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Fecha: 20000519
Titulo: Creer en el Senor, en su palabra y en su silencio
Original en audio: 10min. 39seg.
El Evangelio de Juan se divide en dos partes: la primera parte, los doce primeros capítulos, nos muestra las principales señales que dio Jesucristo durante su vida, Juan no la llama milagro sino señales, señales para que descubramos el Reino de Dios, señales para que descubramos que Cristo es el Enviado del Padre.
La segunda parte comprende desde el capítulo 13 hasta el final, y está dedicada a la Virgen María, a la Pasión de Cristo y a los relatos de la Resurrección del Señor, a las apariciones del Resucitado.
Esto ¿qué quiere decir? Que en términos de números, Juan le dedica casi el mismo tiempo a los 33 años de la vida de Cristo y a lo que pasó en las últimas horas de su vida, es decir, lo que pasó desde la Última Cena y en adelante. Juan nos cuenta, con mucho detalle, las palabras que Cristo les dice a los Apóstoles, esa conversacion larga después de la Última Cena que se encuentra en los capítulos 14, 15, 16 y 17 de San Juan.
¿Qué significa lo anterior para nosotros? Que en la Sagrada Escritura, en los capítulos 13, 14 , 15 y 16, tenemos abierto el corazón de Jesucristo, ahí están las expresiones más tiernas, más profundas, más significativas de su amor y son esos los relatos que estamos escuchando en el Santo Evangelio de estos días.
Es decir, que la Iglesia durante este Tiempo Pascual hasta Pentecostés, lo que va a hacer es tomar esos textos hermosísimos, que son el mandamiento espiritual de Jesucristo cuando Él abría el alma ante los Apóstoles, para decirles cómo era su manera de amarnos, para revelarnos la profundidad de su amor, de su gracia por nosotros.
Por eso es que este Evangelio es una joya y hay que tomarlo así, como una piedra preciosa que tiene su propio brillo, su propia hermosura. Nunca es tarde para aprender a apreciar la belleza, sobre todo cuando se trata de esta belleza espiritual, que no tiene igual porque es la belleza del corazón de Jesucristo.
Por eso mi invitación en este día es a tomar de nuestro tiempo para leer, para conocer, para apreciar estas joyas, que no son hechas por ningún orfebre ni por ningún joyero, son hechas y moldeadas por el Espíritu Santo, y no están hechas de oro sino que están modeladas en la Carne viva y en el Corazón de Nuestro Señor, no me desprecien esa invitación.
Tal vez en otro tiempo estábamos acostumbrados a acercarnos a la Palabra de Dios con un temor reverencial, con distancia o como un perjuicio. Toma, por favor, antes de que se acabe la Pascua, las lecturas de los capítulos 13, 14, 15, 16 y 17, ese es el regalo de Dios para la Iglesia en la Pascua y no se lo vamos a despreciar, hay que tomar y apreciar ese regalo.
Para que se vea el tamaño y la hermosura de lo que esta ahí, miremos el Evangelio de hoy, con qué misericordia y con qué delicadeza Jesús, al momento de su partida, no piensa en sí mismo, no en el dolor de la tortura que lo aguarda.
Jesús está a unas horas de los momentos espantosos de la flagelación, de la humillación, azotado, coronado de espinas, traspasado por los clavos, escarnecido; está a unas pocas horas de su propia condena de muerte y Él piensa en ese pequeño rebaño que son sus Apóstoles.
Y pensando Jesús en que ellos pueden claudicar al sentirse solos y perseguidos, les dice estas palabras tan profundamente consoladoras, que nos sirven también a nosotros cuando sentimos que Jesús no aparece por ningún lado: "Que no tiemble vuestro Corazón: creed en Dios y creed también en mi" (véase San Juan 14,1).
Y luego dice que se va a ir a prepararnos un sitio, son palabras nacidas en un amor inmenso que hay que saberlo apreciar, ¿dónde está Cristo que no lo veo? Me está preparando un sitio.
¿Qué corazón habrá tan torpe, seco o sordo, que no se conmueva con esta manera de hablar del Señor? Para cuando sientas que Dios ha desaparecido, lo que hay que pensar es: se fue delante de mí, pero me está preparando mi lugar.
Hay dos maneras de entender esto, primero, la más conocida: Me está preparando un sitio en los cielos, muchas veces no lo descubro aquí pero me prepara una casa, allá en la Casa de su Padre. Pero también hay otro modo de verlo, cuando parece que Dios se me pierde del horizonte y no lo encuentro, alguna sorpresa me está preparando.
Esto me recuerda cuando era niño y llegaba la época de la Navidad, yo veía que cada cierto tiempo mis papás, los tíos o los abuelos se desaparecían, en realidad estaban seguramente recogiendo los regalos que mandaba el Niño Dios, poco a poco uno va aprendiendo que desaparecían, pero que una sorpresa linda me estaba preparando, esto es hermoso, eso es vivir dentro del amor de Dios.
Si estamos pasando por algun momento difícil, hay que pensar: Dios me está preparando algún desenlace hermoso, alguna sorpresa me tiene, ya veremos cuál será esa sorpresa.
Así mismo, Jesús le está enseñando a sus Apostóles a que no vivan desasosegados, a que no vivan perturbados, a que no vivan angustiados, sino que piensen y sepan que, en los momentos difíciles, el amor está presente. Unas veces está presente porque lo vemos y otras veces está presente porque nos está preparando lo que veremos.
Un cristiano tiene que sentirse indudablemente consentido, mimado por Dios ante esto; varios santos viveron la misma experiencia, por ejemplo, la muy conocida Teresa de Jesús, ella vivía como una niña mimada de Dios, alguien dice que ella no tuvo sufrimiento, pues lo tuvo y grande: las enfermedades, las incomprensiones, las malas noticias de familia.
Todos estos sufrimientos estuvieron presentes siempre en la breve vida de Teresa de Jesus, Santa Teresita, pero ella en medio de los problemas se sentía una niña mimada: "Si no esta Dios conmigo, es que algo bueno me esta preparando". Este pensamiento nos ayuda a descubrir la delicadeza y el poder del amor que hay en Jesucristo.
Que Él nos conceda esto que Él nos pide: "Creed en mi Padre y creed con todas vuestras fuerzas hasta el final".