I022002a

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Fecha: 20030121

Título: La institución del sábado

Original en audio: 27 min. 33 seg.


La institución del sábado era en principio una institución liberadora. De lo que se trataba era de ponerle un límite al trabajo.

Especialmente, era una institución liberadora para los más débiles. Como el sábado debía observarse en todo el país, entonces los amos no podían obligar a que sus siervos trabajaran todo el tiempo. Era una institución de libertad.

Y si leemos a los Profetas, encontramos que muchos de ellos hacen elogio del sábado, invitan a obedecer el precepto del sábado, pero una institución de libertad se puede convertir también en algo esclavizante, en algo asfixiante, y esa es la escena que hemos encontrado en el evangelio.

Como no se puede trabajar, entonces no se pueden recoger espigas para no morirse de hambre, conclusión: mejor que se mueran de hambre, pero obedeciendo al sábado. Es una exageración, es asfixiante.

El tema entonces que está detrás de esta historia del sábado es el tema de la libertad. Y es algo muy necesario, porque hay una gran cantidad de cosas en la Iglesia que han nacido como instituciones de libertad, y también ellas pueden volverse asfixiantes.

Por ejemplo, la vida consagrada. aquellos que eligen, movidos por la gracia del Espíritu Santo, renunciar a la posibilidad de un hogar propio, quieren seguir con más libertad las huellas de Cristo; esto significa que el celibato es una institución de libertad, pero lamentablemente, en más de una ocasión, ese mismo celibato que nació para libertad se siente como algo que oprime, como algo que asfixia.

El hábito de los religiosos y de las religiosas, es una institución de libertad; el hábito simplifica michísimas cosas, simplifica el tema de la escogencia de la ropa. Una religiosa no tiene que ocuparse, gastar neuronas pensando: "a ver, si esta falda me va con estos zapatos", ese problema ha quedado resuelto.

Eso le permite dedicar atención a otras cosas, pero algunas veces el hábito ha sido visto como una institución asfixiante, y hay comunidades que creyeron, o no sé si o siguen creyendo, que sin hábito, recuperan libertad.

Es una cosa graciosa, porque el hábito se adoptó para liberarse de la tiranía de la moda, de los gustos, de las particularidades, de los caprichos, y después se deja el hábito también buscando libertad. Es interesante.

Lo mismo se podría decir de prácticamente todas las observancias que nosotros conocemos: el silencio, la clausura, el mismo régimen de la oración. Por eso está ese chiste un poco burlesco, ¿no? Del grupo de seminaristas que hacía un paseo en un barco, el barco amenazaba hundirse y entonces dijeron: "bueno, arrojen lo que más pese", tiraron la liturgia de las Horas.

Y fíjate que la liturgia de las Horas es también un camino de libertad. Quiere que mi pequeña oración se abra al tamaño de la oración de la Iglesia de todos los tiempos, a través del Oficio de Lectura, a través de los salmos, a través de los testimonios de los santos.

Ya mi oración no es la oración pequeña de mis gustos, necesidades, o capacidades limitadas; ahora es una oración sin fronteras, una oración que atraviesa siglos, que no conoce límites, que atraviesa culturas; pero también se puede ver como una institución asfixiante.

Es interesante caer en cuenta de todo esto, porque no es tan fácil encontrarle una respuesta. Yo pienso que sobre todo después del Concilio Vaticano II hubo mucha confusión, muchas discusiones, y comunidades enteras perdieron, como en una especie de hemorragia, multitud de vocaciones que ya estaban o que querían llegar.

¿Cómo conservar la libertad?, ¿cómo compaginar el anhelo de libertad con una institución, como puede ser en esa época el sábado, o como en nuestros días pueden ser todas estas normas que hemos mencionado?

Observemos una cosa: suele darse un malentendido con este evangelio que hemos oído, porque lo que queda en la mente de mucha gente, y pregunte usted y verá que es así, es que Jesús pasaba por encima del sábado, pero Jesús ni quebranta ni invita a quebrantar el sábado. Esto es lo primero para encontrar una luz y una dirección.

Dice aquí: "´¿no habéis leído nunca lo que hizo David?: entró en la casa de Dios, comió de los panes presentados que sólo pueden comer los sacerdotes y les dió también a sus compañeros. "El Hijo del hombre es señor del sábado" (véase San Marcos 2,28).

