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Fecha: 19961229

Titulo: Jesus es el regalo del amor de Dios a una pareja

Original en audio: 40 min. 43 seg.


Casi siempre nosotros los sacerdotes aprovechamos una festividad de este género para encomiar, para ponderar los valores de una verdadera familia, de una familia según el corazón de Dios. Entonces presentamos una especie de ideal de familia, una especie de “deber ser”.

"La familia tendría que ser de tal o cual manera", y luego sacamos la conclusión de que si las cosas andan mal, es porque la familia no se parece a eso que nosotros presentamos en nuestra predicación; algo así como decir: "En una familia bien hecha, en una familia bien organizada, el papá es así y la mamá es así y los hijos son así; y como el papá no es así y la mamá tampoco es así, ni los hijos son así, por eso estamos muy mal", y de ahí se pasa al Credo.

Bueno, esta predicación es válida porque, efectivamente, eso es cierto, y es cierto que el papá hoy no corresponde a lo que tendría que ser un papá, seguramente, ni la mamá tampoco, ni los hijos tampoco; y también es cierto que si la familia está como está, en buena parte se debe a ese profundo desnivel que hay entre el querer de Dios para la familia y lo que las familias son realmente hoy. O sea que esa predicación es cierta, es verdadera, incluso es útil.

Pero uno de mis superiores en otro tiempo, nos dijo una vez en una predicación algo que a mí me quedó muy profundamente grabado, más o menos el sentido, porque no voy a recordar las plabras precisas, el sentido era, diciéndonos a nosotros que nos formábamos para sacerdotes: “Eviten al máximo las expresiones "debiera", “hubiera”, “tuviera”, “si todos fuéramos”, “si cada uno hiciera...” Parece que es mejor evitar ese lenguaje, porque de ese lenguaje a menudo no sale más que una serie de lamentaciones.

Entonces salimos todos de la Eucaristía con la conciencia de que “todo sería tan hermoso...” “si todos nosotros hiciéramos...” “y si alguna vez pusiéramos...” “y luego...” Pero después de todos esos condicionales y subjuntivos y demás formas verbales, "pero la realidad es esta, y en esa realidad, nuestra palabra de sacerdotes, a veces, no toca, no raspa, no hace.

Entonces, como yo escuché esas indicaciones de aquel Padre formador nuestro, yo procuro ponerlas en práctica, y por eso trato de evitar ese lenguaje de cómo debieran ser las cosas. Además, ese lenguaje tiene otro problema, que se ve muy bien en este festividad de la Sagrada Familia.

El sacerdote empieza a predicar sobre la Sagrada Familia: "Bueno,y el esposo tendría que ser así, y esa es la parte que más le gusta oír a la esposa: "Claro, claro, pero es que mijo, ay, ojalá mijo oyera esta parte, qué dicha eso, que le caiga, que le cale", entonces cada uno termina oyendo la parte de la homilía que le conviene, que es la parte de los demás, pero no la propia.

Entonces, cuando llega la parte de los hijos: "Y si todos los hijos fueran como Jesús", entonces la mamá le provoca decir: “oiga mijo, oiga cómo tiene que ser”, pero no cae en la cuenta de que el muchachito, cuando estaban diciendo que la mamá tenía que ser como la Virgen María, el muchachito diciendo: "¿Si oyó, mamá? El muchachito termina dicíéndole a la mamaá: "¿Sí se la pilló cómo era?"

Entonces, de ahí he ido sacando yo la conclusión de que aquel formador tenía razón, en el sentido de que nosotros los sacerdotes tenemos que ser muy cuidadosos con el lenguaje, él le llamaba lenguaje intencional, ese lenguaje de cómo es que tendrían ser las cosas; parece mejor evitar ese lenguaje.

Además, por si fuera poco, ese lenguaje tiene otra dificultad, que en últimas es como la más seria. Hay otra dificultad y es que en ese género de lenguaje nunca se dice el cómo. Supongamos que una persona oye devota y atentamente la predicación del sacerdote, y supongamos que, por una especie de milagro del Señor, no le va aplicar la homilía a nadie, sino que se la va a aplicar a sí mismo.

