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'''Fecha: 20000320
Título: La Grandeza de San José
Original en audio: 19 min. 9 seg.'
Tal vez el nombre o adjetivo que se une más frecuentemente a la persona de José es custodio. Un hombre que en la Iglesia Católica tiene muchas resonancias, por ejemplo llamamos custodia a aquella pieza metálica usualmente donde se expone el santísimo y llamamos custoDios nuestros a los ángeles que Dios ha enviado para que nos guarden en nuestros caminos.
Es bonito comparar a San José con la misión de los ángeles y con ese instrumento litúrgico que es la custodia. Es hermoso pensar que muchas veces el niño Jesús estuvo en brazos de José y en ese momento José era como esa custodia que tiene el tesoro de los tesoros para alegría del cielo y para salvación de la tierra.
El pensar que José es como un ángel también por algo tan próximo a los ángeles y tan dócil a la voz de ellos, como si fuera un ángel más, ángel por su obediencia, sencillez, discreción, sabiduría, por su prontitud y su pureza; por ello verdaderamente no es difícil comparar a José con los ángeles. Además, como tenía y tiene como esposa a la reina de los ángeles, hay que pensar que el corazón de José, como decimos precisamente al reservar al santísimo, era realmente castísimo, vivió de manera eminente la castidad en el corazón de San José.
Estas dos comparaciones también muestran el lugar que José tiene dentro de la iglesia. Podemos pensar que José hace ese papel de la custodia y ofrece a Jesucristo, lo ofrece como suyo y sin embargo como distinto de sí. Fíjese que la sabiduría de un orfebre al hacer una custodia, está en que se vea mas la hostia, no que se vea mas la custodia, una custodia que se viera mucho, por un diseño extravagante no serviría para los propósitos litúrgicos de adoración que queremos en la iglesia.
La custodia debe ser grande y bella, pero con una belleza que sepa desaparecer y que no haya que ver, es una belleza extraña que se une y al mismo tiempo se separa de la hostia que contiene. Así también, José ha permanecido discreto a lo largo de los siglos, tanto que la devoción de San José sobre todo en occidente tardó mucho tiempo en difundirse.
No creo que José estuviera protestando en los cielos por el silencio de la iglesia, sino más bien hacía su propio oficio, como perfecta custodia dejada para que todo aplauso, amor, incienso y adoración se lo llevara Jesucristo. Podemos creer eso, dicen algunos autores menospreciados en nuestro tiempo, por ser demasiado piadosos y poco científicos. Algunos autores de la Joséfologia dicen precisamente, que como señal para los tiempos venideros, estará una renovada devoción a San José y un renovado amor al misterio de José.
Creo que es así, va a suceder así, creo que la iglesia está en sus comienzos. La frase que más me ha gustado de todo el pontificado de Juan Pablo II es aquella de Redemptoris Missio (Carta encíclica de S.S. Juan Pablo II sobre la Misión del Redentor, 7 de diciembre de 1990), la misión de Cristo Redentor está en sus comienzos, la iglesia está en sus comienzos, está empezando en muchas cosas, es madre y maestra y acumula la experiencia de veinte siglos, pero si fuera la voluntad de Dios que la iglesia estuviera cien, doscientos o quinientos siglos, los primeros veinte son como la patrística de la iglesia y estamos apenas empezando a descubrir tesoros dentro de esta vida oculta de José.
Todos esos tesoros, para dar una muestra, quisiera terminar con una breve reflexión relacionada con el evangelio de hoy, el ángel se aparece a José y le dice: “No tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”. (Mateo 1-20).
Examinemos esas palabras que el ángel le dice a José. La razón por la cual José, que era justo y no quería denunciar a María sino que había decidido repudiarla en secreto, era porque eventualmente esa criatura tuviera otro padre. No correspondía a la ley, no era correcto ni justo que él pasara por padre de esa criatura, ese es el punto que vamos a mirar en el final de esta reflexión, vamos a tomar esa palabras del ángel para ver como uno pasar por encima de las palabras y se le puede ir la vida sin terminar de escrutar ni siquiera los textos fundamentales de la biblia.
