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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20061112

Título: El Sentido de la Generosidad

Original en audio: 11 min. 33 seg.


Hermanos Queridos:

En primer lugar, podemos relacionar las lecturas de hoy con el sentido de la generosidad. ¿Qué es ser realmente generosos? Y descubrimos que la generosidad no es solamente la cantidad de lo que se da, sino que entran otros factores que parece que pesan más ante los ojos de Dios.

Esos otros factores los podemos resumir en esta pregunta: ¿qué parte de ti implicas en lo que tú das? Jesús dice: “Los demás han echado de los que les sobra” (véase San Marcos 12,44). Al dar, ellos no han tenido que darse. Lo que ellos dan tiene una implicación muy baja, muy pobre en sus vidas.

En cambio, las dos viudas que han aparecido el día de hoy, aquella viuda de Sarepta, con el profeta y esta otra viuda anónima en el evangelio, al dar, han tenido que implicar su propia subsistencia, se han puesto en peligro.

La generosidad, la verdadera generosidad está en el darse y sabemos que hemos empezado a darnos cuando eso mismo que somos, cuando lo mismo que tenemos, llega el momento en que nos desestabiliza, nos lleva al riesgo.

Decía la bienaventurada Madre Teresa de Calcuta: “Dar hasta que duela, dar hasta que te afecte, dar hasta que tú mismo seas cambiado por la ofrenda que das”. Esta es la clase de generosidad a la que nos invita el Señor, y por supuesto, uno podría preguntarse: "¿Cuál es el sentido de ese dar? ¿Por qué se nos reclama tanto?"

Observemos que si uno baja un poco la medida, si uno baja la exigencia, no es tan difícil encontrar gente que aporte. Hay en la naturaleza humana, no solamente un impulso para acumular y para retener, hay en la naturaleza humana también la alegría de dar. Esa alegría que es como natural, que es como espontánea, es lo que se llama la filantropía.

Prácticamente, todos los seres humanos sienten en algún momento de sus vidas o en muchos momentos que es bueno hacer algo por alguien, se siente bien.

Nuestra naturaleza está hecha de tal manera que sentimos alegría, sentimos una cierta alegría cuando compartimos un bien con una persona que lo necesita. Así sea algo tan sencillo como darle el asiento a una persona mayor en un tren o en un autobús, se siente bien. Pero aquí estamos hablando casi de lo contrario. Porque la Madre Teresa de Calcuta dice hay que dar casi hasta que te sientas mal, porque es hasta que te duela.

Y dice el Señor: "No es dar de lo que te sobra, es dar de lo que tienes para vivir", y eso produce riesgo, produce inseguridad, tal vez, produce incluso preocupación. Entonces la generosidad, la caridad, la genuina caridad cristiana, en su expresión más fuerte, no es filantropía, no es esta alegría de dar un poquito, de sentirse uno bien sin ponerse en riesgo, es mucho más que filantropía.

Entonces llevamos dos enseñanzas hoy. La primera: cuál es el sentido de la generosidad, cuál es el sentido del dar y esto se resuelve con una pregunta: ¿qué tanto de ti estás implicando? Y lo segundo que hemos dicho hoy es que esa generosidad va mucho más allá de la filantropía.

Pero viene una pregunta entonces, o mejor, permanece viva nuestra pregunta: "¿Y qué es lo que se recibe con eso, con esas clase de generosidad, poniéndome en esa clase de riesgo, sintiendo que incluso me duele, según la expresión de la Madre Teresa? ¿Qué obtengo con eso?"

Si uno lo mira desde un punto de vista solamente humano como que no tiene mucho sentido, pero la clave está en lo que sucede en nuestra vida humana cuando descubre antes, cuando descubre primero la generosidad de Dios. La generosidad de mi donación me pone en riesgo, pero también me pone en las manos del Dios generoso.

Eso aparece muy bien en la primera lectura. La viuda se pone en riesgo, esto era todo lo que tenia para ella y para su hijo y eso se lo va a dar al hombre de Dios, al profeta. Es como una ofrenda religiosa realmente. ¿Qué gana ella con eso? Gana la experiencia de la generosidad de Dios.

