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De Wiki de FrayNelson
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Fecha. 20030216

Tìtulo: Aprender a frenar el mal y a creer en el poder dela victoria del bien

Original en audio: 7 min. 41 seg.


Hermanos:

Las lecturas del dìa de hoy nos permiten descubrir la diferencia entre frenar el mal y darle la victoria al bien.

Lo que querìa la Ley de Moisès, y que aparece en el Libro Levìtico, era frenar el mal, ponerle un lìmite al poder del mal, aislando aquello que se considera peligroso para la sociedad. Es un avance, no es resolver el problema, pero por lo menos es frenarlo. Lo que hace en cambio Jesucristo es, darle la victoria al bien.

Nuestro Señor Jesucristo toma a uno que està afectado por ese mal, lo transforma, lo sana, y lo reintegra a la sociedad. Las dos cosas son importantes y van en ese orden: hay que frenar el poder del mal, pero, sobre todo, hay que hacer avanzar el bien. Y esto es lo que tambièn sucede en la Biblia.

El Antiguo Testamento tiene como eje central la Ley; el Nuevo Testamento tiene como eje central la Pascua de Cristo y la donaciòn del Espìritu Santo. La Ley de Moisès es fundamentalmente el desenmascaramiento del mal, es mostrar el mal, y por consiguiente frenarlo.

El Profeta Isaìas decìa: "Ay de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien" (vèase Isaìas ). Desenmascarando lo malo se le quita poder al mal. Y esto es lo que hace la Ley, era el primer paso. San Pablo dice: "La Ley era un pedagogo", era el primer paso, desenmascarar al mal para frenar al mal.

Pero evidentemente habìa que dar un paso màs, darle la victoria al bien, y eso es lo que nos ha llegado por Jesucristo, porque en Jesucristo no sòlo queda denunciado el mal sino sobre todo queda derrotado.

Porque la efusiòn del Espìritu de Dios en nosotros hace que nosotros tengamos un recurso, una herramienta, un arma, un poder que transforma, que cambia el curso de nuestra historia y le da la victoria al bien.

Estas enseñanzas las podemos aplicar tambièn a nuestra sociedad, hermanos. Por ejemplo, en lo que tiene que ver con la educaciòn. Los niños tienen que aprender que hay cosas que son malas y hay cosas que son buenas. Despuès adquiriràn la fuerza para desidir por sì mismos còmo optar por el bien y còmo rechazar el mal.

Tambièn se aplica esta enseñanza a la vida de cada uno de nosotros. Primero es necesario ponerle un freno al mal. Estoy pensando en el caso de tantos jòvenes.

Lo que suele hacer difìcil la salida de un muchacho de una vida de vicio, de una vida incipiente de alcoholismo, o de droga, de violencia, de vandalism, de pandilla; lo difìcil es la telaraña que envuelve al muchacho, toda esa red de relaciones que lo atrapa y lo devuelve una y otra vez a relizar los mismos actos.

Es necesario primero frenar esa influencia, es necesarioponerle un lìmite a los que quiren tener o a los que parecen tener poder en la vida de ese hombre. Una vez que eso ha sido posible, pues poco a poco el bien va haciendo su obra.

Llegarà el momento en el que el mismo muchacho adquira tal fortaleza, que puede predicar en la pandilla en la que estaba, o puede realizar una obra social en el mismo barrio en el que compraba droga; llegarà el momento en el que puede cambiar todas estas cosas, pero primero necesita frenar el poder del mal.

Parece que aquì tambièn tiene su relaciòn eso que nos dijo jesucristo en otra ocasiòn, esa actitud en parte dràstica que es necesario tomar a veces: "Si tu mano te hace caer, cortàtela" (vèase San Mateo 5,30). El mismo Cristo reconoce que a veces es necesaria una acciòn radical, una acciòn vigorosa para interrumpir el poder del mal, para frenar.

Luego, a medida que el Espìritu del Señor se adueña de nosotros, se podràn tomar otras acciones, se podràn realizar otros apostolados. Cuàntas veces se encuentra uno con un cuadro como este: un muchacho ha empezado el camino de la fe, encuentra en Jesùs su esperanza y su alegrìa; es decir, va caminando, va avanzando.

Y, apenas, dando esos primeros pasitos, resulta que se consigue una novia que es, por ejemplo, atea, que sòlo le interesan otras cosas, o de pronto sì cree en Dios, pero Dios no significa mayor cosa en la vida de ella. Y èl piensa que atravès de ese noviazgo la va a cambiar a ella.

El cuadro contrario tambièn se da y de pronto es màs frecuente: ella piensa que a travès de su noviazgo, incluso a travès de un matrimonio, lo va a cambiar a èl.

Y con esa ilusiòn prolonga la relaciòn y no se da cuenta de que muchas veces no està tan madura la fe, no se ha llegado a ese segundo paso, no tiene la suficiente consistencia en frenar el poder del mal, y resulta que en vez de propagar el Evangelio de Cristo a esa otra persona, es ella la que impregna con su "evangelio", con su mensaje, con su estilo de vida al que apenas estaba empezando a convertirse.

Hermanos, esta es una gran pedagogìa, la Biblia nos la enseña y hay que aplicarla a nuestra vida, a nuestras familias, a nuestras comunidades. Hay que aprender a frenar el mal, pero tambièn hay que aprender a creer en el poder de la victoria del bien, eso que nos viene por Nuestro Señor Jesucristo.

A Èl la gloria.

Amèn.