Entonces la señora, por ejemplo, oye la predicación sobre cómo tendrían que ser las mamás, entonces la señora llega a una conclusión: "Razón que yo he fallado tanto como mamá, ahí está la explicación de mis errores como madre".

Pero, de ahí no puede sacar el cómo, porque la gran pregunta es: "Bueno, ¿y cómo hago yo, entonces, para salir de la situación de mamá mediocre, que seguramente tengo, y alcanzar ese ideal?" Por todas estas razones, me parece que es conveniente enfocar la predicación de otro modo, ese otro modo ¿cuál es? Ese otro modo es caer en la cuenta de que el cómo, es precisamente lo que Dios nos cuenta.

La Biblia no es una lista de ideales para nuestros estilos, sino es un memorial de las gracias de Dios en favor nuestro para nuestras obras. En esto se diferencia la religión judía y cristiana, de la religión griega, por ejemplo. ¿Cómo funciona la religión griega? Hay un mundo ideal, el Olimpo, donde están los dioses, que no pasan nuestros trabajos, que tienen su gozo, su felicidad, pero no hay puente entre el Olimpo y nuestra vida, la Biblia no es eso.

Y La presentación de la Sagrada Familia no se puede hacer como una especie de Olimpo, no se trata de presentar esos ideales inalcanzables. Lo que la Biblia nos presenta, hoy, en la Sagrada Familia, pero en cada una de sus páginas lo que nos presenta no es tanto un qué sino un cómo, porque presentar un qué, eso lo saca la razón humana, para eso no se necesitaba la revelación.

Cualquier persona que se ponga a pensar seriamente sobre cómo tiene que ser una pareja, sobre cómo hay que educar los hijos, sobre cómo tienen que ser los esposos, los papás, las mamás pues también saca un libro, yseguramente un libro gordote sobre el deber ser de la familia; pero la Biblia no está para reemplazar ese trabajo de la razón humana, la razón puede producir ese género de obras.

El arte de la Biblia es que nos cuenta el cómo de las cosas, mejor dicho, nonosmuestra lo que se debiera hacer sino nos lo muestra realizándose, nos lo muestra realizado. Desde esta óptica, vamos a mirar este misterio de la Sagrada Familia, y la palabra es propia, es precisa, se trata de mirar un misterio, porque en la contemplación de ese misterio está la fuerza para realizarlo.

La contemplación del misterio da la fuerza para realizarlo. Esto se parece mucho lo que sucede con la virginidad consagrada. Si uno entra en cavilaciones sobre si es posible o no es posible, queda indeciso, pero la presencia de una persona que vive a fondo su consagración virginal, es la respuesta a todas nuestras dudas, y es la invitación a vivir así.

Entonces no es un ideal sino una realidad, que contemplada en su misterio, nos atrae hacia sí. La Sagrada Familia no es, en primer lugar, un cuadro para que lo miremos, no es un momento. ¿Cómo conoce uno a las Familias? Metiéndose con ellas, entrando a su hogar.

Ese es el ejercicio que les voy a proponer que hagamos: vamos a entrarnos a este hogar, vamos a entrarnos a esta familia, vamos a tratar de conocerla desde dentro, en su vida, en su cómo, y no quedarnos simplemente en nacimientos que son reales, en nacimientos de María, de Joséy de Jesús.

¿De dónde surgió la Sagrada Familia? La Sagrada Familia surgió del amor. El que quiera comprender la Sagrada Familia tiene primero que asomarse al gusto, al amor entre José y María. Ahí empieza la Sagrada Familia, empieza en amor. Y este amor se vuelve fecundo.

Aquí tengo que referirme a algunos aspectos muy hermosos, quizá un poco desacostumbrados, que yo creo que van a ser iluminadores para todos nosotros. Yo he pensado escribir un libro, o por lo menos un artículo, quién sabe si se logre, un artículo o un libro que llevaría por título: "Jesús no es un Mutante".

