I272001a
Fecha: 20051004
Título: En Jonás Dios nos da una señal: podemos ser fecundos en Dios aunque nos hayamos resbalado y caido
Original en audio: 6 min. 37 seg.
En la Primera Lectura del día de ayer encontrábamos a Jonás huyendo, alejándose de Dios. Y le fue mal, le fue tan mal, que pasó tres días dentro de una ballena; no sabemos qué tan aseada era esa ballena, lo que podemos pensar es que no fue el alojamiento más cómodo para Jonás. Y aquí empieza la primera lección para nosotros.
Cuando jonás se montó al barco, huyendo del llamado de Dios, pues Jonás pensó que estaba haciendo el negocio de su vida, estaba mirando por sus propios intereses. Pero fuera de Dios, huyendo de Dios nos va mal.
Nuestra verdadera felicidad está en Él, está cerca de Él; no es fácil seguirlo, por supuesto; la fidelidad es difícil. Creo que todos tenemos la experiencia también de la tentación; muchos tenemos la experiencia de resbalar, de caer y de sentirnos humillados y pidiendo ayuda.
Pero a pesar de las caídas y de las levantadas, es bueno comprender que sólo en el Señor, que nos llamó, está nuestra felicidad, sólo en Él.
A Jonás le fue mal allá en la ballena, y parece que quedó tan aburrido de ballenas, que decidió hacerle caso a Dios.
Entonces Dios le volvió a hablar -estamos en el capítulo tercero del libro de Jonás- y es muy interesante que cuando la ballena devuelve a Jonás a la playa, otra vez Dios le habla y le habla para repetir lo mismo que le había dicho antes del barco y antes de la ballena; es decir, el llamado sigue intacto.
Creo que muchos podemos conocer una historia bellísima y verídica que ha circulado en Internet, la historia de un sacerdote que abandonó prácticamente su sacerdocio, y por distintas razones fue degenerando su vida y acabó siendo un mendigo.
Y este sacerdote después de haberlo dejado todo y de vivir como un pordiosero, fue encontrado por otro sacerdote que era amigo del Papa, de Juan Pablo II; y le concedió una entrevista con el Papa y el Papa recibió al sacerdote mendigo.
Y lo más emocionante es que la primera palabras del Papa cuando saludó a este sacerdote pordiosero, a este sacerdote mendigo que hacía mucho tiempo había abandonado todo, lo primero que le dice el Papa es: "Confiésame, por favor"; le pidió el sacramento de la confesión a este sacerdote.
Y entonces él todo apenado le dice a Juan Pablo II: "Pero Santidad, yo cómo, si yo..." Y estaba tratando de buscar una explicación, y le dice el Papa: "Una vez sacerdote, para siempre, para siempre sacerdote".
Que es como lo de Jonás; es el Dios que vuelve a repetir su mismo llamado. Porque es posible que nosotros cambiemos, pero Dios no cambia. Nos dice San Pablo en la Carta a los Romanos: "Los dones y la llamada de Dios son irrevocables" Carta a los Romanos 11,29. El Dios nuestro es un Dios que nos está volviendo a llamar, que nos está recuperando; y Dios intenta recuperar el máximo de nosotros.
En el caso de Jonás, le repite la misma palabra: "Levántate y vete a Nínive" Jonás 1,2; en el caso de esta sacerdote, a través del Papa le dice lo mismo: "Tú eres elegido, tú eres sacerdote; ejerce tu sacerdocio".
Y también es bonito y es emocionante en esta Primera Lectura ver que Dios hace fecundo el ministerio de Jonás, Si lejos de Dios lo único que nos espera es una ballena -todavía no sabemos cómo será el aliento de ballena- pues volviendo a Dios nos espera la fecundidad; en Él somos fecundos. Y esto vale, insisto, para cada vocación.
En el matrimonio es lo mismo, con un hecho importante, como el matrimonio es de dos, para que se dé verdaderamente esa fecundidad, esa alegría espiritual, es necesario que ambos vuelvan a Dios.
Pero si ambos vuelven a Dios, como un día se acercaron al altar, si ambos ahora le dicen al Señor que sí, entonces Dios los hace fecundos, espiritualmente fecundos, y muchas veces fecundos también en su carne.
Dios hizo fecundo a Jonás. Notemos que el común denominador en la Biblia es que prácticamente a los profetas la gente no los oye. Si vamos a Isaías, a Jeremías, a Ezequiel; si vamos a Natán, a Samuel, lo que encontramos son profetas que no fueron escuchados.
Pero hay una excepción, una excepción tan notable, que luego Jesús alude a ella en el Evangelio: "Jonás predicó, y la gente de Nínive se convirtió" San Lucas 11,32; fue en ministerio excepcional, y esto es muy importante.
El ministerio de Jonás, después de haber traicionado su vocación, fue un ministerio muy humilde, y eso es valioso, es precioso ante los ojos de Dios. No quiero decir que los otros carecieran de humildad, pero yo creo que Dios nos ha dejado como una señal aquí, es la señal de que podemos ser fecundos en Dios, aunque nos hayamos resbalado.
Que entendamos que Dios permanece y que entendamos que Él puede bendecir nuestras palabras; que nuestro Dios es el Dios que resucita a los muertos; nuestro Dios es el que nos hace nacer de nuevo.
A Él el honor y la gloria por los siglos.
Amén.