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Fecha: 20090104

Título: "Y acampó entre nosotros"

Original en audio: 5 min. 46 seg.


Hay un pensamiento, mis hermanos, que llena de luz este día. Y no este día tan sólo; todo este tiempo que llamamos Navidad. Porque, para la Iglesia, Navidad no es solamente un día; es un tiempo.

Dios ha bendecido nuestro tiempo con la llegada de su Hijo, Jesucristo. Dios bendijo a nuestra tierra con Cristo. Trazó una huella de salvación, un camino de gracia. Nos regaló una señal de esperanza en Jesús.

Hemos llegado a creer en Dios. "Hemos podido contemplar la gloria de Dios" (véase San Juan 1,14), es lo que escuchamos en el evangelio de hoy. "A Dios nadie le ha visto. Pero, el Hijo, el que está adentro, el que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer" (véase San Juan 1,18).

"El Verbo se hizo Carne y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria" (véase San Juan 1,14). Dios bendijo nuestra tierra con la llegada de Jesucristo. Cristo es la bendición del Padre para nosotros. Por eso, "aquellos que reciben a Jesucristo, tienen potestad de llegar a ser hijos de Dios" (véase San Juan 1,12).

¡Es tan hermoso ese verbo del evangelio de hoy! Cristo "eskenosen", dice en griego, "acampó entre nosotros, habitó entre nosotros" (véase San Juan 1,14). Ese verbo, propiamente, significa acampar, como cuando en el desierto se levanta la tienda de campaña. Acampó, puso tienda entre nosotros, convirtió el desierto de nuestra vida en un santuario.

¡Y es tan bello pensar que también nuestra propia vida puede regalarle espacio a Jesús, para que Él tienda ese lugar, esa tienda de campaña, acampe entre nosotros y nos bendiga! Cristo, habitando entre nosotros, nos bendice. Cristo, habitando en nosotros, nos transforma. ¡Nos bendice!

Y de bendición nos habló también la segunda lectura. "¡Bendito sea Dios!" (véase Carta a los Efesios 1,3). Nosotros bendecimos a Dios. ¿Por qué? Porque, "nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales" (véase Carta a los Efesios 1,3).