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Fecha: 20030308
Título: Dios puede restaurarnos y Dios puede hacernos restauradores.
Original en audio: 36 min. 42 seg.
Amados hermanos:
Quiero compartir con ustedes una reflexión sobre una parte de la primera lectura de hoy. Ha sido Tomada, como vimos, del libro del profeta Isaías; y contiene una serie de promesas para aquellos que se resuelven a seguir la voluntad y la ley del Señor. Por ejemplo, dice: "el Señor te dará reposo, en el desierto saciará tu hambre". Son expresiones que dichas en tiempo futuro indican una promesa, indican algo que Dios se compromete a realizar para aquellos que cumplen la Ley y los mandatos, sobre todo la Ley de amar al prójimo y sobre todo el mandato de respetar el día del Señor; en el caso de los judíos era el día sábado.
Si tú aprendes a compartir lo tuyo con el necesitado, y si aprendes a renunciar a tus intereses en el día del Señor para glorificarle, entonces... vienen una serie de promesas. Entre esas promesas hay una que me parece especialmente sugerente, sobre todo por el tiempo en el que vivimos por las costumbres que tiene nuestra sociedad. En efecto, nuestra sociedad es la sociedad de la basura, del desecho y de lo desechable. El ideal del consumo es: úsalo una vez y bótalo. Cosas que parecían inconcebibles hace unos años, ya existen y existe como desechable. Por ejemplo aquellos lentes de contacto que se utilizan veinte, veinticinco, treinta días seguidos, de día y de noche; no hay necesidad de quitárselos, no hay necesidad de limpiarlos, no hay necesidad de cuidarlos; tres o cuatro semanas después de ponérselos, te los quitas y los arrojas y te pones otros.
La nuestra es una sociedad de la basura, una sociedad del desecho. Lo grave es que eso entra en una cantidad de esferas que son un poco más trascendentes que los problemas de la vista. Por ejemplo, las relaciones también se vuelven desechables. Un amigo se va, consigo otro amigo; un socio se va, consigo otro socio; un negocio se termina, hago otro; un esposo se va, busco otro; una esposa termina, busco otra.
Nuestro mundo pareciera estar mandándonos un mensaje: que lo que se perdió, se perdió para siempre; que lo que se destruyó no se puede reconstruír y que lo que se arruinó ya no se puede levantar.
Pero el profeta Isaías nos da una palabra que va en un sentido distinto: "reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre cimientos de antaño, te llamarán reparador de brechas, restaurador de casas en ruinas". Es verdad que lo nuevo tiene un encanto particular, pero aquello que ha sido levantado desde sus ruinas, es también un grito de victoria. Lo nuevo tiene su belleza, pero lo reconstruido, lo restaurado tiene también su hermosura. Y hay que saber apreciar esas dos dimensiones de la belleza. Porque Dios no obra con nosotros a la manera de la basura: pecó, se condena; pecó, se condena; pecó, se condena.
Porque el infierno sería algo asícomo la basura: pecó, se condena; no nosotros somos reconstruidos, nosotros somos rehechos, recreados, restaurados, redimidos; hay una cantidad de re, ahí. Somos restaurados y esto trae unas implicaciones tan hermosas y tan conmovedoras. Si yo puedo ser restaurado, entonces una vida en ruinas, puede volver a ser un edificio, puede volver a ser una casa de Dios. Y eso es emocionante; a todos nos gusta el modelo de la cajita de jugo, que te la tomas y botas y se acabó. Pero también es hermoso este otro modelo: el modelo de la reconstrucción.
Dios puede restaurarnos y Dios puede hacernos restauradores; porque eso es lo que se promete en la lectura de Isaías: "reconstruirás viejas ruinas". ¿Saben por qué es tan bello lo de la reconstrucción? Porque es una manera de decirle al tiempo, de decirle al gorgojo y de decirle a los enemigos, que no han tenido la última palabra.
Los judíos, por ejemplo, se sentían tremendamente orgullosos de su templo reconstruido. La historia en tiempos de Salomón, seiscientos años y tanto antes de Cristo, hicieron un primer templo, pero ese templo fue arrasado brutalmente cuando la invasión de los caldeos en el siglo VI A.C.
Y luego, ¿qué pasó? Entonces mira: siglo X esto, en el siglo VI arrasado, luego por allá viene la invasión de otro imperio, rehicieron, volvieron de Babilonia, volvieron de la invasión de los Caldeos y rehicieron el templo. Pues se lo redestruyeron. Esta vez fue el imperio Helenístico con Antíoco Epífanes. Es la parte de la historia que leemos en los libros de los Macabeos. Volvieron a profanar el templo, profanar el altar, se acabó ese otro templo. Y empiezan a reconstruir el templo.
Por la época en que Jesús era hombre adulto y predicaba, iban cuarenta y seis años reconstruyendo el templo. Ya estaba practicamente terminado y se sentían felices. Claro que en ese orgullo había cosas que no le gustaban a Dios, pero en ese orgullo también había una señal que nosotros podemos aprender. Cuando ese templo estaba levantado le estaba diciendo a Antíoco Epífanes, el tirano del imperio Helenístico: "señor gordo repugnante, asqueroso tirano, usted no tuvo la última palabra, aquí estamos de nuevo, aquí estamos en pie, una vez más estamos en pie; usted tirano, no tuvo la última palabra".
la confesión es algo parecido, la confesión es una cosa maravillosa, es un invento fantástico del corazón de Jesucristo; como ustedes lo saben muy bien por qué. Muchos de ustedes tuvieron la gracia de recibir este sacramento el día de hoy. La confesión es algo fantástico, porque la confesión es una reconstrucción. El pecado reportó victoria sobre nosotros, Satanás se carcajeaba de ver cómo un bautizado o cómo una bautizada se revolcaba en el lodo de sus pecados. Pero llega el poder maravilloso, llega el agua nueva, llega el fuego nuevo del Señor y limpia y levanta. Eso somos nosotros hoy después de confesados. Nosotros somos templos vivos, estamos aquí.
