Bk04004a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20060326

Título:

Original en audio: 11 min.

Queridos hermanos:

Una manera de meditar en las lecturas de este domingo es apoyándonos en el número dos. El número dos es el número que indica el ritmo. Por ejemplo, se van alternando el día y la noche. Ahí hay un número dos. Y necesitamos el día para trabajar, pero también necesitamos la noche para descansar. El número dos aparece de varias maneras en estas lecturas. Por ejemplo, en la primera lectura se presentan dos escenarios: uno muy triste que fue cuando sacaron a los judíos de su propia tierra; fue el destierro, fue el exilio, pero ese tiempo no se quedó así, sino que después vino la restauración.

Nabucodonosor fue el rey de los caldeos que sacó a los judíos de Jerusalén. Fue la época de la tristeza, pero después vino Ciro rey de Persia que dio una orden contraria: permitiendo a los judíos reconstruir Jerusalén. Entonces la tristeza quedó atrás y vino la alegría de reconstruir el templo. Tristeza y alegría, de nuevo el número dos.

También aparece esa polaridad o esa dialéctica en el Evangelio de hoy. Jesús nos habla de que va a ser levantado y sabemos que ese levantamiento de Jesús se refiere a la cruz. la cruz es la tristeza máxima, pero al mismo tiempo es la puerta para la alegría máxima. La cruz y la Resurrección. Otra vez está esa polaridad, está ese número dos. existe el dolor de la cruz, pero existe también el gozo de la Resurrección.

Nosotros los cristianos nos movemos en ese ritmo. La cuaresma misma es la preparación para lo que sigue. La vida nuestra no es sólo cuaresma: después de la cuaresma viene la Pascua. preparación de la Cuaresma y celebración de la pascua. En la cuaresma reconocemos que hay muchas cosas que tenemos que cambiar. En la pascua agradecemos al Señor todo lo que ya ha cambiado, todo lo que ya ha hecho en nosotros.

Es muy interesante descubrir este ritmo porque la Biblia entera está hecha de ese ritmo, de ese número dos. Hay el momento como dijo muy bien el libro del Eclesiastés: hay el tiempo para ayunar y hay el tiempo para comer, hay el tiempo para entristecerse y el tiempo para alegrarse. Esa expresión o esas parejas que se complementan me parece que están en el capítulo tercero del Eclesiastés; y describen muy bien cómo los cristianos aprendemos a vivir cada cosa. tenemos que saber pasar por la tristeza y saber llegar a la alegría. tenemos que aprender a arrepentirnos, porque si no nos llenamos de soberbia y nos creemos perfectos.

Pero también hay que dar paso a la gratitud, a la alabanza y al gozo porque si no nos volvemos depresivos y melancólicos. Hay que reconocer que el mundo en el que estamos no es un mundo perfecto. Hay tantos problemas, hay niños que mueren de hambre, hay ancianos que mueren en soledad, hay guerras en distintas partes del mundo, hay injusticias contra los pobres. Todo eso nos da tristeza.

Pero no nos quedamos sólo en la tristeza; también miramos el otro aspecto. Miramos que hay mucha gente buena y mucho amor también. Que hay la alegría del niño que nace, hay la alegría de la pareja que se quiere sinceramente, hay el gozo de encontrarse con papás y mamás que son capaces de entregar su vida entera por sus hijos y también hay gente que son verdaderos héroes: personas que entregan su vida por una causa, por la libertad de una nación o por el mejoramiento de la salud o por la propagación de la fe.

Ser cristiano entonces, es saber reconocer esa polaridad, esa dualidad. Y saber, como dicen en inglés, making xxxxx, buscando cómo logramos lo máximo de cada cosa, cómo podemos obtener el fruto de cada cosa.

Si pasamos por un tiempo de desolación y por un tiempo de desierto y por un tiempo de depresión, pues vamos a sacr el máximo provecho de eso. De esos tiempos aprendemos a ser humildes, parendemos a mirar a tanta gente que está sufriendo, aprendemos a conocernos a nosotros mismos, aprendemos a orar más y depender más de Dios. Si hacemos estos ejercicios, sacamos el máximo de provecho de esos tiempos "down" de esos tiempos malos.

Pero no toda la vida puede ser tiempos malos y depresivos y melancólicos