Jesús no dijo: "el sábado no importa", Jesús no dijo: "no me vengan a mí con leyes de sábados", Jesús no dijo: "yo puedo desobedecer el sábado", la frase fundamental es: "el Hijo del hombre es señor del sábado". (véase San Marcos 2,28 ).

El interés de Cristo no es quebrantar el sábado, esto es lo que debe quedarnos perfectamente claro, porque si no se nos vuelve un juego: hacer leyes y quebrantarlas; inventémonos celibato y quebrantémoslo; inventémonos clausura y quebrántemosla, no, Jesús no le hace propaganda a quebrantar el sábado, ni Él mismo siente haber quebrantado el sábado.

Hay un pasaje en el libro de los Hechos de los Apóstoles: poco antes de que el Apóstol Pedro fuera a predicar a la casa de un pagano llamado Cornelio, Pedro tuvo una visión mientras estaba orando en la azotea de una casa: vio cómo un lienzo inmenzo bajaba del cielo y traía una cantidad de animales de los que estaban prohibidos por la ley judía, y entonces una voz venida del cielo le dijo: "levántate, Pedro, mata y come" (véase Hechos de los Apóstoles 10,13).

Pedro podía ser un poco fuerte en su temperamento, primario en sus reacciones, tosco en su educación, pobre en sus recursos, pero era obediente a la ley.

Lo que quiero decir es: el Nuevo Testamento no nos invita a prescindir de la ley ni nos invita a quebrantar la ley. El evangelio de hoy no puede ser tomado como una invitación a romper la ley o a quebrantar la ley. Le quedaba muy fácil decir a Jesucristo: "mira, las leyes no importan", pero eso no fue lo que dijo.

Incluso hay un pasaje que ustedes recuerdan, allá al comienzo del evangelio de Mateo en donde Jesucristo no sólo invita a cumplir la ley, sino a enseñar que se cumpla la ley, dice: " el que observa y enseñe los preceptos será el más grande, pero el que quebrante el más pequeño de estos preceptos, será el más pequeño en el Reino de los Cielos" (véase san Mateo 5,19). O sea que Jesús no nos está invitando a la desobediencia, Jesús no nos está invitando a quebrantar la ley.

A ver, hay como dos extremos: el extremo, vamos a llamarlo fariseo, y el extremo anarquista. El fariseo, toma la ley y convierte a la ley en una piedra de molino, en un yunque pesado, insoportable; la ley por la ley, ese es el fariseo. En el otro extremo está el anarquista. El anarquista dice: "no existe ley, o por lo menos, cuando a mí me convenga, existirá la ley, y cuando a mí no me convenga, no existe la ley", eso tampoco.

La posición de Cristo no es la de una idolatría de la ley, pero tampoco es la de una desobediencia a la ley. Cristo no quebrantó el sábado, sí como se oye. Mencioné lo de Pedro, porque Pedro vivió seguramente años con Jesús, seguramente comían de lo mismo, y Pedro dice: "nunca he comido nada prohibido por la ley" (véase Hechos de los Apóstoles 10,14).

Así que Jesucristo ni quebrantó ni nos invita a quebrantar la ley, por una parte, y por otra parte, Jesucristo tampoco es un idólatra de la ley, y tampoco es la ley por la ley, entonces, ¿qué?, ¿desobedecer la ley en casos extremos? Bueno, eso suena sensato, ¿no?

Si se incendia todo por dentro el monasterio de clausura, pues se acabó la clausura porque habrá que salir corriendo. En casos extremos esa ley no vale. Bueno, ya ese es un principio de entendimiento. Pero lo de Jesucristo es más interesante. Realmente, Jesucristo no dijo: "entiendan que en casos extremos la ley no rige", eso no fue lo que dijo Cristo. Claro que ya es bastante entender que en casos extremos la ley no rige.

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, fueron de las pocas o tal vez la única comunidad religiosa católica que pudo quedarse en Cuba cuando el régimen comunista de Fidel Castro subió al poder.