En películas de ciencia ficción, como las Tortugas Ninja, aparecen los mutantes. Mutante es aquel ser vivo, que en la transmisión de su código genético ha tenido alteraciones que producen lo que podría ser una especie de monstruo o algo parecido, un ser semejante a la especie que le dio origen. Ese es un mutante. Jesú no es un mutante.

Hermanos, vamos a entrar al misterio del amor de José y de María, y muchas de nuestras ideas sobre lo que es ser hombre, ser mujer, ser hijo y el misterio de la Encarnación, seguramente tendremos que mirarlas un poco con otra luz.

José y María se aman, María queda embarazada por obra del Espíritu Santo, José acepta de todas maneras que Ella sea su Esposa, y así queda constituida la Sagrada Familia. De ese cuadro, ¿cuál es la idea que tiene mucha gente? Que el Espíritu Santo reemplazó a la parte masculina en la concepción de Jesús.

Algunas personas se imaginan que lo que hizo el Espíritu Santo fue reemplazar lo que hace el varón en el proceso de la generación, y ese reemplazo se mira en términos genéticos.

Entonces, algunas personas se imaginan que el Espíritu Santo lo que hizo fue tomar un óvulo de la Santísima Virgen, y como lo que hace el varón es entrelazar su cadena cromosómica con la cadena cromosómica del óvulo, para constituir así los curenta y seis pares del núcleo en las células humanas, entonces el Espíritu Santo reemplazó los cromosomas de José y entonces fecundó así a María.

Bueno, como ustedes ven, estamos empezando a navegar en aguas profundas. Hemos pedido y seguimos pidiendo el don del Espíritu Santo, porque es que yo quiero hablar de la Sagrada Familia así en la realidad de este hecho.

Hubo por ahí incluso alguien que se imaginó la cosa todavía más, Steven Spielberg, ¿no? Más o menos como que el Espíritu Santo, tomando el código genético de San José, por medios pocos conocidos, una especie de “in vitro” del siglo I, hace la fecundación, y de esa manera Jesús resulta con el juego cromosómico completo.

Son misterios que toca pensarlos con respeto y con amor, pero hay que pensarlos, porque de otra manera seguiremos mirando a José como "el varón justo de virtudes altísimas; y María, doncella egregia de altísimas virtudes, y Jesús, "¡ah, el adorable Cristo, más alto que las alturas, y yo, miserable en este lodo!"

La Biblia no está escrita para que nosotros hagamos esos razonamientos, la Biblia está escrita para que nosotros sintamos que nuestro lodo se redime, y si esto no sucede, la predicación fue mala; o la lectura, o la interpretación que hicimos, fue mala.

Por eso es necesario que avancemos en nuestra meditación, sin dejar de suplicar en nuestro corazón el don del Espíritu Santo. Mire usted que las ideas que estoy hablando no son tan extrañas ni poco frecuentes. Hay personas, por ejemplo, que hablan del Espíritu Santo como el esposo de María, es peligroso, no debe hablarse mucho del Espíritu Santo como esposo de María.

¡De verdad, de verdad! Es muy hermoso decir: "María, Hija del Padre, María, Madre del Hijo, María, Esposa del Espíritu", en algún sentido es cierto; pero fíjate que si se la llama Esposa del Espíritu Santo, ¿qué papel cumple José ahí? ¿José no era verdaderamente el esposo de Ella? Pregunta numero uno, pregunta numero dos, si el Espíritu Santo es el esposo de María, ¿es comparable la acción que hizo el Espíritu Santo en María con la que hace el hombre con su esposa?

La conclusión a la que hay que llegar es: que sí se puede hablar del Espíritu Santo como esposo de María, pero sólo en el mismo sentido en que el Espíritu Santo y Dios mismo es esposo de cada alma y es esposo de cada corazón. Sin embargo, yo tengo para mí eso, que más son las confusiones que engendra el hablar del Espíritu Santo, esposo de María, que lo que arregla.

