V18d006a
Fecha: 20011218
Título: El verdadero lugar que ocupa Jose en el nacimiento de Jesus
Original en audio: 20 min. 9 seg.
CONTINUARÁ LA TRANSCRIPCIÓN.
Como sabemos, el Adviento tiene dos partes: hasta el día dieciséis de diciembre, el tono de las lecturas lo da la primera de ellas, que es tomada casi invariablemente, creo yo, del Profeta Isaías. Es la primera lectura la que lleva la nota dominante, y es Isaías el que nos va presentando, podríamos decir, el hambre de Dios, la necesidad de Dios, y al mismo tiempo, las hermosas promesas que el Señor hace.
De este modo la Iglesia quiere que en nuestro corazón recuperemos la conciencia de la necesidad divina, de la necesidad de Dios. Y lo hace por medio de Isaías, recordándonos el anhelo del corazón humano, y recordándonos las grandes promesas del corazón divino.
Durante esa primera parte del Adviento, que terminamos hace dos días, el evangelio va acompañando el ritmo de la lectura profética. De manera que el evangelio va mostrando como en Jesús se sacia esa hambre que hay en nuestro corazón, y como en Jesús se cumplen las promesas que Dios había hecho.
A partir del diecisiete de diciembre, es decir, una semana anes dela Natividad, la nota pricipal, la melodía principal la tiene el evangelio.
Los evangelios de esta semana precedenta a la Natividad, van recordando los acontecimientos que rodean el nacimiento del Mesías. Por eso la lectura de ayer es la de la genealogía de Jesucristo según San Mateo, y la lectura de hoy nos cuenta cómo entra José en ese plan misterioso y bello por el que Dios quiso darnos el regalo de los regalos: la presencia de su Verbo en nuestra tierra, para rescatarnos del pecado y para abrir un camino y comunicarnos el Espíritu Santo.
Así Dios quería no solamente darnos a su Hijo, sino por medio de Él, abrir un camino que nos permitiera participar de su naturaleza y ser con Él y habitar para siempre con Él.
Aunque el título de la lectura de hoy, tomada de San Mateo, es: "El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera" (véase San Mateo 1,18), lo que cuenta el pasaje propiamente de hoy, repito, no es el nacimiento como tal, sino el lugar que tiene José.
Yo me atrevo a decir que este lugar de José ha permanecido relegado, ha permanecido en la penumbra, podemos decir que ha permanecido descuidado. Y desde luego ha sido una pérdida para nosotros, porque es muy grande, muy, muy garnde la santidad de José, y es muy grande lo que puede enseñarnos el lugar que quiso Dios que José tuviera en este misterio del nacimiento del Mesías.
Mucho me temo que nosotros padezcamos una ignorancia tan grave en esto del lugar de José, que miremos a José solamente como un personaje que le da cierta honestidad pública y le da cierta protección de hombre a María. Y las dos cosas son ciertas, pero no son las únicas y no son las más importantes.
Es verdad que no cabía que el Mesías fuera hijo de madre soltera, y es veradd que la protección del hombre, especialmente tratándose de un recién nacido y de su madre, es necesaria, pero esa es una visión muy empobrecida, una visión muy externa de ese misterio de amor que relaciona, que une a José con la Santísimia Virgen y que une a José con el Niño, y en últimas, que une a José con el designio de Dios.
José no estaba simplemente cumpliendo esas funciones. Tratemos de buscar un poco, guiados por la Palabra de Dios, cuál es el papel de este hombre aquí. Porque resulta mucho menos evidente, desde luego, que el de la Santísima Virgen. Y como es tan grande la santidad de Ella, la pureza de Ella, y el milagro sucedido en Ella, pues ante un brillo tan grande, casi podemos descuidar el brillo que también tiene la obra de Dios en el corazón de José.
Resulta que la genealogía que nos ha presentado Mateo termina en José, el esposo de María. Es evidente en la intención de Mateo, que si a Jesús se le llama Hijo de David, y este no es un título accidental sino esencial, como repuesta a su vocación mesiánica, como respuesta a la espectativa mesiánica del pueblo.
Si a Jesús se le llama Hijo de David, es por José. Dice la genealogía al fina:" Matthán engendró a Jacob, Jacob engendróa a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús" (véase San Mateo 1,15-16).
Es, por José, por quien se llama a Jesús Hijo de David. Claro, está en discusión la relación de la Santa Virgen con la raíz dadívica, si María pertenecía o no pertenecía a la descendencia de David, digamos que eso no lo podemos resolver completamente con lo que nos ofrece la Biblia.
