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1997/05/13

LA DESPEDIDA

6 MIN, 2 SEG.


Queridos hermanos:

Las dos lecturas que nos ofrece la Santa Iglesia en este día tienen tono de despedida: la despedida de Pablo del grupo de presbiteros de Efeso, y la despedida de Jesús del grupo de sus apóstoles despues de la ultima cena. Y si se hace una lectura comparativa de esas dos despedidas, descubrimos el hermoso y sorprendente parecido entre ellas, es decir, las palabras que puede decir Pablo al dejar Efeso, él siente que por última vez en su vida, y las palabras que puede decir Cristo al dejar este mundo precisamente para donar su vida en el sacrificio de la cruz.

Dice Pablo: a mi no me importa la vida, sólo me importa completar mi carrera; y dice también: nunca me he reservado nada porque anuncié íntegro el mensaje. Dice Nuestro Señor Jesucristo: Yo les he dado las palabras que Tu me confiaste y ellos han creído que yo sali de Ti. Dice el apósotol Pablo: en privado y en público he insistido en que crean en Dios y en Jesucristo.

Y dice Nuestro Señor Jesucristo: ellos han creido que yo sali de Ti y le dice precisamente en la intimidad de esa cena en la que ha revelado las últimas confidencias de su corazón atribulado por la pasion que se acerca pero al mismo tiempo alegre en la generosidad de la gloria que el le da al padre y que el Padre le da a el. Pablo y Cristo ponen su mirada en ese futuro que solo Dios puede crear.

Pablo y Cristo al momento de despedirse de sus respctivos amigos hacen como una última y solemne declaración del amor y es ésa declaración solemne, decisiva de amor, la que le da su contexto y le da su realidad a la Eucaristía. La Eucaristía es un regalo acompañado de palabras. Una de las diferencias entre comprar un objeto y recibirlo como regalo, es que los regalos va acompañados siempre por las palabras que le dan sentido: esto te doy como signo de amistad, esto te doy en agradecimiento por tus beneficios. En cambio el vendedor no acompaña ninguna palabra porque el sentido de lo que se recibe está completamente en el dinero que se ha dado para adquirirlo.

En la Eucaristía, que es el don por excelencia, tiene su palabra que le da sentido tiene su contexto que es el que nos ilumina y nos permite reconocer a Jesucristo y ese contexto es la solemne declaración de amor: aqui estoy todo Yo, todo lo que me ha revelado mi Padre os lo he dado a conocer y por eso como antes lo hemos escuchado en otro pasaje: ya no os llamos ciervos sino amigos porque todo lo que me ha dicho mi Padre os lo he dado a conocer.

Aqui estoy yo, así soy, aqui estoy entre ustedes; quien ha entendido esta declaración generosa irrevesible de amor, entiende tambien el sentido de las palabras de la Eucaristía. Cuando uno se siente casi avasallado por ese torrente del amor de Dios, entonces entiende qué es lo que quiere decir eso de: Tomad y comed este es mi cuerpo, tomad y bebed, esta es el càliz de mi sange que se entrega para el perdón de los pecados; esas palabras de la Eucaristía no son sino la reafirmación, el acto sacramental de aquello que El nos ha venido diciendo no sólo en esta cena de despedida, sino desde que inició su predicación en Galilea y si lo miramos mejor desde el momento de la encarnación.

Cristo es pan de vida dado para restauración, para sanación y para alimento del mundo desde el primer momento de su existencia; y ese vivir para el otro, ese continuamente darse, ese no reservarse nada, ese completar la carrera en la Gloria de Dios es lo que tiene su realización en cada Eucaristía, cuando El dice: este es mi cuerpo asi soy y soy para vosotros en la Gloria del Padre. Esta es mi sangre, asi soy y soy para vosotros para salud vuestra y Gloria del Padre celestial.

Que nos innunde ese amor que es amor de Dios, que es regalo y palabra, para que podamos reconocer al Señor al partir el pan y nuestra vida enriquecida transformada por ese don, se convierta también en ese don para la vida del mundo.