Yo no le hago propaganda a que se hable del Espíritu Santo como el esposo de María, sobre todo porque esa terminología ha desenfocado por completo el papel de San José, entonces queda una familia como un poco rara, ¿a usted no le parece como un poco raro que José quería a María, estaba comprometido con Ella, ¿de pronto un tercero? Es muy cruel, es muy horrible, es casi vulgar y blasfemo lo que voy a decir, ¿pero qué tenemos ahí? ¿Un triangulo amoroso?

José y María se quieren y de pronto un tercero que entra, y ya la fecundó, bueno, "y ahora yo qué qué hago? Sé que estoy hablando ahí muy humanamente, sé que eso casi rompe la piedad con la que deben ser tratados estos misterios; pero alguna vez es necesario plantearse el problema hasta el fondo.

No, me resisto a decirle esposo de María al Espíritu Santo, a menos que, en un contexto distinto y sin relación con la Encarnación, hablemos de ese esposo místico, hablemos de esa relación que se da entre Dios y el alma.

Porque eso sí es cierto, que ante Dios todo corazón humano es femenino, eso es cierto, en ese sentido sí, pero hablar del Espíritu Santo como esposo de María en torno al misterio de la Encarnación, desenfoca por completo el misterio de José, y por consiguiente, el misterio de la Sagrada Familia.

José aparece llegando demasiado tarde y aparece ya con hechos consumados, "y bueno, llega Usted, no puedo pensar mal, pues en este caso ¿qué? De acuerdo con lo que me dijo el Ángel, sigamos, y aquí no ha pasado nada."

Como se ve, el misterio de la Sagrada Familia, cuando uno intenta tratarlo ya no moralísticamente, es decir, para decir: "Mire cómo debe ser un papá", cuando intentamos mirarlo más despacio, es todo un misterio, porque es una familia construida de un modo que uno no lo ha reflexionado suficientemente.

Todo proviene del modo de la Encarnación. O sea, el misterio de esta familia nos une al misterio de la Encarnación del Verbo, y los malos entendidos empiezan, en que uno, cuando piensa en la Encarnación del Verbo, uno se imagina que fue como una especie de “in vitro” del siglo I, es decir, María aportó, pero José, quieto en primera, y el resto lo hizo el Espíritu Santo.

Pues no. Si eso hubiera sucedido, tenemos varios problemas: ¿qué clase de obra es esta del Espíritu Santo? Podríamos preguntarnos, ante todo téngase en cuenta que el Espíritu Santo no tiene género, no es ni masculino ni femenino.

Entonces, una obra del Espíritu Santo que lo pone hacer como una especie de principio masculino, -esto también va a doler, me disculpan la predicación de hoy-, esto también va a doler, pero eso es lo que nos encontramos en la mitología griega: Zeus que se enamora de una fulana y..., ¿sí? Y entonces la fecunda, ese modo de hablar hay que evitarlo con respecto a la Encarnación.

Esto quiere decir que debemos pensar el misterio de la Encarnación de un modo diverso. María no se hizo fecunda a sí misma, ni fue una célula germinal de María, concretamente, de un óvulo lo que dio origen a Cristo. Porque si hubiera sido una célula germinal de María la que da origen a Cristo, sólo tenemos dos posibilidades: o el Espíritu Santo hizo de hombre y eso, por favor, no lo volveremos a repetir, o Jesús es un mutante, porque entonces Jesús no tiene un juego cromosómico completo.

Y resulta que si Jesús es un mutante, tenemos dos posibilidades: o es una Tortuga Ninja, o Jesús no me salvó a mí, porque hay un principio básico en Cristología que es: “Lo que no fue asumido, no fue redimido”.

Nosotros somos salvados por Cristo, porque su naturaleza, porque su humanidad es en todo como la nuestra; si Jesús no hubiera tenido una naturaleza comparable a la nuestra, su victoria sobre el pecado sería atribuible a sus problemas cromosómicos, pero no a la fuerza del amor del Padre que en Él se manifiesta.

