V19d004a
Fecha: 20001219
Título:
Original en audio: 20 min. 34 seg.
CONTINUARÁ LA TRANSCRIPCIÓN......
Mis Hermanos:
¡La Navidad es un tiempo tan bello! El Niño Jesús, que es el gran regalo de Dios para el mundo, hace que todos los niños del mundo tengan algo de Jesús. Y por esto, la Navidad es un tiempo especial para los niños; pero no debe ser solamente para los niños.
Estas lecturas que acabamos de oír, son lecturas que, seguramente, los niños no alcanzan a entender o no alcanzan a disfrutar; son para ellos lo mismo que son para nosotros los adultos; pero seguramente los niños no alcanzan a entenderlas.
Nos habla la Palabara de Dios de un hombre llamado Sansón, un hombre que nació de una mujer que era estéril. Seguramente recordamos a Sansón, un hombre muy fuerte, "fuerte como Sansón"; Sansón fue un hombre muy fuerte, y necesitaba esa fortaleza para poder vencer a los enemigos de Israel.
Los enemigos de Israel en esa época eran los Filisteos; ellos eran muchos y tenían mucho odio hacia Israel. Se necesitaba un hombre fuerte que mostrara que Dios está presente y que Dios puede vencer a los enemigos de Israel; Se necesitaba fuerza, y Dios trajo esa fuerza. Pero lo interesante es que Dios trajo esa fuerza a través de una mujer que era estéril.
La esterilidad era mirada en el pueblo de Israel como una terrible maldición. Una mujer estéril era como decir una mujer maldita. Se miraba a la mujer especialmente por su capacidad de dar a luz, su capacidad de dar familia. Así como un árbol que nunca diera frutos sería un árbol prácticamente inútil, así se miraba a la mujer.
Una mujer que no puede tener hijos, una mujer estéril, podríamos decir, -suena horrible,- una mujer inservible; esa era la mentalidad de la época.
Luego Jesús nos mostró que había otras maneras de ser fecundos, que tener hijos no es la única manera de ser fecundo. Por ejemplo, está entre nosostros una religiosa, es una mujer consagrada, es una mujer dedicada a Dios, ella no tiene hijos, no va a tener hijos, pero su vida es fecunda de otra manera.
Esto no lo había entendido el pueblo de Israel en aquella época; para ellos, si no tiene hijos, es ua estéril, una maldita, no sirve para nada.
Así se sentía esta mujer, la esposa de un hombre llamado Manué, un nombre muy raro porque es una cultura muy rara. Manué tenía esposa, pero la esposa no podía tener hijos, y era una mujer que era vista como una maldita. Pero Dios le envió un Ángel a esa mujer con una palabra, con una promesa hermosísima, y esa promesa se cumplió.
Dios tomó a una mujer muy humilde, a una mujer despreciada, a una mujer, seguramente humillada, porque todo el mundo la miraba como una mujer seca, una mujer estéril, una mujer que murió sin dejar nada en esta tierra; Dios tomó a esa pobre mujer y le envió uno de sus mensajeros, un Ángel, y es Ángel le dió una palabra de esperanza.
Porque Dios tomó lo más bajo, lo más despreciado del mundo lo tomó Dios, y a través de esa mujer tan despreciada, trajo la salvación para ese momento, esa salvación fue a través de un hombre fuerte y amado, Sansón.
Esta es un enseñanza muy hermosa para nosotros, porque no está diciendo tres cosas. Primera: que Dios puede vencer la esterilidad. Bueno, esto se sigue cumpliendo.
Yo les cuento que en lo que yo llevo de sacerdote, he hecho oraciones por mujeres que no podían tener hijos, y hasta el momento tenemos el caso de tres parejas, que no habían podido tener hijos de ninguna manera, y que Dios les ha regalado niños.
O sea que Dios sigue venciendo la esterilidad también en ese sentido. ¡Dios vence la esterilidad! ¡Dios es el Dios de la vida! Si nuestra vida a veces parece seca, parece muerta, sin sentido, sin gracia, sin sabor, traigamos a Dios a nuestra vida, que Dios es el que le da sabor, color, fecundidad. Dios, como decía San Agustín, es la vida de la vida; Dios es el que le da vida a la vida.
Segundo: la mujer de Manué era una mujer tan humilde que ni siquiera sabemos el nombre; la Biblia ni siquiera se ocupa de darnos el nombre de esa mujer; sabemos el nombre del esposo, pero no el nombre de ella. Era una mujer, por lo visto, tan humilde, tan despreciada, que ni siquiera el nombre de ella se sabe.
Dios toma muchas veces a la persona más despreciada, a la persona más pequeña, a la persona más humillada, a la que uno menos espera, y sobre esa puerta Dios trae la salvación. Si queremos recibir la bendición de Dios, estemos atentos, porque tal vez, por la puerta que menos se espera, Dios trae una salvación para nosotros.
Y en tercer lugar: la situación que estaban viviendo Manué y la esposa, era una situación muy horrible; seguramente sentían: "Dios no se fija en nosotros"; Dios visitará a otra gente, pero Dios no nos pone cuidado a nosotros"; "Dios quiere a todo el mundo, pero Dios no nos quiere a nosotros"; "Dios consiente a todos, pero Dios se olvidó de nosotros". ¡Y eso era falso! ¡Eso no era así!
