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Fecha: 19960107

Título: Solemnidad de la Epifania del Señor.

Original en audio: 10 Min. 55 seg.



Queridos Hermanos:


Esta fiesta litúrgica tiene un nombre un poco extraño, trascrito tal cual del griego: Epifanía, palabra que significa manifestación o revelación.


Para nuestra fe popular es la fiesta de los Reyes Magos. Pero, aquí si se va a cumplir lo del chiste aquel, ya qué, de acuerdo a lo que proponen los obispos de Colombia, pues ni son tres, ni Reyes, ni Magos. Ya no se habla de Magos, sino se habla de unos Sabios. Repito, esto de acuerdo a esta traducción que proponen los obispos de mi país.


Pero no es arbirario cambiar Magos por Sabios, no es arbitrario. Los Magos los ve uno, por ejemplo, en las fiestas de primera comunión, sacando conejos de los cubiletes y vertiendo un vaso grande de leche en un vaso pequeñito y regalándoles, finalmente, un pollito a los niños. Ese tipo de mago no tiene que ver muy exactamente, ni de lejos, con lo que nos está ofreciendo el evangelio de hoy. Tal vez, la palabra "sabio" describe mejor el oficio de estos señores.


Se nos dice que venían de Oriente, pero para nosotros en Colombia, Palestina, Judea y Belén ya están bastante al Oriente. O sea, que si se nos dice que vienen de Oriente, estaban todavía más al Oriente de lo que hoy correspondería a Irán, a Persia, a esa región en la que han tenido su origen los horóscopos y en la que ha tenido su raíz la Astrología.


No confundirla, desde luego, con la Astronomía. Ambas se refieren a los astros, pero la Astrología es un logos sobre los astros, es decir, una palabra, un estudio que se quiere hacer sobre los astros, muy concretamente, sobre su relación con los destinos de los hombres. La Astronomía se refiere también a los astros, pero la raíz griega en este caso, nomos, se refiere a ley. El astrónomo busca las leyes físicas y matemáticas que rigen el curso de esos colosos de los cielos que son las estrellas y los planetas.


Así, pues, estos sabios fundamentalmente eran unos astrólogos, y por eso, Dios les habló en su idioma. Puesto que eran unos grandes trasnochadores, observando el firmamento buscaban en las luces de los cielos la razón última del destino de los hombres. Como eran hombres que buscaban un camino y lo buscaban en los cielos, en los cielos quiso Dios ofrecerles una señal, que pudiera conducirlos en su propio lenguaje.


La Astrología para consumo público funciona más o menos de este modo: se supone que el momento en que uno nace tiene que ver con la posición de los cielos. Se reconocen doce grandes aglomeraciones de estrellas a lo largo de la Vía Láctea, y en estas doce llamadas constelaciones, se supone que habitan poderes que tienen que ver con nuestro destino, como que estan al mando y determinan qué va a ser la vida de uno.


Si ya se supone que esa marcha de los cielos marca el destino de los hombres, ellos creían que sólo para un gran hombre nacía una estrella. Para usted y para mí que somos cualquiera, según la mentalidad astrológica, basta con la posición de los astros. Pero, cuando va a nacer alguien demasiado grande sobre la tierra, se necesita una estrella particular para ése personaje.


Pues bien, se supone que estos señores vieron nacer una estrella allá en sus cavilaciones y en sus observaciones, y como era una estrella de gran tamaño, y además era una estrella que se movía, dijeron: “Este es el acontecimiento central de nuestra vida”. Ellos estaban mas al oriente de Palestina, y vieron moverse la estrella hacia el occidente. Convencidos de que eso era lo más grande que podía sucederles como astrólogos, siguieron ese camino. Y ahí entra el relato del Evangelio contándonos que llegan a Jerusalén, la capital de Judea, a preguntar por el Rey.


Herodes, era un rey de pacotilla que había aprovechado la política para hacerse con el mando. Pero, como todo tramposo es miedoso, él sabia que lo suyo no tenía realmente base sólida. Y por esto, cuando llegan éstos a buscar al Rey que había nacido, Herodes tiembla, y con él, toda Jerusalén. Pero en esa Jerusalén no estaban los pastores.


Toda esa Jerusalén que tembló, es la Jerusalén de los sacerdotes, de los escribas, de los saduceos, de los herodianos, de los poderosos. Es decir, de todos los que estaban colgados de ese régimen inicuo, tramposo, que no tenía realmente sustento, ni en las promesas de Dios, ni en las leyes de los romanos.


De modo que esta gente se pone a temblar y entonces Herodes, con toda su astucia, intenta sacar partido de la ocasión informándose a través de los mismos sabios, o magos, o astrólogos. Ellos llegan adonde el Señor, le ofrecen sus regalos. Dios les avisa en un sueño que se vayan por otro camino.


Herodes monta en cólera y resuelve que ese Rey no puede quitarle su reino. En realidad, Herodes es un gran miedoso y por eso causa la matanza de los inocentes.


De estos hechos tomemos un par de enseñanzas, casi furtivamente, para nosotros.


Primera enseñanza:

Es muy simpático, pero también muy doloroso, ver que Dios sacó a estos señores de la Astrología para que fueran hasta el pesebre, hasta la carne de Cristo, hasta la Virgen Maria, y es muy doloroso ver hoy a muchos cristianos levantándose del pesebre y de la Virgen, para ir a buscar la Astrología. Están viviendo exactamente lo contrario de lo que celebramos hoy.


Tenemos que tener claro, hermanos, que el bautizado que le pone cuidado, atención y fe a horóscopos, tarot o cosa semejante, la persona que le pone fe a eso, está en contra de este evangelio, y este evangelio le caerá en la cabeza, y este evangelio le indigestará, y esta persona habrá apostatado de su fe, y no podrá obtener salvación de Cristo a menos que vuelva con un corazón integro y arrepentido a El.


Esta es una enseñanza importante. Porque si Dios se toma el trabajo de darle estrellas a los cielos para que no se pierdan estos Sabios, de alguna manera, tendrá también en su justicia que enviar caminos de corrección para que esos cristianos que dejan a Cristo y a Maria para buscar respuestas otra vez en los cielos, otra vez en las constelaciones, entiendan que sólo Él tiene todas las respuestas.


Segunda enseñanza:

Es que Dios, a estos hombres, como les dije, les habló en su lenguaje. No pensemos que para encontrar a Dios se necesita una sola voz. Decían los griegos que los astros tenían su propia música, y que quien supiera hacer suficiente silencio, escucharía la música de las estrellas.


Pues bien, Dios sabe hablarle incluso a los astrólogos. Nadie piense que para encontrar a Dios se necesita huir de sí mismo. Si eres sincero contigo, si dejas que la luz entre en tu conciencia, y si recibes las estrellas que Dios te ofrece, también te conducirá hasta Jesucristo, para que El sea tu salvación, y para que tú le ofrendes lo mejor que tienes.


Demos gracias al Señor en esta solemnidad de Epifanía. Hagamos también nuestros caminos desde nuestras propias tierras, hasta Jesucristo. Démosle lo mejor de nosotros, para que El lo convierta en bienes y en salvación para muchas otras personas.


Y al adorarle en el pesebre y en la Eucaristía, digámosle: "Tú eres el Señor, Tú eres el Salvador de todos los pueblos".


Amén.