Como se ve, el asunto se pone delicado, delicado pero hermoso, porque entonces uno dice: "Bien, si el Espíritu Santo no reemplazó la parte masculina, tampoco entonces fue una célula germinal de la Virgen la que dio origen a Jesucristo, no fue así. Esto quiere decir que María es Madre de Cristo de un modo diverso, podríamos decir, de un modo diverso a como una madre es madre de su hijo, a partir de las células germinales de su cuerpo.

Entonces mire que aquí se nos acaba la asimetría que había entre María y José. Porque uno se imagina, claro, si María sí aportó lo suyo, pero José no aportó lo suyo, Jesús resulta siendo hijo de María y resulta siendo sólo hijo putatativo o adoptivo, o como se quiera llamar, de José.

La palabra putativo, que a mucha gente no le gusta, proviene de un verbo en latín que suena parecido, pero tampoco va a gustar cómo suena. La palabra putativo, proviene de un verbo en latín que significa algo así como “que se pensaba”. De manera que padre putativo de Jesús quiere decir, el que la gente creía que era el papá de Jesús, de ahí viene putatativo.

Pero sobre esto tenemos que volver, porque es apasionante descubrir cómo se van aclarando algunos misterios de nuestra fe, cómo va apareciendo el verdadero papel de José y cómo se va descubriendo cuál es la grandeza de esta familia, hacia allá vamos, y por consiguiente, con esto ustedes entenderán que la predicación necesita prolongarse un poco.

Debemos, parece, rechazar la explicación de que una célula germinal del cuerpo de María dio origen a Cristo, si no tendríamos que creer en un Jesús Ninja, que por consiguiente no es nuestro Salvador, porque el Salvador mío es alguien que tiene una naturaleza humana como la mía.

Esto quiere decir que ese desnivel que nosotros sentíamos entre María y José era sólo aparente, porque es que uno siente que María sí es Madre, porque Ella aportó lo que da la madre al proceso generativo, y José, como no aportó nada, entonces queda reducido en el papel de partner, guardaespaldas, ayuda, protector, etcétera.

Esa es la imagen que todos tenemos, puesto que José nada, cero a la izquierda, le tocó; mientras que María sí hizo su parte, como quien dice, Ella sí vivió plenamente su femineidad, mientras que José no vivió su masculinidad, esa es la idea que solemos tener.

Pero entonces mire que, a partir de los razonamientos que hemos planteado, que quieren ser respetuosos, precisamente, de la Sagrada Escritura, nosotros no podemos hablar eso, nosotros no podemos decir eso.

El origen de Cristo en el cuerpo y del cuerpo de la Santa Virgen María, no se puede presentar en términos de una célula germinal a la que le hayan sucedido rayos cósmicos o cosas parecidas, duplicaciones extrañas del DNA que dieron origen finalmente a un bebé, Jesús, y José dijo: "Bueno, pues entonces a los hechos cumplidos, María, a lo hecho pecho", no; nosotros no podemos llegar a ese punto.

Entonces, ¿qué tenemos que afirmar sobre este misterio de la Encarnación del Verbo? ¿Sobre ese origen de la presencia encarnada de Dios en nuestra historia? Pues lo que tenemos que afirmar es que no tenemos en nuestras categorías, así sean biogenéticas, así sean científicas, no tenemos, no disponemos en nuestras categorías nada que sirva para describir el origen de Cristo del cuerpo de María.

Como quien dice, esa pseudoexplicación de la célula germinal de María hay que rechazarla, pero eso no significa que tengamos una explicación distinta.

Cuando nosotros pensamos en el origen, ya no de una persona sino de todas las cosas, ¿cuál es el primer acto al que podemos llegar en nuestra fe? ¿Cuál es el principio de todo? La creación. Esto quiere decir que el origen de Jesucristo, es una nueva creación.

La única categoría teológica que se asemeja al misterio de la Encarnación, es el misterio de la creación. Como quien dice, lo que sucedió en las entrañas de María es un acto que sólo puede ser comparado, que sólo tiene una comparación con el acto voluntario y amoroso por el que Dios creó todas las cosas.

