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Fecha: 20010602

Título: La predicacion siempre sale victoriosa

Original en audio: 14 min. 58 seg.


Aunque es tarde y esta noche hay celebraciones muy hermosas en la preparación de Pentecostés, yo tenía interés particular que no nos quedáramos sin celebrar esta Eucaristía. Porque evidentemente, las lecturas para las celebraciones de la tarde y de la noche, ya son lecturas de Pentecostés. Mientras que estas que hemos escuchado, gracias a Dios, son como la conclusión, podríamos decir, del camino recorrido durante el Tiempo Pascual.

Efectivamente, la Primera Lectura está tomada del final del libro de los Hechos de los Apóstoles, ese libro que nos ha acompañado, que nos ha pastoreado, podemos decir, durante la Pascua. Y el evangelio es el final del evangelio de Juan, es el final de este evangelio del discípulo amado.

Y es tan hermoso ver que en ambos casos hay un tono sereno de victoria,victoria en medio de la dificultad, porque sólo será plena, completa la victoria en la gloria de los cielos.

Mire el tono de victoria de la Primera lectura: tantas maquinaciones, tantos ataques contra Pablo y sin embargo, aunque encadenado, aunque limitado en su libertad, tiene libertad también para proclamar la Palabra.

La Palabra resultó más fuerte que las cadenas, la Buena Noticia más fuerte que las malas noticias, el amor de Cristo más fuerte que las envidias humanas, el poder de Dios más fuerte que los enemigos humanos, e incluso que los desastres de la naturaleza, porque ya sabemos que Pablo tuvo que sufrir incluso un naufragio.

Es el tono de la victoria. Ese número que dan los Hechos de los Apóstoles: dos años, es también una victoria porque, de acuerdo con el Derecho Romano, una persona no podía estar detenida en su libertad más de dos años mientras no se le resolvía la situación.

De manera, que si los Hechos de los Apóstoles nos dicen que se cumplieron esos dos años. Esa cifra no es una cifra más, sino nos está diciendo: terminó ese tiempo, el tiempo estipulado por el Derecho y, por consiguiente, la verdadera conclusión del libro de los Hechos de los Apóstoles es: una vez más el gran predicador, el gran apóstol queda libre.

Y es tan hermoso y es tan importante que entendamos esto, que la predicación, la verdadera predicación va acompañada de dificultades, de persecuciones, de pruebas, de sofoco, pero la verdadera predicación siempre va saliendo victoriosa, con ese tono de humilde majestad, con esa serena alegría, con ese perfume de paz, con esa luz de Pascua.

Y eso es lo que encontramos en Pablo. Para nosotros, ¿qué aplicación queda? Pues creo que todos los que estamos aquí vivimos implicados en el tema de la evangelización, vivimos metidos en en el tema de la evangelización. Y aquí Cristo, aquí el Espíritu Santo nos da una pista: si no hay dificultad, si todo parece abrirse, si todo son aplausos y reconocimientos, ahí hemos equivocado el camino.

El camino que Dios quiere para nosotros siempre es un camino a través de la dificultad, a través de la puerta estrecha; y si nosotros le huimos a la puerta estrecha por buscar el camino abierto y descomplicado, pueden pasar dos cosas: o que Dios nos ponga obstáculos nuevos, como recordándonos: "Oiga, mire, que usted tiene que irse para el otro lado", o que Dios, finalmente, nos deje hacer nuestra voluntad y resbalar y caer y darnos duro contra el mundo.

Pidamos a Dios, tomando esta Primera Lectura, que nos dé la serena alegría, que nos dé la luz de Pascua, que nos dé el perfume de paz que tiene el cumplimiento de la voluntad de Dios; pero que al mismo tiempo, nos dé ese olfato espiritual para no buscar el triunfo por el triunfo, el éxito por el éxito, el aplauso por el aplauso, sino buscar el querer divino.

Por eso, se ve una aplicación muy práctica en ese buscar el querer divino, en ese tener la certeza de que Él va a cumplir sus promesas con nosotros, y en ese saber que la palabra siempre saldrá vencedora.

En el evangelio de Juan hay también un tono de victoria, qué expresión realmente única la de esa frase última, ¿no? "Si se escribieran una por una las cosas que hizo Jesús, en todo el mundo no cabrían los libros que podrían escribirse" (véase San Juan 21,25).

Qué alegría escuchar estas palabras, sobre todo para nosotros, una vez más, los que estamos metidos en la evangelización, creo que podemos hablar.

En efecto, en Cristo, nos dice San Pablo, están todos los tesoros de la sabiduría divina. Y de esa fuente, que es Cristo, podemos sacar sin cesar, podemos sacar de continuo, inagotablemente nueva luz, nuevo amor, nueva vida, nueva verdad, que va impregnando, que va llenando cada vez más lo que somos, lo que tenemos, lo que pensamos, lo que queremos, lo que decimos.