Nde3002a
Fecha: 19980107
Título:
Original en audio: 9 min. 35 seg
Uno sabe que las lecturas de Navidad antes de Epifanía, más o menos Adviento y la Octava de Navidad, para ser más precisos, aluden a la infancia de jesucristo. Para ser todavía más precisos, la semana anterior a la Natividad del Señor y la semana posterior a la Natividad, es decir, la semana de la Octava, son las semanas en las que el evangelio alude expresamente a la infancia de Jesús.
Pero despúes uno se pregunta: "Bueno, si estamos en tiempo de Navidad, ¿qué tiene que ver la multiplicación de los panes, que escucábamos el día de ayer, o qué tien que ver esta extraña caminata sobre el agua que se nos presenta en el día de hoy?" No se requiere, me parece, una explicación adicional.
¿Qué lugar tienen estas lecturas en el tiempo de Navidad? Pues, es que la Navidad, el tiempo litúrgico de Navidad se mueve, por así decirlo, entre dos polos, entre la Natividad, el Nacimiento, el hecho de la Encarnación, ese es un polo, y el hecho, o mejor, los hechos que manifiestan la obra de la Encarnación; es decir, entre el hecho de la Encarnación, la manifestación de la Encarnación.
En términos de fiestas, pues estas son las dos grandes de este tiempo litúrgico, ante todo la Natividad del Señor, el veinticinco de diciembre, y luego la Epifanía del Señor; pero si lo pensamos bien, en realidad la Epifanía es manifestación del mismo misterio que habíamos celebrado en la Natividad del Señor.
Uno debe hacerse esas preguntas: ¿por qué esas lecturas en este tiempo? Y tratar de averiguar por una parte y otra, porque si no corremos el riesgo de ser de aquellas personas que simplemente dejan que corra la Palabra de Dios delante de ellos: "Ay, mira, salió la multiplicación de los panes, mañana puede salir que "yo soy el Buen Pastor", y pasado mañana puede salir el relato de la Pasión de cristo, y después quién sabe qué saldrá".
Entonces, si obramos así, si con ese desprecio escucachamos, con muy poco aprecio llega a nosotros la Palabra del Señor y muy poco será también el provecho que nos hace.
Entonces uno se encuentra en la Iglesia Católica una cantidad de gente buena persona, pero pésimos oyentes, porque no están alimentándose de la Palabra, parece que no fueran invitados al Banquete del Señor sino, no, distraídos, y de esos distraídos,- también hay muchas distraídas-, que son gente buena, que son gente piadosa, pero que tal vez, o fueron formados, o se acostumbraron, o yo no sé qué, a no hacer preguntas .
Entonces, para esas personas las lecturas de cada día salen máso menos con el sistema de abrir la Biblia, "a ver, dónde salió, salió la multiplicación", entoncesse imaginarán, yo creo que: "Hubo un señor por allá en Roma que abría así la Biblia y salió la multiplicación de los panes, entonces dijeron: "Bueno, pongamos esa, ¿y ahora qué hacemos de aquí hasta el Bautismo? ¿Qué más ponemos en estos días? A ver, a ver, qué podría ser, pongamos algo de un leproso, por ejemplo, eso hay mucho leproso..."
Esta caricatura lo que intenta es que nos demos cuenta de que cuanto mayor sea nuestra ansia de la Palabra, pues mayor el provecho también que esa Palabra nos puede dar a nosotros. Porque es que esta Palabra se predica es para nosotros, para nosotros.
Las paredes, los asientos, las luces oyen todos los sermones de todos los padres, pero poco les aprovecha; desde que yo me acuerdo, están esas sillas ahí, y ellas, juiciosas, van oyendo todas las predicacónes, todo lo que se dice, todos los Evangelios, pero yo no noto conversión en esas sillas, no no to conversión.