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Fecha: 20080511

Título: Las distintas visitas del Espíritu Santo en el corazón humano

Original en audio: 12 min. 25 seg.


Hay cincuenta días de diferencia entre la primera lectura y el evangelio. El texto del evangelio corresponde al día de la Pascua. La primera lectura, en cambio, tomada del capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles, corresponde a la Fiesta de Pentecostés.

Pentecostés es una palabra que viene de la misma raíz de pentágono. Alude a cinco. Pero, más que a cinco, a cincuenta; son cincuenta días. En el evangelio, Jesús exhala sobre los Apóstoles y les dice: "Recibid el Espíritu Santo" (véase San Juan 20,22). Y en la primera lectura, "llamaradas de fuego" (véase Hechos de los Apóstoles 2,3), anuncian la llegada del Espíritu Santo.

Lo primero que debemos aprender hoy, entonces, es que el Espíritu Santo tiene más de una visita en el corazón humano. Eso también tiene que cumplirse en nuestra vida. El día en que fuimos bautizados, el Espíritu Santo irrumpió en nuestros corazones.

Y lo sabemos, porque después del bautismo, con toda propiedad se nos llama hijos e hijas de Dios. Dice el Apóstol San Pablo: "Los que se dejan llevar por el Espíritu, ésos son los hijos de Dios" (véase Carta a los Romanos 8,14). De manera que la primera visita del Espíritu a nuestras vidas, sucedió hace mucho tiempo, ya en el bautismo.

El Espíritu Santo viene también de un modo singular, cuando hemos celebrado el Sacramento de la Confirmación. El Obispo, como sucesor de los Apóstoles, ha orado por nosotros, y siguiendo el ejemplo de Pedro y de los demás, ha impuesto sus manos sobre cada uno, pidiendo una vez más la llegada del Espíritu Santo.

En algunos grupos de oración, -sobre todo los que tienen que ver con esta espiritualidad de la Renovación Carismática-, se utiliza una expresión que se puede cuestionar un poco, pero no quiero discutir de palabras, sino contar la historia.

En estos grupos, a veces, se habla de un bautismo del Espíritu Santo. No es que el Espíritu llegue por primera vez. Pero, se trata de una visita especial, que muchos quienes hemos estado en grupos de oración recordamos con inmensa gratitud, con muy grande alegría. Adorado por nosotros, nos hemos sentido amados por Dios.

En algunas ocasiones, en estos grupos se presentan cosas muy bellas, cosas maravillosas, gente que en medio de su alegría llora con agradecimiento al Señor, gente que siente cosas parecidas a las que nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles. También ellos quieren cantar y contar las maravillas del Señor.

Así que el Espíritu Santo está presente de distintas maneras en nuestra vida. Es nuestro aliado. Esa poesía que hemos proclamado antes del evangelio, -se llama "Una Secuencia"-, nos recuerda algunos de los bienes que nos trae el Espíritu Santo. Se le llama, "El Padre amoroso del pobre, Luz que penetra las almas, Fuente del mayor consuelo, Huésped del alma". Son palabras bellas; son como piropos que decimos a este Amor, amor con A mayúscula, que es el Espíritu Santo.