V032002a
Fecha: 19981215
Título: Recapacitar, ejercicio fundamental para el Adviento
Original en audio: 7 min. 48 seg.
Creo que ya en otras ocasiones hemos comentado que las lecturas de Adviento tienen un ritmo distinto, una concatenación distinta a las lecturas de los otros tiempos litúrgicos, en el sentido de que en esos otros tiempos, normalmente, es el evangelio el que trae el tema principal y las lecturas anteriores, una o dos, van de acuerdo con el evangelio.
En Adviento, en cambio, en la mayoría de los textos tomados de los Profetas, como hoy, Sofonías, la cuestión es al revés. La primera lectura es la que muestra un tema y el evangelio va revelando cómo se cumple éso que estaba anunciado en el Antiguo Testamento, cómo se cumple con Jesucristo.
Es ésta la razón por la que todas las lecturas de Adviento, -las primeras lecturas de Adviento-, son del Antiguo Testamento. Es ésta la razón también, por la que si nosotros miramos las lecturas del evangelio, descubrimos que no van siguiendo estrictamente una secuencia. A veces hay dos o tres evangelios seguidos, pero luego se pasa a otros textos, porque el ritmo está dado por el Antiguo Testamento.
El propósito de la Iglesia, desde luego, es que nosotros podamos ver en Jesucristo el cumplimiento de todo lo que estaba en el Antiguo Testamento. Entonces, por ejemplo, hoy leemos a Sofonías y el capítulo veintiuno de Mateo. Mañana leemos a Isaías cuarenta y cinco y pasamos al evangelio de Lucas, capítulo siete.
De esta manera vamos cambiando de uno a otro evangelio. Porque, todo el propósito es que nos convenzamos de que aquello que fue prometido, aquello que fue anunciado y aquello que fue figurado, llegó a su cumplimiento, llegó a su plenitud, llegó a su figura final con Jesucristo.
La lectura, hoy, de Sofonías, tiene dos partes claramente diferenciadas. Ambas están en el capítulo tercero. La primera parte corresponde a los dos primeros versículos de este capítulo. Ahí se habla de la rebeldía de la ciudad que no escucha a Dios. Esa es la rebeldía que luego nos encontramos en los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
"¡Ay de la ciudad rebelde! No obedeció ni escarmentó. No aceptaba la instrucción" (véase Sofonías 3,1-2), lo cual es lo mismo que Jesús dice a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "Vosotros no recapacitásteis ni le creísteis" (véase San Mateo 21,32).
Al principio, como el segundo de los hijos de la parábola, ellos dijeron: "¡Sí voy a trabajar!" (véase San Mateo 21,30). Mas, no hicieron la voluntad de Dios. ¡Dijeron, pero no hicieron! ¡Hablaron, pero no cumplieron! Ese es el oficio de los sumos sacerdotes de aquel tiempo según Jesucristo. Dicen y no cumplen, hablan pero no hacen: "Son la ciudad rebelde manchada y opresora, que no confía en el Señor, que no se acerca a su Dios" (véase Sofonías 3,1-2).