Y Cuando un Cristiano, limpio especialmente por el sacramento de la confesión, se levanta, levanta sus manos a Dios, es un templo más hermoso que el templo de Jerusalén que está diciendo a Dios: "gracias" y de paso le está diciendo al tirano por excelencia, el demonio: "tú no tienes la última palabra en mi vida".
Por eso yo los invito a que nos sintamos felices de la gracia, felices, gozosos de la gracia. ¡Cuánto me ha dado Dios! El pecado no tuvo la última palabra en mi vida. El vicio no tuvo la última palabra en mi vida. O como dice el Salmo: "la trampa se rompió y escapamos". Nosotros los cristianos en gracia de Dios, así lo esperamos, nos confiamos por las señales que nos da nuestra conciencia. Los cristianos en gracia de Dios somos un canto al amor y al poder de Dios; eso somos nosotros.
Una vez que entendemos la fuerza tan maravillosa que tiene esta expresión: "ser reconstruidos" pensemos lo que significa lo que nos ha dicho el profeta: "tú reconstruirás viejas ruinas". Esto tiene aplicaciones en tres dimensiones que es lo que desearía que meditáramos ahora. Pensemos en las relaciones humanas: la amistad se volvió desechable; si un amigo me traiciona o si un amigo me decepciona, que se pudra, deja de existir para mí y se acabó. Así razona el mundo. Pero resulta que la casa de la amistad, la casa de la amistad viene de Dios, viene de Dios que nos ha tratado como amigos.
Entonces nosotros los cristianos tenemos esta misión: "reconstruirás viejas ruinas" significa en este caso, tú le vas a dar a la amistad el sentido que tiene. En la casa de la amistad donde parece que cualquiera puede traicionar a cualquier persona, porque esa casa está arrasada, tú vas a levantar de nuevo la casa de la amistad. Dicho con otro lenguaje: tú vas a enseñarle al mundo lo que significa ser un verdadero amigo.
Miren, está tan prostituida la palabra amistad, que por ejemplo, en la confesión uno escucha cosas como esta: "me acuso, padre, del terrible crimen del aborto". Pues sí, es muy lamentable ese crimen. ¿Cómo llegaste a eso? Pues yo estaba en una situación de terrible angustia y una amiga me aconsejó que abortara. casi siempre les digo: ¿Por qué la llamas amiga? Una amiga me aconsejó eso, una amiga. ¿Se llama amiga la persona que convertirá para siempre tu vientre en una tumba y que te cargará con la cadena de un remordimiento espantoso hasta que te mueras, a auna ppersona así se llama amiga?
la casa de la amistad está destruida, pero tú y yo podemos ser reconstructores del verdadero sentido de la amistad. Nosotros tenemos que se testimonio de lo que significa ser amigo. Tenemos que ser testimonio de lo que significa ser amiga. Construir una verdadera amiga. ¡Qué pesar me da a mí algunas veces oyendo en consejería o confesión jóvenes estudiantes universitarias que uno las ve muy alegres muy comunicativas y con sus amigas! ¡ji, ji, ji! para arriba; !ji, ji, ji! para abajo. Uno les pregunta : ¿Cómo te sientes? Y ella responde: me siento muy sola. Y uno se pregunta: ¿Cómo puede sentirse sola una persona con tantoo ji, ji, ji para arriba y tanto ji, ji, ji para abajo? ¿Cómo puede sentirse sola?
Esas no son amigas; son compañeras, son compinches, son cómplices, son lo que tú quieras; pero no son amigas. ¿Dónde conseguirá una persona una verdadera amiga? Una vez me decía una mujer que esa fue la historia de ella; no tiene que ser la de las mujeres que están aquí. Una vez me decía una mujer: "yo no creo que pueda tener, ni me interesa tener amigas, creo más en los amigos, saben guardar mejor los secretos y se puede confiar mejor en ellos". Cuántas decepciones habrá tenido esa pobre mujer. Pero eso no significa que no pueda existir una verdadera amistad entre dos mujeres.
Entonces la casa de la amistad hay que levantarla, tenemos que demostrar que es posible la mistad entre dos mujeres, entre dos hombres, entre hombre y mujer. Hay gente que no cree que es posible una amistad entre hombre y mujer; no puede ser posible. Ahí tiene que haber algo, tiene que haber algo, tiene que haber algo. ¿Qué indica eso? Que la casa de la amistad está destruída. ¿Por qué no la reconstruímos? Nosotros desde hoy nos llamamos reconstructores. Si la casa de la amistad está arruinada, hay que reconstruir la casa de la amistad. y hay que demostrar que es posible .
Además de la casa de la amistad hay muchas otras que están arruinadas. hay gente que dice: "la juventud está arruinada". Pues vamos a reconstruir la juventud. Eso no es por qué sentirse triste. Es que mire cuanta droga, mire cuanto robo, mire cuanto. No es nuevo para nosotros