N5en004a
Fecha: 20080105
Título: "Dios es mayor que nuestra conciencia"
Original en audio: 9 min. 47 seg.
Hagamos con la ayuda del Espíritu Santo, una reflexión vocacional a partir del llamado de Natanael, como aparece en ese texto del evangelio de Juan.
Lo primero que a mí me llama la atención, es que hubo un instrumento humano que fue Felipe. Pero, la frase de Jesús también se aplica a cada uno de nosotros: "Antes de que Felipe te llamara, te vi" (véase San Juan 1,48).
Para cada uno de nosotros, ha habido también un instrumento humano. Cada uno de nosotros puede recordar a un promotor, o a una promotora vocacional. Dios se vale siempre de instrumentos, de personas, con los que nos ha llamado.
Y sin embargo, antes de que esas personas, antes de que esa promotora vocacional, antes de que ese Padre Nieto o ese Padre Jiménez, antes de que esa Madre Sara o Érica, o ese Padre Guillermo Villa, -en mi caso-, antes de que ese promotor vocacional se interesara en mí, ya Jesús me había visto, ya Jesús me conocía.
Dios se interesa por cada uno de nosotros y nos conoce más allá de los informes humanos. Es importante ese sabernos conocidos y ese sabernos reconocidos por el Señor. Porque, en los momentos de dificultad, no hay mayor consuelo que poder decir lo mismo que dijo Pedro: "Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo" (véase San Juan 21,17).
Nuestro último descanso no está en nosotros mismos, no está en la opinión que nosotros tengamos de nosotros. Nuestro mayor y más profundo descanso, no es lo que nosotros conocemos de nosotros mismos. Nuestro verdadero descanso es que Dios nos conoce, es que Él sabe de qué estamos hechos.
Él conoce nuestras verdaderas intenciones. Él conoce nuestras fragilidades. Él sabe lo que hemos intentado. Él sabe lo que hemos logrado y entiende también mejor que nosotros, lo que nosotros no hemos alcanzado.
Muchas veces en la época escolar, pasa que uno como estudiante siente alguna frustración. Porque, presentó un trabajo y no le fue bien. Porque, no le pusieron la calificación que esperaba, o porque lo trataron mal y uno mismo se confunde, no entiende.
En ese momento la voz del papá o de la mamá que dice: "No te preocupes. La próxima vez lo harás mejor. Yo sé cómo te esforzaste", al darle a uno un abrazo, éso reconstituye, éso levanta.
Lo mismo pasa cuando Dios trata a su criatura. "Dios me conoce mejor de lo que yo me conozco. Dios me entiende mejor de lo que yo me entiendo. Y Dios está dispuesto, no solamente a comprender mis errores, sino a ayudarme a salir de ellos".