Hagámosle preguntas al texto. ¿Por qué José había decido repudiarla? Así lo dice el texto porque, la única razón que podemos dar es que él pensaba que ese hijo fuera de un padre distinto a él. ¿Y es qué él no podía adoptar ese hijo, si fuera de otro padre humano? El hubiera podido, porque la figura de la adopción existía, además era muy sencillo dado que el embarazo de María no había avanzado demasiado, y se admitía, aunque era un poco extraño, que si ya estaban desposados podrían tener relaciones intimas.
Luego la única razón por la cual José no toma ese camino, es porque siente que un hijo que no sea de él no es justo separarlo del verdadero padre, no nos queda otra salida. El quería adoptar a ese niño aunque no fuera suyo, podría pasarlo por suyo pero no lo hizo, no pensó en ese camino porque es un hombre sensible a la paternidad: Si el hijo tiene un padre distinto es de ese padre no es mío, y en cuanto a María, no pienso hacerle daño ni que nadie le haga daño.
Volvamos sobre las palabras del ángel “No tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”. (Mateo 1-20). De acuerdo con lo que estamos diciendo es evidente que José entendió que el Espíritu Santo no era el padre de la criatura, eso lo sabemos muy bien, porque si no Cristo tendría dos padres, Dios Padre y Dios Espíritu Santo y ahí se nos complica sobremanera el tratado trinitario.
El Espíritu Santo no es el padre de Cristo y es muy interesante ver que José lo entiende, la razón por la cual José recibe a María embarazada es porque él entiende que el Espíritu Santo no es el padre de Cristo y sin embrago la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.
¿Qué es lo que él entiende entonces? Fíjense que ese texto está ahí y lo hemos leído millones de veces en la iglesia y no terminamos de entenderlo. ¿Qué fue lo que José entendió? Además habla de María como mujer de José, esa terminología indica entre otros cosas la solidez de la unión que hay entre ellos, María sigue siendo tu mujer, es tu mujer, es carne de tu carne, como dice Pablo en otro contexto, amar a la esposa escomo amar la propia carne, esa es la mentalidad judía, la esposa es como la carne del esposo.
Cuando el ángel dice no tengas reparo en llevarte a María tu mujer, lo que le está diciendo es que la carne de María sigue siendo completamente tuya, no hay nadie que haya interrumpido ni cortado el vinculo que los une a ustedes. Esa es la clave, el Espíritu Santo no viene a decirle a José, permiso que este caso es mío; el Espíritu Santo no viene a suplir o reemplazar a José, no viene a hacerlo a un lado.
Si el Espíritu Santo hubiera hecho eso, el Espíritu Santo seria el padre de Cristo, se nos vuelve al revés toda la Biblia y José hubiera tenido que obrar como había pensado obrar, es decir, repudiar a María, ese no es mi hijo. Es evidente es que si recibe a María es porque la siente como esposa y porque siente al hijo como su hijo.
Aquí bien el Espíritu Santo, ya sabemos a que no viene, no viene a dividirlos ni a suspender el amor de José por María y de María por José, no viene a dejar en suspenso o discontinuidad la posesión que José como esposo tiene de la carne de su esposa. ¿A qué viene? La única respuesta que encuentro, hasta donde Dios me permite, es que el Espíritu Santo viene a bendecir el amor de ellos, a ungir con una fecundidad nueva el amor de ellos y por eso el niño es tan milagrosamente hijo de María como milagrosamente hijo de José.
Por eso José siente que el Espíritu Santo no lo ha hecho a un lado. La noticia que le da el Espíritu Santo no fue, la del Espíritu Santo se le adelantó hermano. La noticia que el da, es que el Espíritu Santo ha tomado el amor de ustedes, y la unión de ustedes y les hace fecundo de una manera nueva, por eso José siente como le dice el ángel que María es su esposa y que es el padre de Jesús, de ahí lo incorrecto de esa palabra que además causa risa en todas partes y es la de padre putativo de Jesús.
Putativo significa lo que la gente pensaba, lo que estaba en el pensamiento de todos. Jesús es hijo de José, más allá de ser el hijo putativo de José y José es el padre de Cristo más allá de ser el padre putativo de Cristo.
