Navd004a
Fecha: 19961225
Título: Jesucristo es el lenguaje total del Padre
Original en audio: 8 min. 23 seg.
Queridos Hermanos:
Es tan grande el misterio de la Navidad, que sucede con el, más o menos lo que sucede también con la Pascua: no cabe en una sola celebración. Así tenemos que hay una Misa propia para la Vigilia de Navidad como para celebrarla ayer por la tarde o por la noche; hay otros textos para la Misa de media noche; hay otros textos para la vigilia, otros para la Misa de la aurora, como para haberla celebrado hoy temprano; y hay otros textos para la Misa del día que es exactamente la celebración que tenemos ahora.
Esta abundancia de textos, es entonces como un Banquete de la Palabra divina, que se ofrece precisamente, porque esta Palabra se ha ofrecido a nosotros, y por eso, aunque es maravilloso que nos encontremos aquí, y estoy muy feliz de la concurrencia para esta Eucaristía, todavía me atrevería a invitar a que abriéramos más ampliamente nuestro corazón a esta Palabra, revisando tantos otros textos bíblicos, que nos ayudan a comprender ese misterio infinito del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
Así por ejemplo, en la Misa de la aurora se nos propone leer el Capítulo 62 de Isaías y también el Capítulo tercero de la Carta del Apóstol Pablo a Tito.
Pero como sería muy difícil dar una lista de textos bíblicos aquí, lo que le puedo recomendar para que usted viva su Navidad de manera cristiana, y no simplemente cumpla con un precepto, es: tome usted una Biblia grande que tenga notas, puede servir, por ejemplo, la Biblia de Jerusalén o la Biblia del Peregrino, o en fin, alguna otra, y lea los dos primeros capítulos del evangelio de Mateo y los dos primeros capítulos del evangelio de Lucas; ahí trae abundantes referencias a otras lecturas que le pueden servir.
Usted dirá: "Bueno, padre, tendría que estar agradecido con que yo venga a Misa; vengo aquí y usted viene a ponerme más tarea". Si usted lo quiere mirar desde ese punto de vista, esa no es mi intención. Más bien lo que quiero contarle es que en términos de fe y de Palabra de Dios sucede aquí lo mismo que con los regalos que muchos recibieron o recibimos en la noche de Navidad; usted no se queda contento con el regalo, es necesario abrirlo.
Pues bien, los regalos que envuelven este misterio magnífico del nacimiento de Nuestro Señor, son estas lecturas bíblicas y hay que abrir esos lazos, hay que leer esas lecturas, para que realmente el regalo de Cristo llegue a nuestros corazones.
En la Misa del día, es decir, la que estamos celebrando ahora, la frase, el pensamiento fundamental se encuentra quizá en el evangelio: "La palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros y hemos contemplado su gloria" (véase San Juan 1,14).
Literalmente dice: "La palabra se hizo carne"(véase San Juan 1,14), Kai ho Lógos sarx egéneto, dice el texto original. ¿Qué podemos decir de esta afirmación? "La palabra se hizo hombre".
Podemos sacar dos enseñanzas en principio. Primera: que Jesucristo es el lenguaje total del Padre, es el mensaje supremo del Padre. Cuando uno intenta expresarse con todo el énfasis no dice solamente palabras, cambia la modulación, incluye un gesto, mueve las manos, hace algo.
El lenguaje completo, el lenguaje total, el único lenguaje que puede expresar algo y todo sobre quién es Dios, es Cristo Jesús. Toda su existencia, Cristo es mensaje, no sólo por lo que dice, sino todo Él: su carne, su cuerpo, sus ojos, su mirada, sus milagros, su silencio, su sueño, sus parábolas, sus clavos, sus llagas, su cruz, su sepulcro.
Todo Él es mensaje, y quedarse sólo con lo que Cristo dice no es recibir el mensaje que Dios nos ofrece. Si la Palabra se hizo hombre, quiere decir que el mensaje completo, el entender quién es Dios y qué quiere de nosotros no está sólo en los discursos de Jesús, sino en toda la vida, en sus gestos, en su padecer, en su cruz y en la gloria de su resurrección.
En segundo lugar, si la Palabra se hizo hombre, si la Palabra eterna que está allá con el Padre, podemos hoy afirmar que se hizo hombre y que habitó entre nosotros y que hemos visto su gloria; también significa que el sentido pleno de la vida humana, esa especie de palabra, de logos, de razón que le da sentido a todo lo que nosotros somos, se escapa a nuestras solas razones, nosotros necesitamos un rumbo, una dirección en nuestra vida. Algunas veces llamamos a eso el sentido de nuestra vida.
Pues bien, nos está contando este evangelio que ese sentido, que ese logos, lo encontramos en Jesucristo, de manera que Cristo nos cuenta al mismo tiempo quién es Dios, y para eso hay que mirarlo en la plenitud de su humanidad, y nos cuenta quién es el hombre, y para eso hay que mirarlo en la plenitud de su grandeza.
Cristo revela al mismo tiempo a Dios y al hombre. Cristo muestra el verdadero y profundo sentido de la existencia humana y Cristo muestra también quién ese Dios. Esto es importante para no hacer de Cristo un simple maestro espiritual.
Si uno se queda solamente con los discursos de Cristo, esos discursos son comparables a los de Buda, de Confucio o a los de tantos otros maestros espirituales, claro que sí, en términos de discursos, Cristo es un maestro espiritual más y no importa una religión que otra y lo importante es no ser violentos y ser tolerantes; si nos quedamos con los solos discursos.
Pero si comprendemos que todo Él es palabra y que todo en El es mensaje de Dios, entonces ya lo descubrimos como único, infinitamente único en la historia de los hombres, porque no hay nadie que se compare a Cristo, ya no en las palabras sino en los hechos, en la muerte, en la cruz y sobre todo en la gloriosa resurrección para el perdón de los pecados.
Nos acercamos hoy entonces a contemplar los inicios de la existencia terrena de esta palabra hecha carne y de Él pedimos que dé verdadero, genuino, pleno sentido en nuestras vidas.
Así lo conceda Él por su gracia y por su gloria.
Amén.