Así como nuestra fe, al echar de para atrás en el tiempo o al sumergirse en el misterio del ser, finalmente llega a la afirmación de acto creador de Dios, así también, cuando nos acercamos con amor y respeto a este misterio del origen de Cristo, finalmente llegamos a algo que sólo es explicable como el acto creador de Dios.

Esta es la razón por la que también hay que rechazar como explicaciónlo que alguno teólogos parecen decir con cierta facilidad, algo como: "Hombre pues, Jesús en el fondo, pues sí nació de una relación entre José y María, ¿y qué pasa con eso?

Hay gente que llega a estos extremos, obviamente, negando a todas luces el dato clarísimo de la Escritura que nos dice, expresamente el Evangelista Mateo: "Uk eguínosken auten, jéos jú éteken jyón" ,“no había tenido ninguna relación con Ella y Ella dio a luz un hijo” (véase San Mateo 1,18), eso está en la Sagrada Escritura.

El teólogo que se atreva a afirmar que José en el fondo pues tiene un papel de la generación de Cristo, a la manera como todos los demás seres humanos hemos sido engendrados, está contradiciendo abiertamente la Escritura.

Entonces fíjate que nuestra mente, como que no encuentra ninguna salida, porque no podemos decir que fue José, no se puede decir, es clarísima la Escritura, "Uk eguínosken auten", "sin que la hubiera conocido, “sin que hubiera tenido relaciones con Ella, "jéos jú éteken jyón", “ella dio a luz un hijo”.

De manera que no podemos decir que fue José, tampoco podemos decir que fue una célula germinal de la Virgen, tampoco podemos decir que fue el “in vitro” del siglo I. Nuestra única posibilidad es afirmar que el origen de Cristo en las entrañas de María, sólo tiene un punto de comparación en el acto creador de Dios.

Es decir, no es menos misterioso que el origen de todas las cosas. Así como finalmente nuestra mente llega a un acto de la voluntad de Dios, porque es que misterio no quiere decir que nuestra razón tenga que detenerse.

En este caso Misterio quiere decir que llegamos a un acto de la voluntad de Dios, y en ese acto de la voluntad de Dios, en ese amor por el que quiso crear todas las cosas está la explicación ultima de todas las cosas. Lo mismo hay que decir aquí, en ese acto por el que reconocemos la presencia del Verbo en nuestra historia, reconocemos un amor de Dios.

Nuestra explicación no para ahí. Mira lo hermoso que sucede cuando admitimos que el origen de Cristo es sólo comparable al origen del universo, porque eso es lo que estamos diciendo, la única categoría teológica que nos ayuda a entender el misterio de la Encarnación es el misterio de la Creación, es la única categoría teológica, es decir, que la Encarnación del Verbo sólo es comparable con la creación del universo, no hay otro punto de comparación.

Bien, nuestra fe enseña que el universo fue hecho a partir de la nada, esto quiere decir que no hay un punto de partida material sobre el que Dios hubiera trabajado para hacer el universo que conocemos.

Si decimos que la Encarnación del Verbo es sólo comparable al acto creador, quiere decir que en el misterio de la Encarnación también hay una nada, y por eso se puede hacer esta comparación: la nada es al universo como María es al nuevo Universo, es decir, a ese Universo restaurado que es Jesucristo.

Dios hizo todas las cosas, y este es el universo; pero rehízo todas las cosas, y esta es la redención. Dios hizo todas las cosas, esta es la creación, Dios restauró todas las cosas, es un acto que no es menor que la creación, sino mayor.

Ese reinado de Cristo es un reinado desde dentro, Cristo es Rey del universo, porque es que el universo fue hecho a través de Él, no es un universo que ya existe y sobre el cual llega un decreto que dice: “Tú vas a ser Rey de Egipto”; Cristo es Rey del universo, porque sólo a través de Él es posible el universo.