El acento no hay que ponerlo en todo lo que uno puede llegar a perder, que puede ser hasta la vida, nos lo muestran los mártires. El acento no está en lo que uno puede llegar a perder, el acento está en lo que uno puede llegar a ganar cuando uno entra en el ámbito de la generosidad de Dios.

Mi generosidad a mí me parece que es muy grande porque me pone en riesgo a mí, pero mi generosidad es sólo una llave pequeña que abre una bodega inmensa que se llama la generosidad de Dios. A través de ese acto, que en el fondo es un acto de confianza por el que yo me regalo a las manos de Dios, por el que yo me encomiendo y me entrego a la providencia y al poder del Señor. A través de ese acto generoso, total, estoy descubriendo cómo mi Dios es un Dios generoso.

La otra persona, aquella que es beneficiaria de mi donación, experimenta mi generosidad, pero yo salgo ganando porque yo no experimento menos, sino muchísimo más, experimento la generosidad de mi Dios. Entonces, el sentido completo es: Descubra la generosidad de Dios y hay que “pagar” un tiquete, entre comillas pagar, porque todo es gracia.

Hay que pagar un tiquete y el tiquete es: experimenta tu generosidad, haz la experiencia de ser generoso y descubrirás que hay un cierto punto en que se empieza a sentir riesgo y se empieza a sentir dolor, pero se empieza a sentir también que estás en unas manos más grandes y más fuertes, y que estás en una lógica más perfecta que tu lógica, y que estás en una sabiduría más grande que tu sabiduría, y que hay un amor más grande que tu amor, entonces descubres que lo que das es poco y que lo que recibes es inmenso.

Una vez le preguntó el Apóstol Pedro a Nuestro Señor Jesucristo "¿Oye, y nosotros que lo hemos dejado todo? (véase San Marcos 10,28). El también estaba hablando de la generosidad, porque le estaba doliendo, porque le estaba costando, "lo hemos dejado todo" (véase San Marcos 10,28).

Le dolía a Pedro, se sentía en riesgo. ¿Qué va a pasar conmigo aquí? Jesús le responde y le dice: "Pues todo el que deja casa y hermanos y hermanas y todas las demás cosas, recibirá el ciento por uno, con persecuciones, y luego la vida eterna, la vida perdurable" (véase San Marcos 10,29-30).

"Ese ciento por uno con persecuciones" es la respuesta perfecta. "Ciento por uno", porque se experimenta una abundancia mayor que toda la abundancia que tu quisiste tener con otros, de nuevo, tu generosidad te parece grande porque te implica a ti, pero es una llave pequeña frente a la bodega del amor de Dios.

Y sin embargo, Jesús dijo: con persecuciones, porque de todas maneras se sigue sintiendo el dolor, y se sigue sintiendo el aguijón, y se sigue sintiendo la incomodidad, y eso no está mal, eso está muy bien porque eso hace que nosotros mantengamos la pureza del acto generoso con el que queremos dar a otros.

Si fuera simplemente un gran negocio, si faltara esa palabrita que dice “con persecuciones”, entonces nuestro amor podría estarse dirigiendo no tanto a Dios, sino a todas esas cosas buenas que esperamos recibir, y entonces la religión se volvería solamente un negocio, y hay gente que lo mira así y hay gente que lo vive así, pero esos están haciendo el peor negocio.

El que mira la religión solamente como un negocio está haciendo el peor de los negocios, porque está perdiéndose de la genuina, de la auténtica experiencia de la gracia, del amor, de la abundancia que viene de Dios y lo está cambiando por un esquema de retórica, de vanidad y de engañar a la gente.

Hoy somos invitados, mis hermanos, a experimentar cada uno en su propio estado de vida, a experimentar la generosidad de Dios, a experimentar que nuestro Dios es un Dios abundante en amor y en alegría, es abundante en dones y en perdón, es abundante en Espíritu y en sabiduría y en palabra. ¡Es un Dios Maravilloso!

Que el poder del Evangelio se adueñe de nuestras vidas y que esta experiencia la hagamos contagiosa a muchos más.