Y la razón por la que pudieron quedarse fue porque los comunistas vieron que ellas prestaban una obra humanitaria, resolvían un problema, el problema de los ancianos desamparados, pero les pusieron una condición severa: "ustedes no pueden utilizar el hábito", entonces ellas dijeron: "ah, bueno, entonces no utilizamos hábito", ese es un caso extremo, puede decir uno.

Si hubieran insistido obstinadamente en que: o hábito o nada, pues hubieran tenido que dejar abandonados los ancianos que tenían a su suerte, e irse todas ellas con su flamante hábito dejando atrás a los ancianos desamparados.

Pero, no, se quitaron su flamante hábito - ahí se pudo ver todo lo que habían engordado-, y se quedaron en la isla atendiendo a los ancianos.

Lo que Jesucristo dijo no fue: " en casos extremos la ley no rige", pero entender por lo menos eso, es entender algo, es entender que no se puede sacrificar una persona por el gusto de llevar un hábito; no se puede sacrificar el hambre de un pobre por el gusto de ver cumplirse una norma.

Lo que Cristo dijo fue más profundo: "el sábado se hizo para el hombre"(véase San Marcos 2,27); "el Hijo del hombre es señor del sábado" (véase San Marcos 2,28). Me parece entender a mí que la palabra fundamental de lo que Cristo quiere enseñarnos es la palabra "señor".

No dice: "quebrantarse el sábado", no dice: "desobedézcase", ni siquiera dice: "en casos extremos"; lo que dice es más misterioso, es más difícil, en cierto sentido, pero es muchísimo más profundo: "el Hijo del hombre es señor del sábado"(véase San Marcos 2,28).

El sábado es una institución, era una ley, ¿qué significa ser señores de nuestras leyes? Eso está interesante.¿Qué significa aprender a ser señores de nuestras leyes?, ¿qué es ser señor del sábado? Yo me atrevo a apostar que hemos oído este texto decenas o centenares de veces, y de pronto no tenemos una respuesta para esa pregunta así cortica.

"El Hijo del hombre es señor del sábado" (véase San Marcos 2,28), ¿qué quiere decir eso? "Ah, pues quién no sabe, pues señor, se entiende; señor, señor, señor del sábado" Le puedo apostar que uno no entiende, uno pasa por encima de los textos y puede morirse, hay un riesgo de que uno se muera sin haber entendido muchos textos; claro que hay quien dice: "bueno, pero ya entenderé, ya más allá del sol, más allá de la muerte, ya entenderé".

¿Qué quiere decir ser señor del sábado?, ¿el señor del sábado?, ¿el señor del sábado será el mismo señor del martes, el señor del jueves, señor del viernes? El señor del sábado, ¿qué es eso?

Yo creo que la expresión la podemos empezar a entender de esta manera: supongamos que alguien dice: "bueno, hoy es sábado, pues un judío de aquella época, porque obviamente cada cosa tiene su tiempo y nosotros no somos judíos, pero supongamos que un judío de estos hubiera dicho: "puesto que yo soy señor del sábado, entonces yo hago loque quiera con el sábado", eso no es, por ahí no es; eso no es ser señor del sábado.

Tengamos en cuenta que la palabra "señor" en la Biblia tiene un contenido supremamente fuerte; en la Biblia "el señor" es Dios: "el señor nuestro Dios es solamente uno" (véase Deuteronomio 6,4). Hay un señor.

A mí me parece entender que lo que Jesús está diciendo es: "eso que es el señor para ti, eso tienes qe ser tú para con tu vida, para con tus leyes, para con tus costumbres, para con tu sábado".

El señor Dios es el Señor, y Dios lo puede todo, pero Dios no obra caprichosamente, Dios obra sabiamente. La sabiduría y la misericordia de Dios rigen su obrar; Dios es sabio y es misericordioso, así es el Señor.

¿Cómo es el Señor? Eso sí lo sabe el que ha leído la Biblia; ¿cómo es el Señor? El Señor es fiel, el Señor es misericordioso, el Señor es sabio. Bueno, toma lo que tú sabes del Señor, y ahora vas a ser tú el señor del sábado, gobierna tú el sábado como Dios gobierna, ese parece que es el sentido.

Gobierna tú como tú ves que Dios gobierna: "el sábado se hizo para el hombre" (véase San Marcos 2,27), quiere decir, el sábado está bajo el gobierno del hombre, ¿y cómo lo debe gobernar el hombre? Como el Señor gobierna. Esa es la mente de Cristo, parece.