Lo que sí nos queda claro es, que en la mentalidad de Mateo, que es el que trata realmente esto, Jesús es Hijo de David por José. Y así lo llama el Ángel en ese mensaje del sueño: "Jose, hijo de David" (véase San Mateo 1,20).
Ahora bien, ¿qué es lo que le comunica el Ángel después de llamarlo "hijo de David" y de llamar a María "su mujer"? Le dice: "La creatura que hay en Ella viene del Espíritu Santo" (véase San Mateo 1,20), y luego dice: "Tú le pondrás por nombre Jesús" (véase San Mateo 1,21).
Es evidente que el acto de poner el nombre es una acto paterno, lo vemos por lo que sucede en el acontecimiento del nacimiento del Bautista y por muchos otros pasajes en la Biblia. Es decir, José es veraderamente hijo de David, y el Ángel trata a José como verdadero padre de Jesús.
Este acto de darle el nombre a Jesús no es el acto, como digo yo, aunque es una expresión un poquito fuerte, "el guardaespaldas de la Virgen", no es el acto del "escolta de la Virgen": "Usted, como protector y escolta de la Virgen, déle el nombre". Es el acto del esposo y es el acto de un papá.
De manera que el Espíritu Santo, que hace que la Virgen sea madre, es el Espíritu Santo que hace que este virgen sea padre. Y ese primer dato me parece que es fundamental y que además es hermosísimo. Es el Espíritu Santo el que hace fecunda la virginidad de María, y es el Espíritu Santo el que hace fecunda la virginidad de José.
Así como es el Espíritu, obrando con su amor en María, la hace Madre, así también el Espíritu Santo, obrando con su amor, hace de José padre.
Pero hay un poco más. Indudablemente, en José hay un amor hacia María. Dice aquí: "No quiere denunciarla" (véase ). Esto indica una aprecio, esto indica una conciencia de la grandeza del don que hay en esa mujer, esto indica amor, una amor que va más allá de toda sombra, podríamos decir de duda, un amor que quiere ser más grande que la duda.
De modo que lo que hace el Espíritu Santo no es reemplazar a José; lo que hace el Espíritu Santo es bendecir y hacer fecundo el amor virginal de María y José. El padre de jesús no es el Espíritu Santo, el Padre de Jesús es Dios Padre, porque si no, ¿cómo queda Jesús con José de papá, con el Espíritu Santo de papá y con con Dios Padre de papá? Ya sería una paternidad compleja.
El Espíritu Santo no es el papá de Jesús, que es la mentalidad que tiene un poco la gente, o mucha gente; como que el Espíritu Santo venía a reemplazar la parte masculina en la concepción de Jesús de las entrañas de María.
Si el Espíritu Santo viniera a reemplazar la parte masculina, entonces Jesús no sería propiamente un hombre, sería un semidios, a la manera de esos mitos que tenían, por ejemplo, los griegos u otras culturas, en donde los dioses se unían a las mujeres, como Júpiter se unía a una cantidad de mujeres.
Aquí no se trata de eso, aquí el Espíritu Santo viene como una bendición de amor, una bendición celestial, una bendición del Padre, y una bendición que llega al amor de una pareja, y hace de esta pareja de vírgenes, una pareja de padre y madre.
A mí me parece que es una manera muy distinta de mirar este misterio. Porque de la manera que suele a veces presentarse, lo que uno tendría que decir es: Jesús estaba casado con una mujer; según la costumbre de la época, no vivían todavía juntos, porque primero es la unión y luego la consumación.
Estando casados y sin vivir juntos, entra el Espíritu Santo, y ése es el que engendra el Hijo, y entonces José queda excluido, como si el Espíritu Santo dijera: "-Quieto, chino, que yo soy el que tiene que resolver esto". Y entonces José tiene que decir: "-Bueno, está bien, entonces siga usted. Y ahora yo le cuido al Niño". "-Y de ahí en adelante ni se le ocurra tocar a esa mujer".
Esa es una visión, digamos, que respeta algunos datos, respeta sobre todo la pureza de la Virgen; pero esa es una visión que despecia y que maltrata el amor humano, y que desprecia y maltrata a José.
Si nosotros atendemos las palabras del Ángel, y la manera como obra José, y la manera como habla María, por ejemplo, en el acontecimiento aquel de pérdidaen el Templo, lo que tenemos es distinto: María y José sienten que Jesús es el regalo que Dios les dio a los dos; Jesús es la bendición de Dios, entregada por la obra del Espíritu Santo, al amor de ellos.