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Fecha: 20010529
Título: Meditar en la misión
Original en audio: 14 min. 6 seg.
Hermanos muy queridos:
Estamos en la semana de preparación para Pentecostés. Estamos disponiéndonos en oración, en escucha de la Palabra, en testimonio y predicación, para recibir el Espíritu Santo.
Las lecturas que estamos escuchando vienen del Libro de los Hechos de los Apóstoles y del Evangelio según San Juan. El Libro de los Hechos de los Apóstoles nos va contando cómo se cumplió la promesa que dijo Cristo: "Seréis mis testigos en Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo" ( véase Hechos de los Apóstoles 1 , 8).
Los confines del mundo ,en aquella época, eran la ciudad de Roma, y el Libro de los Hechos de los Apóstoles termina, precisamente, en la ciudad de Roma, cuando Pablo ya puede predicar abiertamente en Roma el Evangelio de Jesús.
Todo el Libro de los Hechos de los Apóstoles es el relato del cumplimiento de la promesa de Cristo. Parece simplemente increíble que una comunidad de hombres tan pobres, tan ignorantes, tan cobardes, tan pecadores, transformados por la Palabra de Cristo,alentados por el ejemplo de Cristo y ungidos por el Espíritu de Cristo, llegaran hasta sus últimas consecuencias , muchos de ellos hasta dar su propia sangre.
Y así, sobre ese testimonio de la sangre de los Apóstoles y de los Mártires, se fue propagando la Palabra de Dios hasta los confines del mundo entonces conocido. Hoy sabemos que el mundo es mucho más grande que esos confines. Pero también sabemos que la promesa de Cristo no ha dejado de cumplirse.
El Evangelio, gracias a Bernabé, a Silas y a Pablo, entró en Europa. Y esa comunidad de cristianos, dando testimonio hasta la muerte del poder del Espíritu de Jesucristo, sembró la fe en aquel continente. Y luego se multiplicaron las comunidades de cristianos en Europa.
Y de ahí, un día, cuando estas tierras empezaron a ser conocidas, hubo otros hombres, otros valientes, que emulando a los Apóstoles, movidos también por ellos, por el Espíritu Santo, atravesaron en viaje incierto las aguas procelosas del océano, y llegaron hasta estas tierras para también pronunciar aquí el Nombre de Cristo.
Hoy es un día para meditar en la misión. Hemos empezado esta celebración con una pequeña misión. Algunos de ustedes, movidos también por el Espíritu Santo, salieron durante unos minutos al frío y a la noche a buscar "pececitos". Ustedes se convirtieron durante unos minutos en pescadores, y las redes se las entregó la Iglesia, y el Espíritu se los dio Jesucristo.
¡Qué hermoso es meditar que Cristo asciende a los Cielos y bendice a sus discípulos y les pide que estén en oración! Y luego, del Cielo viene esa fuerza del Espíritu Santo sobre ellos. Y así, poseídos por el Espíritu, empiezan a dar testimonio.
Y cuanto más tratan de frenarlos, más fuertes se vuelven. Y obedeciendo a Dios antes que a los hombres, evangelizan, traen la Buena Noticia para los más pobres, sanan a los enfermos, expulsan los demonios y van llevando la Buena Nueva del Amor por todas partes.