Puede ser que haya otras interpretaciones mejores, pero yo les digo lamejor que yo conozco. Cuando Jesucristo dice: "el Hijo del hombre es señor del sábado" (véase San Marcos 2,28), lo que está diciendo es: "el sábado tiene que ser gobernado, es una institución, no es un dios, es una institución, es algo para ti No, no ha comido nada de ellos, ha sido obediente., gobiérnalo", ¿y cómo lo voy a gobernar? "Mira cómo gobierna el Señor, mira cómo gobierna Dios".

Con esa sabiduría, con esa compasión, con esa fidelidad. Entonces Cristo no quebrantó la ley. ¿Por qué Cristo no vivía comiendo morcilla? Porque no había ninguna necesidad de comer morcilla; si el comer morcilla significara salvación, si fuera un acto mayor de misericordia y de compasión que dejar de comer morcilla, pues seguramente Cristo comería mucha morcilla, pero Cristo murió sin comer morcilla, ¿no le debe nada al reino de los marranos? No, no ha comido nada de ellos, ha sido obediente.

Cristo es el señor del sábado, Cristo es el señor de la ley, lo cual significa: la ley es para ti, "ah, entonces yo hago lo que quirea con la ley", no, tu cuerpo es tuyo, tu salud es tuya y tú no haces cualquier cosa con tu salud.

Entonces toma tu salud, o toma tu cuerpo, o toma tus cosas; ¿tú cómo tratas tus cosas?, no las destruyes a placer, al contrario, tratas de expresar en esas cosas lo que hay dentro de ti; si dentro de ti hay orden, hay belleza, hay perfume, pues tú quieres que tus cosas sean perfumadas, luminosas, bellas. Pues el sábado es tuyo.

Lo que estaba diciendo Jesús aquí es: "el sábado es tuyo, te lo doy, gobiérnalo, pero gobiérnalo como Dios gobierna. Y eso fue lo que hizo el mismo Cristo. Con sabiduría, con misericordia, como Dios gobierna sus cosas, Cristo gobernó sus cosas; como Dios gobierna sus cosas, tú tienes que gobernar tus cosas.

Aquellas Hermanitas de los Ancianos Desamparados, sentían que era maravilloso poder portar un hábito, pero sentían que el hábito era para ellas, es decir, ellas eran dueñas de sus hábitos, y como dueñas de los hábitos, administraron con sabiduría, con misericordia; administraron con verdadera prudencia y con luz de Dios esa institución, y cuando vieron que era necesario ponerle un paréntesis a esa institución, le pusieron un paréntesis.

Luego el gobierno comunista fue aflojando sus pretensiones y dejó de estrangular a la Iglesia Católica, y pudieron volver a utilizar sus hábitos. Porque ellas no se quitaron sus hábitos buscando una "libertad", se quitaron el hábito por amor a unos ancianos que no querían dejar morir mentras ellas se iban a lucir su hábito a otra parte.

Entonces ellas obraron con verdadera sabiduría, le pusieron un paréntesis a ese hábito, y luego,lo siguieron utilizando, y se acabó, se acabó el problema. "Que no puedo salir a la acalle con ese hábito", "bueno, entonces no saldré con ese hábito a la calle, pero ahora ya lo puedo utilizar en casa, algún día lo podré utilizar en la calle".

Hubo muchísimos años, en México, en que no se podía utilizar vestido clerical, ni clergymen, ni hábito en la calle. Cuando estuve en méxico para una reunión de regentes y moderadores de estudios, hace unos años, todavía la gente recordaba esa época, pero ya esa época había pasado, ya podíamos salir a la calle, y nunca nadie hizo nada en contra de eso.

Recojamos entonces las enseñanzas que creemos encontrar en este texto, porque son cosas que uno ha oído muchas veces y de pronto no les ha encontrado el sentido.

El sábado era una institución de libertad, pero mucho cuidado, lo que nació para libertad puede, en un momento dado, asfixiarnos; hay que estar atentos. el criterio que nos da Cristo es: "las cosas son para ti, utilízalas, gobiérnalas, ¿cómo las debo gobernar? Como Dios gobierna.