No está en la opinión de las personas, es en el designio de Dios en el que José ve santificada su relación con María, ungida su relación con María, fecundada su relación con María. Es en el poder, en la gracia del espíritu, donde se ve que su amor y su unión con ella ha sido bendecida y por eso la noticia del ángel es una noticia maravillosa para José.
No es una noticia de Dios ya lo hizo así que usted cuidado. No, es la noticia más bien de tanto te ama Dios, que ha tomado tu amor por ella, tu posesión por ella y la ha elevado a un rango, un camino, una misión, un designio que supera lo que tú puedas imaginar, esa es la gran noticia para José.
Por eso las palabras del ángel, “Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús” (Mateo 1-20) son los términos propios de un hijo que nace de ellos, es que Jesús es de ellos. Jesús no el hijo de una madre soltera protegido por un guardaespaldas llamado José. Jesús es hijo de ese amor, no de la unión de sus cuerpos, desde luego porque es un nacimiento virginal, pero es el hijo del amor de ellos tomado por el amor de Dios, que hace fecundo ese matrimonio.
Jesús es hijo de un matrimonio, de allí que las nuevas perspectivas en la teología de San José, cuando se piensa que Jesús es el hijo de una madre súper maravillosa, protegida por un hombrecito que le pusieron ahí al lado para que todo quedara bien y guardara las apariencias, desde luego que queda una súper María con un Josecito, pero cuando se piensa en la unión de amor santificada por el espíritu, y ese es el sentido que le da Mateo ella da luz al hijo, tu le pones el nombre cuando se piensa en eso, entonces descubrimos que vamos a rebajar la santidad de María? Inconcebible no tenemos ninguna razón para reducir la santidad de María, lo que si tenemos, son muchas razones para pensar que José fue y es muchísimo más santo de lo que habíamos pensado.
Por si la teología del futuro se dedica a contemplar la palabra de Dios, tendrá que descubrir la altura de la santidad de José, que no por oculta es más pequeña, más bien su mismo ocultamiento es una razón para agradecerla. “Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor” (Mateo 1-24) , alabamos con razón la obediencia de José, pero se nos ha olvidado predicar el gozo de José, esa es no solo obediencia, es la evangelización de José, así como María fue evangelizada por un ángel, José es evangelizado por un ángel.
Esto tiene un sentido muy profundo, cuando aparecen los ángeles en estos pasajes, no se trata de un recurso literario, como dicen algunos autores que tienen la idea que cada vez que Lucas o Mateo no sabían qué hacer y habían llegado a un callejón sin salida, entonces un ángel.
No, los ángeles no son para tapar huecos de problemas literarios, hay un papel mucho más profundo aquí. Un ángel, la manifestación de los ángeles, muestra los límites de la historia humana: el ángel Gabriel se apareció a Zacarías, el ángel Gabriel manifiesta a la virgen y si probablemente porque no sabemos qué ángel es este si es el mismo Gabriel podría ser otro ángel que le da este mensaje a José, esos ángeles no están solucionando un problema literario, esos ángeles están mostrando que la historia humana había llegado a su límite.
Ese es el resumen del antiguo testamento, todo lo que podía dar la historia humana llego a su límite, y por eso, donde las criaturas visibles llegan hasta su límite, cuando el amor de Dios no se contiene, hace sensible y patente la acción de sus criaturas amorosas invisibles, obedientes, exigente su gloria a través de sus ángeles.
Así resulta que José y María evangelizados por los ángeles, están al mismo tiempo como testigos de que la historia humana no daba más de sí y como primeros abanderados de ese nuevo estado que tiene la humanidad en dulce amistad con los ángeles.
Pidámosle a Dios por intercesión de San José, que envíe el Espíritu Santo sobre nosotros, que nos abra el entendimiento a esta hermosura, la santidad de José, María y los ángeles y que recibamos cada vez mejor al fruto de ese amor.
Ahora entendemos que Jesús es fruto del amor de esa pareja, fruto bendecido, ungido por el Espíritu, con un modo de fecundidad que ellos mismos no conocían pero que desde el fondo de su corazón presentían y anhelaban.
Dios en su misericordia lo conceda, Amén.