ante su propio pueblo, es el silencio que le está diciendo a la gente, ¿ustedes no están oyendo el grito de los hechos, el grito de las obras?


Y lamentablemente no lo estaban oyendo, entonces, si es claro que Pilatos estaba convencido de la inocencia de Cristo, ¿A qué vienen más palabras? Muchas veces con las palabras queremos negar, o queremos maquillar o queremos embellecer, o a veces queremos simplemente retorcer las verdades que están ahí en los hechos.


Cristo no se presta para ese juego. Su silencio, en ese sentido, es el silencio de aquél que no sólo es inocente, sino que es denuncia para la hipocresía del mundo. Pero finalmente Jesús si responde algo, Pilato le dice, oye yo tengo poder para soltarte y para crucificarte, y entonces le dice Cristo, mira el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado. Y le dice también tu no tienes ningún poder sino te lo hubieran dado.


Estas dos frases de Cristo son muy interesantes, porque es aquí donde se cambian los papeles, supuestamente Pilato era el juez y Jesús era el acusado, pero al hablar de esta manera, Jesús lo que le está diciendo es: mira que lo que resulta denunciado aquí eres Tú. Porque si tú eres el juez y si tú sabes como son las cosas, y tú estás obrando así, entonces el que está quedando denunciado aquí, y el verdadero culpable aquí eres tú, y se lo dice expresamente.


El que me ha entregado a ti tiene mayor pecado; mayor, es un término de comparación. Le dice a Pilato tú estás cometiendo un pecado aquí. Y esto es interesante: Jesús es el acusado, pero en medio de su pasión, y esto se destaca especialmente en el Evangelio de Juan, en medio de su pasión Jesús es majestuoso Señor.

Puede ser humillado, puede ser escupido, puede recibir burlas y azotes y sin embargo él es el Señor y él es el juez, y el es el que está denunciando aquí a Pilato, mira el que tiene culpa aquí eres tú. Y también le recuerda que el poder de él, es un poder que ha recibido, no es el dueño del poder, es un engranaje más dentro de una inmensa máquina.


Tú has recibido tu poder, Pilato, eres un engranaje más, yo creo que esto es muy importante, porque cuántas veces se justifican los crímenes, escudándose uno en el oficio que tiene, eso era lo que tocaba hacer. Si uno se pregunta porque el mundo anda como anda, todo el mundo tiene explicaciones, todos tenemos explicaciones.


Si le preguntamos al político porque aprueba la ley que permite abortos, en resumen, lo que te va a decir si no hago eso pierdo a los electores, es decir, es sistema me obliga a obrar así. Y si le pregunto a un abogado porque miente dice: porque es que el sistema me obliga a eso. Porque si yo tengo que defender a mi cliente, lo tengo que defender, así yo mismo sepa que el es culpable. Entonces el sistema me obliga a eso.


Y así cada uno se escuda en el sistema, el sistema es toda esa maquinaria, y Jesús está aquí anunciando también esa máquina, ese sistema, mira tú eres una pieza más. En el fondo lo que le está diciendo es: Pilatos, como serían las cosas si tú pudieras pensar por ti mismo, si tú no estuvieras simplemente cumpliendo órdenes, que no son solamente las órdenes del César, sino que son las órdenes de todo el que tiene poder sobre ti.


¿No te das cuenta Pilatos, lo que te están haciendo? ¿No te das cuenta cómo te están utilizando? Ojala le pudiéramos decir eso mismo a nuestros gobernantes: oye no te das cuenta, señor Presidente, señor Primer Ministro, ¿No te das cuenta como el sistema te utiliza?


Ojala le pudiéramos decir eso a nuestros congresistas: ¿No se dan cuenta ustedes como el sistema los utiliza para que cada vez legislen en contra la vida?, en contra de la familia. Ojala le pudiéramos decir eso a los profesores. Oye no te das cuenta, que los contenidos que muchas veces les transmites a los alumnos, son los que el sistema te dice que tienes que transmitir, pero ¿Dónde esta tu conciencia en eso?


Jesucristo es majestuoso en este pasaje, Él es el acusado y sin embargo Él es el Señor. Y a Pilato le toca admitir, Jesús le dice mira, el que me entregó a ti, tiene mayor pecado que tú, porque tú tienes pecado Pilato. Y Pilato le admite a Jesús porque, desde ese momento nos dice Juan, Capítulo 19, versículo 12: “Desde entonces, Pilato trataba de librarle.


Los judíos le gritan: si sueltas a ese no eres amigo del César; y Pilato termina cediendo, El sistema se lo tragó vivo. Entonces yo soy dice él, ¿no sabes qué tengo poder? Y Jesús le dice cuál es el poder que tienes, a ti el poder te lo da la gente, a ti el poder te lo da el emperador, y la prueba está uno o dos versículos abajo: Yo tengo el poder dice Pilato, pero ante la presión de los judíos, a no, el poder lo tienen es ellos.


Esas autoridades judías que finalmente logran lo que querían. Es importante destacar esta palabra que la he dicho varias veces en estos programas, que se trata de las autoridades judías; evitemos, por favor, una condenación global del pueblo judío, sería algo injusto y mucho más injusto sería pensar que cualquier condenación a ese pueblo, se puede transmitir hasta estos días; esto es lo que se llama antisemitismo, esa manera de pensar perversa que quiere buscar en el Publio judío toda la culpa.


Hay que evitar eso, ese no es el genuino pensamiento cristiano. Pero tampoco podemos negar que efectivamente las autoridades judías de ese tiempo, lo que estamos escuchando en estos pasajes.


La presión de los judíos crece; crucifícale, y dice Pilato, pero bueno ¿voy a crucificar a vuestro Rey? Esa pregunta tiene una importancia y es que si ellos hubieran dicho, ese es nuestro Rey, de algún modo esa hubiera sido la justificación de la condena, hasta cierto punto.


Porque si los judíos lo tomaban a él como rey, entonces era una amenaza para el César, pero en el hecho mismo de que ellos quieren crucificar a Cristo y por lo tanto no lo reconocen como rey, en ese hecho, se proclama, se grita la inocencia de Cristo y lo injusto de la condena que se le aplica a Él.


Bueno pienso que, mucho podemos aprender aquí del ejemplo de Cristo, de su mansedumbre, pero podemos aprender también esa lección: “oír lo que gritan los hechos”, a veces no es necesario pedir tantas palabras. A veces lo que necesitamos es escuchar la verdad que hay ahí en las obras.


En otra ocasión había dicho Cristo: las obras que el Padre me ha conseguido obrar dan testimonio de mí, y yo creo que esto se cumple especialmente en el cumplimiento de la Pasión, mientras seguimos avanzando, llegamos al final de este relato, es la historia del amor más grande, pidamos al Señor que podamos tener conversión en el corazón, para ser nosotros verdaderos delante de Cristo, más allá de lo que el sistema quiera hacer de nosotros.


Estuvo con ustedes, mis amigos, Fray Nelson Medida de la Orden de Predicadores.