Pero mire usted lo hermoso que sucede aquí, que nos acerca al misterio de la Sagrada Familia. María, entonces, tiene el papel de la nada, una nada disponible, una nada dócil, una nada fecunda, una nada persona, y en esta nada es comparable y es esposa de José. Así como María no podía fecundar a sus propias entrañas, sino que eso sólo podía venir de ese acto creador del Espíritu, así tampoco José podía fecundar esas entrañas para que naciera Cristo, pues.

Para que naciera Cristo, José no podía fecundar esas entrañas, es decir, sólo ese acto creador podía hacer posible la presencia del Verbo, yo lo llamo así, acto creador, pero fue algo más grande que la creación.

José y María, entonces, son plenamente comparables,- yo dije una vez y me atrevo a repetirlo a repetirlo acá-, que si se fuera a hablar, si se quisiera insistir en hablar del Espíritu Santo como esposo de la Virgen, con respecto a la Encarnación, pues habría que decir que el Espíritu Santo es la esposa de San José, con respecto a la encarnación, porque no es menor el anonadamiento de María que el anonadamiento de José.

Jesús no es el regalo de Dios a una madre soltera, Jesús es el regalo de la gracia de Dios a una pareja, Jesús es el regalo delamor de Dios a una pareja, y por eso Jesús es de María y es de José; no es menos de José que de María, no es más de María que de José, en este sentido.

Pero sí hay un sentido en el que Jesús es más de María que de José, y es que, efectivamente, esta nueva creación no tiene como punto de partida la nada metafísica, sino la nada existencial; la nada metafísica es la no existencia de nada, la nada existencial es la absoluta docilidad a Dios.

En este sentido, Jesús es de María, es hecho a partir de María, ¿de qué modo? Sólo comparable con un acto creador, no metamos aquí la biogenética. En ese sentido, la Carne y la Sangre de Jesús son, evidentemente, la carne y la sangre de María.

La Carne y la Sangre que consagramos en cada Eucaristía, son carne de María y son sangre de María; la Sangre que redimió el universo es sangre de María, y la Carne de Cristo, que comulgamos, es carne virginal, es carne de María, ofrecida a Dios en favor del mundo por nuestra salvación; en ese sentido, Jesús es más de María que de José; pero en su origen mismo, Jesús es el don de Dios para una pareja.

Esto explica por qué en los Evangelios se trata a José siempre como padre de Jesús, nunca se le dice a Jesús que es más hijo de María que de José. ¿Reuerdan, por ejemplo, cuando aparece después de la pérdida en el templo? María le dice al Niño: “¿Por qué nos has hecho esto?” (véase San Lucas 2,48), Ella siempre utiliza el lenguaje de nosotros: “¿Por qué nos lo has hecho a nosotros? Mira que tu padre y yo te andábamos buscando” (véase San Lucas 2,48).

Ella tiene conciencia, aunque el Niño haya nacido de sus entrañas, Ella tiene conciencia de que no puede llamar a Jesús más suyo que de José, porque en realidad la nada que hizo posible el advenimiento del Verbo, fue la nada de una pareja, no la nada de una mujer, es la nada de una pareja, es la comunión humilde de una pareja.

Esto no tiene nada de extraño en el fondo, porque en el Libro del Génesis, cuando se habla de que el ser humano es imagen de Dios, se dice: “A imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó” (véase Génesis 1,27). La imagen de Dios no está sólo en el hombre ni sólo en la mujer.

Es necesario, para levantar a la criatura humana, para que la criatura humana fuera redimida, era necesario imprimir a fuego el amor en una pareja, no es una mujer, es una pareja, y esa pareja es la que resulta fecunda.

Jesús responde, en el pasaje aquel de la pérdida en el Templo, Jesús responde diciendo: “¿No sabíais que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre? (véase San Lucas 2,49). Evidentemente, ahí se está refiriendo a Dios como su Padre; pero eso no descalifica a José, más bien nos habla de la grandeza de José.

Si el Verbo de Dios, de acuerdo con lo que dice el Evangelista Lucas, vivía en obediencia a ellos, es porque este Niño, que vivía ocupado en las cosas de su Padre, encontró en José, precisamente, una imagen de su Padre.

¡Calibre a partir de aquí la santidad de José!