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Fecha: 20010404

Título: La gran decision de mi vida es si voy obedecerle a Dios o a los poderes del mundo

Original en audio: 15 min. 6 seg.


Queridos Hermanos:

La obediencia puede ser una gran cosa, y muy buena; o puede ser terrible cosa, y muy mala. Si una persona se resuelve a obedecer a Dios, es decir, a cumplir la voluntad de Dios en su vida, llegará a ser un gran hombre o una gran mujer; será un santo.

Porque la santidad consiste básica y esencialmente en eso, en cumplir la voluntad de Dios. En obedecer a Dios. No obedecer como máquinas, no obedecer como animales, obedecer como hijos desde el amor.

Pero la obediencia también puede ser causa de un desastre, porque resulta que los poderes de este mundo, como aparecen representados en el reinado de Nabucodonosor, también ellos piden obediencia, ellos también tienen sus órdenes, sus mandatos, y pretenden que les hagamos caso.

Y si nosotros le hacemos voto de obediencia a los poderes de este mundo, entonces nuestra vida va a ser un gigantesco desastre; por eso, la gran decisión que hay que tomar en la vida es, si uno quiere hacerle voto de obediencia a Dios, o si uno quiere hacerle voto de obediencia a los poderes, a los imperios, a las modas, y las cosas de esta tierra. Hay que hacer esa elección.

Es lo mismo que nos presenta Jesucristo en el evangelio; Cristo invita a los que habían empezado a creer en Él, los invita: “Permanezcan en La Palabra, quédense en lo que han empezado hacer, permanezcan, y así llegarán a ser verdaderamente libres”. Los invita a dejar esclavitud, los invita a salir del imperio, salir del dominio del pecado.

Es muy cierta la frase que Cristo le dice a estos judíos: “Quien comete pecado es esclavo” San Juan 8,34. Jesús quiere que seamos libres, y la libertad consiste en seguir a Jesucristo. La esclavitud de Cristo es libertad del mundo; por eso un gran cristiano, San Pablo, decía, y así se presentaba: "Yo soy esclavo de Cristo" [[:Category

Si uno mira el comienzo de las cartas de San Pablo, él se presenta así: “Yo soy Pablo, esclavo de Cristo” Carta a los Romanos 1,1, Carta a los Gálatas 1,10,Carta a los Colosenses 4,12,Carta a Tito 1,1.

Como quien dice: “Yo no sirvo a nadie más; mi Señor, al que yo le hago caso, al que yo le obedezco, se llama "Jesucristo, porque soy discípulo de Cristo”.

Nabucodonosor, que tuvo incluso sus tiempos de locura, de trastorno mental, unos episodios terribles de trastorno mental, en medio de su afán de gloria y de importancia, había mandado hacer una estatua de él mismo.

Y la idea era que a ciertas horas del día se armaba una algarabía terrible con todos los instrumentos musicales que hubiera, y toda la gente tenía que postrarse ante la estatua de Nabucodonosor.

Pero unos rebeldes, unos desobedientes, es decir, gente que no quiso ser esclava de Nabucodonosor, sino que prefirieron servir a Dios; esos señores que tienen nombre raro son: Sidrac, Misac y abdénago, y ellos desobedecieron al imperio de Nabucodonosor, porque ellos pertenecían al imperio de Dios.

Ellos estaban bajo órdenes de Dios, ellos tenían voto de obediencia a Dios; estaban con Dios, seguían a Dios, servían a Dios, y por eso fueron desobedientes a Nabucodonosor, ¡y bien hecho que fueran desobedientes a Nabucodonosor!

Cuando uno oye esa lectura, uno puede pensar: “Bueno, eso se quedará para ese tiempo, porque a estas alturas no hay ningún loco, ningún Nabucodonosor que tenga su estatua en Tibú, en Cúcuta, en Bogotá, y que diga: “Bueno, aquí está mi estatua, ahora tienen que inclinarse delante de mi estatua, o si no los mato, los mando a un horno de fuego" Eso ya no se hace".

Pero hay otros imperios, otros imperios que también quieren que nosotros les rindamos pleitesía, y los adoremos, y sobre todo que seamos muy obedientes y muy puntualitos con ellos.

Por ejemplo, a mí me tiene triste y contrariado, ver cómo una cantidad de niños y de jóvenes le tienen voto de obediencia al pecado. Eso a mí me tiene triste. ¡Claro que yo también soy pecador, y necesito confesarme! Yo me confieso. No estoy diciendo que yo sea ningún santo, ni que yo sea inocente, pero tengo que predicar.

Ejemplo, uno empieza a seguirle la ruta: este niñito, lo bautizaron en la parroquia cuando cumplió siete meses, o un año, o lo que sea. Este niñito fue creciendo. Este niñito hizo la Primera Comunión en tal fecha, y después este niñito mandó a la porra la Iglesia, la Misa, los sacerdotes, los sacramentos.

Este niñito agarró machete, metralla, y se dedicó a matar, a degollar y a torturar la gente. Este niñito. ¿Qué pasó, hombre?

Y mira uno la ruta de las mujeres: esta niña tierna la bautizaron a tantos meses; esta niña tierna hizo la Primera Comunión, y aquí está la foto, y parece un puro angelito. Esta niña tierna se embarazó a los tantos años, y esta misma niña tierna, llena de hijos con un hombre que no era su esposo, anda por ahí arrastrando su pobreza ¿qué pasó?

Y es que no es una, ni dos niñas tiernas; no es uno, ni dos niños tiernos; es una cantidad de muchachos que uno, como sacerdote, sufre, porque uno dice: "¿Por qué todos tienen que seguir el mismo camino? Este niño tierno terminó de sembrador de coca; el otro terminó de sicario; el otro terminó matando gente; el otro terminó de ladrón".

