O336003a
Fecha: 20041120
Título: Nuestra fe quiere arrancar todas las raíces del mal
Original en audio: 10 min. 47 seg.
Hermanos:
El Libro del Apocalipsis o Libro de la Revelación, es tal vez el más difícil de entender, por lo menos en sus imágenes, las imágenes, los símbolos que utiliza.
Estos personajes de los que nos habló la primera lectura de hoy, parece ser que son también símbolos. No se trata exactamente de dos personas humanas, aunque ha habido intentos de relacionar a estos dos misioneros, por ejemplo, con los Apóstoles San Pedro y San Pablo. Uno podría pensar en ellos, que fueron además martirizados y que fueron grandes testigos de Dios en medio del mundo.
Pero, lo que parece más probable, es que estos dos testigos, o estos dos personajes de la lectura del Apocalipsis, no son exactamente dos personas, sino que más bien es una manera de hablar, o es un símbolo que intenta expresar como el conflicto entre la predicación viva del Evangelio y la oposición que la gente le hace a ese mismo mensaje, a esa misma evangelización.
El Libro del Apocalipsis nos está contando el desenlace de la historia humana. Nos está contando cómo lo que recibió Jesucristo no es simplemente para organizar este mundo, sino que de algún modo es para llevar a plenitud el plan de Dios. Y el plan de Dios va más allá de este mundo.
¿Esto qué quiere decir? Esto quiere decir que la fe cristiana no es una especie de constitución que nos indica cómo tratarnos los seres humanos los unos a los otros y cómo vivir bien en esta tierra. La fe cristiana es más que eso. Es una palabra poderosa que arranca de raíz la maldad que entró en la Creación.
A eso vino Jesús. Y en esto se diferencia Jesús de cualquier otro predicador religioso y de cualquier otro filósofo con el que queramos compararle.
No se trata de ver cómo es que vamos a vivir en sociedad. Para eso no se necesitaba que el Hijo de Dios se hiciera hombre. Para aprender a vivir en sociedad, ya ha habido gente muy inteligente.
Cuando uno mira, por ejemplo, lo que es el Derecho Romano, o cuando uno mira lo que es el Código Hammurabi, o cuando uno mira las disposiciones legales de Solón o de Demóstenes en la Antigua Grecia, o cuando uno mira tantos otros códigos de la legislación también en nuestras tribus y grupos indígenas aquí en nuestra América, pues se da cuenta de que el problema de la convivencia humana es un problema complicado, pero no es un problema que requiera que el Hijo de Dios se encarne, se haga hombre, derrame su Sangre en una Cruz.
Cristo vino para arrancar hasta la última raíz del mal que haya entrado en la Creación. Y ese mensaje poderoso, esa misión colosal, no pueden realizarse sin entrar en conflicto con los intereses, sin entrar en conflicto con los imperios que hay en este mundo. Eso es lo que nos cuenta el Apocalipsis.
Si nosotros, los cristianos, fuéramos simplemente gente que habla de: "Bueno, tratemos de portarnos bien, de ser buenas personas, de respetarnos los unos a los otros", ... . Diciéndolo claramente, hermanos, para anunciar los derechos humanos, no se necesita la Sangre de Dios, no se necesita la Sangre de Cristo.
Para predicar derechos humanos, no se necesitaban las llagas de Cristo. Las llagas de Cristo y la Sangre de Cristo se necesitan, porque se trata de arrancar hasta la última raíz del mal. Y eso incluye entrar en conflicto con todo aquello que se oponga a la noticia del amor, de la gracia, del poder y del señorío de Dios.
Y lo que se opone al señorío de Dios, ¿qué es? Al señorío de Dios se opone todo imperio, toda organización, todo estado, todo grupo que no se abaja, que no reconoce, que no adora la presencia majestuosa y compasiva del mismo Dios.
¿Y cuáles son esos grupos, instituciones, estados? Pues, todos, prácticamente. Ser cristiano, entonces, es saber que uno entrará en conflicto, tarde o temprano, con casi todos los poderes, con todas las organizaciones, con todos los grupos. Es una visión un poco trágica, parece, pero así es.
Mira; te voy a decir esto. Pensemos en la Organización de las Naciones Unidas. Uno diría: "¡Qué foro más interesante para buscar el bien de la humanidad!" Pero, en la Organización de las Naciones Unidas se está promoviendo el aborto, la destrucción de la familia.
A través de la Unicef, se está fomentando el aborto. Le ponen un título muy elegante, "derechos reproductivos de la mujer", y empiezan a incentivar todo tipo de cosas, homosexualismo, variaciones de toda clase en la sexualidad humana, y desde luego, abortos.
Parece una idea tan bonita las Naciones Unidas: "¡Ay! ¡Qué hermoso! ¡Todos los países unidos en la concordia, en el respeto, en los derechos!" Mas, cuando uno quiere llevar eso hasta el fondo, -y hasta el fondo es hasta sacar la última raíz de maldad que haya aparecido en el mundo-, entra en conflicto con ellos.