En realidad, a través de esas desgracias, a través de ese tiempo malo, Dios estaba preparando un tiempo de bendición. Porque hay que ver cuánta alegría, seguramente, sintieron estos papás, viendo que el hijo que había nacido de ellos, como un regalo de Dios, era el hijo que le traía la libertad a Israel.
Por eso, la tercera enseñanza que trae esta esterilidad vencida es, cuidado, tengamos mucho cuidado, a veces creemos que las cosas malas que nos pasan, "¡ah!, eso ea una desgracia", "Dios no me quiere", "Dios se olvidó de mí", "Dios nunca me pone cuidado".
¡Nunca hablemos de esa manera! Si conocemos la Biblia, no hablemos de esa manera, tal vez, a través de esas mismas desgracias, Dios está preparando tiempos hermosos, timpos maravillosos, tiempos en que quiere mostrar su salvación.
Nunca maldigamos el día que vivimos, ni la tierra que pisamos, ni los vecinos con los que nos encontramos; nunca despreciemos la ocasión en la que estamos, porque Dios, seguramente, ha ha dicho que este tiempo en el que estemos y este lugar en el que estamos, sea un tiempo lleno de su presencia, y seguramente Él va a hacer brillar su luz de salvación.
Todo esto lo podemos aprender de la Biblia. Podemos aprender que Dios Nuestro Señor vence la esterilidad, y que así nos enseña a no despreciar las personas y a nunca maldecir de nuestra suerte, ni de nuestro tiempo, ni del lugar en el que nos encontramos.
Vamos a sacar una segunda enseñanza, una segunda parte de nuestra enseñanza del evangelio. El evangelio también nos habló de una esterilidad que fue vencida. En la promera lectura teníamos a una mujer, bueno, sin nombre, no sabemos cómo se llmaba; una mujer, la esposa de Manué, era estéril. Hay en el evangelio otra mujer, también estéril, esta vez se llamba Isabel.
La historia de Isabel se parece mucho a la historia de Manué. ISabel era también estéril, como la esposa de Manué, y de Isabel Dios sacó un garn caudillo, a un hombre, muy, muy, muy importante, un hombre muy valiosos, Juan, Juan el Bautista.
Si hemos descubierto el mensaje de la primera lectura, todo eso lo podemos aplicar al evangelio. Pero el evangelio también nos muestra otras cosas.
Resulta que Zacarías, cuando se le apareció el Ángel, y el Ángel le dijo ese mensaje, Zacarías dijo: ¿Cómo estaré seguro de eso?" (véase San Lucas 1,18). A Zacarías le pareció muy difícil creer la buena noticia. "¿Cómo estaré seguro de eso?" (véase San Lucas 1,18), dijo Zacarías.
Dios le traía una buena noticia, pero Zacarías no se sintió capaz de creer: "¿Cómo voy a estra seguro de eso?" (véase San Lucas 1,18). El Ángel que Dios había mandado, el Ángel Gabriel, le dio una respuesta: "Pues ahora te vas a quedar mudo y vas a volver a hablar cunado se vaya cumpliendo todo esto" (véase San Lucas 1,20), y así fue.
Cuando ya nació el hijo de Zacarías, es decir, Juan Bautista, entonces Zacarías sí pudo volver a hablar; por lo pronto, se quedó mudo.
¿Qué quiere decir esto para nosotros? De alguna manera nos está invitando a que no caigamos en el error de zacarías. Zacarías era sacerdote, según el sacerdocio del Antiguo Testamento. Seguramente, sabemos, el sacerdocio del Antiguo Testamento era un sacerdocio hereditario, por lo tanto, pues ellos se casaban y tenían hijos.
El papá de un sacerdote era sacerdote, ¿qué quiere decir? Los hijos de los sacerdotes eran sacerdotes, ¿por qué? Porque era un sacerdocio de tribu. Toda la tribu de Leví era de sacerdotes, y entonces todos los hombres de esa tribu eran sacerdotes. No era un sacrdocio por vocación, sino un sacerdocio por herencia, pasaba de padres a hijos.
Zacarías estaba ante el Templo de Dios ofreciéndole incienso, estaba en el lugar más santo del Templo. Ese lugar santísimo del Templo era un lugar a donde nadie podía entrar; sólo se podía entar a ese lugar una vez al año, y sólo podía entar una persona.
En el Templo de Jerusalén había un lugar que se lamaba el Santísimo, a ese lugar nadie podía entrar, sino una sola vez al año, un hombre, que era el sumo sacerdote.
en la época en la que vivió Zacarías había tantos canditados para entrar a ofrecer ese incienso una vez al año, que la cosa ñla resolvían por suerte. ¿Sabe una cosa?, mire, rwsulta que había, parece que eran como veinticuatro turnos; Zacarías era del turno de Abía.
Me parece que eran como veinticuatro turnos, y dentro de cada turno había varios candidatos; es decir, que si entraba una sola persona al año, y eran veinticuatro turnos que iban por orden, ¿cada cuánto le tocaba a cada turno? ¡Cada veinticuatro años!
Por mucho que viviera una persona, al turno de la persona le tocaría una o dos veces en la vida, ¡una o dos veces en la vida!