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Fecha:19970506

Título:

Original en audio: 9 min. 34 seg.


Queridos Hermanos:

El breve y hermoso relato de los Hechos de los Apóstoles nos muestra bien la humilde fuerza del Evangelio.

¿Ustedes habían conocido unos prisioneros tan libres, que son capaces de entonar cánticos de alabanza en el fondo de una mazmorra después de haber sido injustamente molidos a palos?

¿Conocemos otros prisioneros que puedan levantar sus manos encadenadas por los hierros de esta tierra para bendecir al Dios de los cielos?

¿Conocemos prisioneros que puedan celebrar su prisión como otros celebran su libertad, y que puedan gozarse de sus heridas como otros se gozan de sus joyas o de sus ropas?

¡Conocemos acaso prisioneros como estos que traigan un mensaje de tan grande esperanza que resulta, no sólo luz en la oscuridad de esa prisión para los otros condenados, sino que llega a convertirse en la única posibilidad de salvación del carcelero?

No conocemos unos prisioneros como estos ni tampoco conocíamos a un carcelero que se le arrodiolla a un prisionero para decirle: "¿Ahora yo qué tengo que hacer para salvarme? (véase ).

En ese carcelero que se arrodilla delante del Apóstol prisionero, está la imagen de la manera como el mundo trata al Evangelio y a los evangelizadores, y al mismo tiempo, de la súplica que le hace a esos evangelizadores y a ese Evangelio.

Porque el mundo pretende confinar a las tinieblas a la luz, a esa luz que es el Evangelio; el mundo pretende encerrar y encadenar a la libertad que es Cristo, y el mundo pretende odiar al amor que se ha manifestado en su Pascua.

Con todas las fuerzas de su alma,castiga a esos evangelizadores y les recluye en oscura mazmorra.Pero despúes que los ha encerrado allá, tiene que ir también alñlá a pedir un poco de luz.

Es este un carcelero que tiene las llaves de la cárcel, pero que no tiene las llaves de su corazón; sabe asustar con el látigo, con la espada, pero en realidad está asustado porque él es víctima de un azote que es más fuerte que el de un látigo, y pesa sobre él una condena que es más fuerte que la de cualquier espada.