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Fecha: 20030416

Título:

Original en audio: 28 min. 10 seg.


                          CONTINUARÁ LA TRANSCRIPCIÓN...

En la primera lectura aparece nuevamente esta figura del siervo de Yavhé, el siervo de Dios, que es como la imagen de la verdadera obediencia al plan divino; es el elgido para treer, para realizar el plan, el designio de Dios para Israel y para las naciones.

Y nosotros vemos, en este siervo de Dios, en esta figura del siervo una clave de lectura maravillosa para interpretar, para leer los acontecimientos de la Pasión.

Es muy interesante ese verbo que se utiliza en la primer lectura, eso de "no voy a quedar confundido, no quedaré defraudado, no quedaré confundido", porque este verbo hebreo se utiliza muchas veces en el Antiguo Testamento y es la expresión de aquel momento, de aquella circunstancia que nos sobrepasa, que no podemos manejar.

La confusión es la incapacidad de la mente para abordar un problema, es sentir que cualquier razón que se diga o que se dé resulta insuficiente. Y es impresionante ver en esa imagen del siervo como le cae encima todo, es decir, los golpes, los insultos, los ultrajes, y o queda confundido.

Este es el hecho que queremos meditar un poco, porque en nuestra vida pasan cosas así, y nosotros quedamos confundidos. Por ejemplo, cuando uno intenta hacer una cosa bien y le sale mal; cuando uno pone lo mejor de su parte y no logra nada; cuando uno trata de acercarse a otra persona y sólo recibe rechazo.

Cuando los juicios que caen sobre noostros no tienen en cuenta para nada nuestras intenciones, sino que únicamente se nos mide por la calidad de los resultados; cuando hacemos propósitos, pero luego resultamos débiles para cumplirlos, y sentimos que somos un manojo de contradicciones.