¿Por qué? ¿Por qué eso? ¿Sabe por qué? Porque todos esos niños tiernos, y esas niñas tiernas en realidad adoran a los dioses de hoy, los dioses de hoy no se llaman Nabucodonosor, se llama plata fácil, se llama placer desbocado, se llama superficialidad.

Esos son los dioses de hoy, y todos los muchachos: “Sí, sí, señor, ¡claro que sí!" Se inclinan y hacen veneración a los dioses de hoy.

Y para que yo me calle y no tenga que decir esto, primero tienen que mostrarme, ¿cómo? Por multitud, por cantidad que digan: “¡No, yo rompo con el crimen; yo rompo con la crueldad; yo rompo con la violencia; yo rompo con la mentira; yo rompo con la prostitución.

"Yo rompo con el desenfreno, con el adulterio; yo rompo con la fornicación y con el vicio; yo rompo con eso; yo no sirvo a Nabucodonosor; yo rompo con eso; yo quiero servir a Dios”.

Sea con un hogar santo, sea con una vocación bella, bonita como es la vocación religiosa, o como es la vocación sacerdotal. Cuando usted me muestre que la mayor parte de los jóvenes le dicen “no” a Nabucodonosor; cuando los jóvenes dejen de decirle “sí” a esos ídolos, entonces, habrá que cambiar la predicación.

Pero, mientras tanto, hay que decir que estamos obrando como esclavos, y es la cantidad de gente detrás, el uno atrás del otro. Y empieza uno a ver las familias: "-A ver, ¿cómo está su casa? “-Pues, ahí más o menos, pero de los hijos ninguno se nos casó, todos arrejuntados”.

Qué es eso tan triste que me tiene que decir a mí, uno que fue párroco en esta parroquia? "Mire, no se preocupe por cursos prematrimoniales y esas cosas, que allá nadie se casa".

¿Qué es eso? ¿Qué es eso, por Dios? Eso se llama: Nabucodonosor, eso se llama servir a ídolos, eso se llama que todos los muchachos, y muchachas están así, haciéndole venia, y diciendo: “Yo también voy a fornicar", "yo también voy a ser adultero", "yo también me voy arrejuntar”.

Y de ahí todos los males, ¡todos! Porque, si no hay familia bien hecha, usted no sabe lo que pasa cuando no hay familia bien hecha. Los hijos no se sienten amados, y si no se sienten amados, no se sienten escuchados, no se sienten comprendidos, entonces salen al mundo a buscar alguien que les diga para qué sirve la vida.

Y entonces ahí es donde aparece alguien que le da una semilla de coca, y le dice: “Mire, ¿sabe para qué es la vida? Para sembrar esta vaina". Ahí es cuando aparece el otro que dice: “¿Sabe para qué es la vida? Para eso es la vida”.

¿Por qué les dicen eso? ¿Por qué ellos se lo creen? Porque en la casa nunca vieron nada distinto, porque no tuvieron amor, ni tuvieron unidad en la casa; por eso, mis hermanos, por eso es necesario, es indispensable que los niños,y los jóvenes rompan con el ídolo.

Estos eran jóvenes. Estos tres de los que nos habló el libro de Daniel, eran jóvenes: Sidrac, Misac y Abdénago eran jovencitos, y Nabucodonosor creyendo, porque eran jóvenes se iban a dejar asustar, y qué hermosa respuesta la que dan estos muchachos, estos chamos. Esta, sí es respuesta: “Majestad” Daniel 3,16.

¡Imagínese! ¡Semejante rey! ¡Oh, yo mato! Porque los reyes, y los poderes han sido, así siempre: "Usted me hace caso, o lo mato".

"Si usted no me hace caso, lo ajusto, y lo mato". Esos son todos los poderes de esta tierra, y miren cómo hablan estos jóvenes: -“Majestad, a eso no tenemos por qué responder” Daniel 3,16; “-¡Que ustedes tienen que adorarme, porque yo soy el que manda aquí!”

Y, así es como se presentan los ídolos a los jóvenes, hoy. El ídolo de la violencia; del poder fácil; del dinero fácil; del placer fácil. ¡Claro! Si un muchacho no tiene autodisciplina; si no tiene dominio de si mismo; si anda detrás de la propaganda, y del placer fácil; del poder fácil, y del dinero fácil, están detrás de Nabucodonosor.

Pero Nabucodonosor dijo: “y qué dicen estos muchachos” Mire, “El Dios a quien veneramos nos puede librar del horno encendido, y nos va a librar con sus manos” Daniel 3,17.

¡Tenaz! Esto se llama fe; y todavía, mejor lo que sigue: “Y aunque no lo haga, conste que no veneramos a tus dioses, ni adoramos la estatua que has erigido” Daniel 3,17.

Esa gente, ¡sí vale! Esa es la gente que cambia un pueblo. Esa es la gente que transforma una región. Esa es la gente que el mundo necesita. ¡Esa! ¡Dios lo puede lograr! Los ídolos de este mundo me amenazan, pero Dios me puede librar, y aunque no me libre, tampoco voy adorar ídolos.

"Aunque no me libre, no voy adorar ídolos". Esa es la gente verdaderamente libre, y esa es la gente de la que habla Cristo. “Si ustedes permanecen en mi palabra, entonces van a ser de verdad discípulos míos”.

Y esa es nuestra tarea, Ese es nuestro llamado: llegar a ser verdaderos discípulos de Jesús